29 de octubre de 2009

Por los Altos del Pingarrón: Reviviendo la batalla del Jarama.

Buscando en el baul de los recuerdos encontre este articulo que publiqué en la revista "Politica", nr.58, 2005, pag.12, y que ya tenia olvidado. Para que no vuelva a suceder, lo publico tambien en el blog.

Se trata de un recorrido por las colinas del Pingarron, zona central de la Batalla del Jarama, de la Guerra Civil Española, en la cual debutaron las Brigadas Internacionales, ejemplo de altruismoo y lucha por los valores universales y el Socialismo.

En aquella epoca me dedicaba los fines de semana a recorrer los restos que quedan en pie de esta batalla, desde Arganda hasta Aranjuez, y a intentar guardar su memoria al menos en fotografia. Puesto que el olvido institucional de los herederos del franquismo es contundente, e incluyo entre estos a todos los que aceptan y son complices de la democracia de farándula que sufre hoy España, la unica opcion que nos queda es intentar guardar la memoria histórica nosotros mismos. Y la verdad es que merece la pena recordar el sufrimiento y la lucha de aquellos que lucharon por la libertad frente al fascismo, recorrer sus pasos y honrar su ejemplo.

"Cuando recorres los altos del Pingarrón, a través de la carretera M-302 en dirección a Morata de Tajuña, nadie imaginaría que está atravesando el centro de lo que fue una de las batallas definitivas para detener el avance de las tropas franquistas en el cerco de Madrid durante la Guerra Civil Española. A los lados tan sólo se aprecian núcleos de olivares y extensos campos ondulantes bañados de sol. Se comienza a comprender lo que allí se vivió, cuando se llega al Mesón el Cid y se visita el Museo que los propietarios han levantado altruistamente sin apenas ayuda pública, tan sólo con la colaboración de paisanos morateños que han dedicado su vida a recorrer el campo de batalla para localizar restos de la contienda.


El Museo es pequeño, pero no por eso menos meritorio. En él se detalla el desarrollo de la batalla del Jarama, en la que las tropas rebeldes intentaron cortar la carretera de Valencia desde Valdemoro y Aranjuez, atravesando los altos que separan el valle del Tajuña del valle del Jarama. Se recopilan fotografías contemporáneas de paisanos o brigadistas que participaron en la defensa de Madrid. La batalla del Jarama fue la primera en la que los voluntarios de todo el mundo, reunidos en las Brigadas Internacionales, participaron activamente, siendo la base de la defensa republicana.


En la pequeña sala que constituye el Museo (en breve se ampliará) pueden contemplarse cascos atravesados por balas, morteros, restos de latas de comidas, mecheros, botellas, mapas o escritos encontrados en portacartas, dirigidos, por ejemplo, a la amada que posiblemente nunca se volvió a ver. Todo esto acompañado de símbolos militares de los dos ejércitos, y fotografías de la zona de conflicto, sin olvidar las aportaciones de los brigadistas que han ido visitándolo pasado el tiempo para reencontrarse con sus propias vivencias.


Pero, una vez visitado el museo, lo más impactante es recorrer directamente el terreno donde se desarrolló la batalla. Contemplar los múltiples restos en diferente estado de conservación, que aún perviven ante el paso del tiempo y de la destrucción humana. Y más aún, visitar el pueblo con algún anciano, charlando sobre alguna anécdota de su infancia, ocurrida durante o después de la batalla que tratamos. Recorrer los olivares que cubren toda la extensión de los altos del Pingarrón, en los que se enterraron muchas víctimas de la batalla y en los que, según nos cuentan, en alguna ocasión, mientras se araba el campo, el gancho del tractor sacaba de debajo de la tierra removida una cincha de alguna víctima de uno u otro bando a la que aún se unía algún que otro resto de esqueleto. Nosotros mismos nos hemos topado con un obús al visitar un nido de ametralladora.


Entre los cientos de escenarios que se pueden recorrer en ésta zona, tres merecen la pena ser resaltados, ya que se puede decir que conforman el triángulo donde se desarrollaron los acontecimienos decisivos de la batalla.


La cota 700 (núcleo de defensa republicano que apuntaba directamente al vértice Pingarrón, centro de la batalla y entorno al cual tuvieron lugar los combates más sangrientos), es un punto elevado que domina los alrededores del pico, desde donde se controlaban los movimientos de las tropas hacia la toma de aquél, y desde donde se lanzaban algunos de los ataques. Muchos de los que salían de ésta, nunca regresaron. En lo más elevado de la cota 700 hay varios nidos de ametralladora bastante bien conservados, y en los alrededores multitud de restos de casquillos y de metralla de bombardeos. El hueco que deja en la tierra una bomba aérea, quedará en la memoria del paseante como un vínculo hacia el pasado no vivido.


Otro lugar que merece la pena ser recorrido es la denominada “Colina del Suicidio”, igualmente en el entorno del Pingarrón. En esta colina la Brigada Lincoln, formada por norteamericanos principalmente, sufrió una masacre, tanto en su conquista como en su defensa, quedando reducida a menos de la mitad de sus miembros. Hace apenas un año se erigió un pequeño monumento en honor de las Brigadas Internacionales en los pies de la colina, pero hoy solo queda en pié unos pequeños restos que son prueba de la barbarie de una sociedad que no respeta su propio pasado.


El tercer vértice del triángulo es, a la vez, el centro de la batalla, el cerro del Pingarrón. Fue tomado en los primeros compases de la ofensiva franquista, lo que significaba el dominio de todo el valle del Jarama desde su ubicación estratégica El ejercito republicano basó su defensa en su control, y en el desarrollo del enfrentamiento tuvieron lugar varias tomas y pérdidas del cerro por uno y otro bando, regando todo sus alrededores de sangre y desolación. Hoy pertenece a una finca privada, y es difícil visitarlo, pero desde sus alrededores se contempla todo el campo de la batalla y se puede entender, con un vistazo rápido, el desarrollo de los acontecimientos.


Por último, merece la pena igualmente visitar los restos del antiguo cementerio de las Brigadas Internacionales, en el cruce entre la carretera San Martín-Morata y Rivas-Chinchón. Aquí se erigió, al terminar la batalla, mientras fue zona de control republicano, un puño enorme como símbolo de la lucha de los pueblos del mundo unidos contra la tiranía. Hoy, después de su derribo una vez terminada la guerra, no queda apenas nada, tan sólo los restos de las piedras demolidas depositadas alrededor. Es el símbolo de lo que pudo haber sido y no fue, de la lucha contra el fascismo por parte de voluntarios de todo el mundo, mientras los gobiernos de donde estos venían, miraban, como si nada, hacia otro lado".

Revista "Politica" nr 58, 2005.

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