31 de mayo de 2017

Llamamiento de Red Guards Austin a la resistencia antifascista ante la manifestación de la extrema derecha tejana el próximo 10 de junio


En CT hemos traducido al castellano, para su difusión, el llamamiento de Red Guards de Austin para la resistencia antifascista ante la manifestación convocada por la ultraderecha del estado de Texas para el próximo 10 de junio.

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Desde Red Guards Austin llamamos a la acción de las organizaciones antifascistas de todo el mundo y les pedimos que compartan este artículo a través de las redes sociales, blogs y en cualquier lugar dónde sirva para correr la voz!

Los islamófobos planean hacer una manifestación en la capital del estado, Austin, el próximo 10 de junio, contra la "sharia". Creemos que ante todo hay que defender a la población contra estos grupos de energúmenos fascistas . Hemos visto como recientemente grupos de fascistas están convergiendo en Austin con el objetivo de convertir a nuestra ciudad en la Berkeley del sur. Ven a Austin como la joya de la corona que desean capturar; deseen poder realizar manifestaciones racistas libremente sin oposición. Por ello, necesitan pasar por encima de las organizaciones antifascistas y el pueblo de Austin. Ven a nuestra ciudad como un oasis de libertad y, como en Berlekey, quieren combatir esto con su retórica de odio y su violencia.
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Recientemente se ha conocido que se están enviando grupos de fascistas a la ciudad desde todo el estado, para llevar a cabo sus planes reaccionarios. La única oportunidad que tienen es atacar a los antifascistas locales y por ello lo están financiando. Por ejemplo, se ha visto como algunos de los neonazis mas conocidos de Houston, como William Fears, en un reciente video animo a otros fascistas a ir hacia Austin, específicamente para atacar a los antifascistas de la ciudad. El hecho de que el video haya sido producido por un ex-convicto que admite abiertamente ser nazi, con un historial criminal de récord, incluyendo cargos de secuestro con violencia, robo, conspiración criminal y tenencia ilegal de armas de fuego, no debería ser una sorpresa. Todas las llamadas a "la ley y el orden" son solo mentiras que intentan engañar a la gente por los que en realidad no son más que depredadores fanáticos que odian a la humanidad.

Por todo el país hay noticias de terrorismo blanco supremacista, aunque en los medios no se le llame nunca terrorismo. Esta misma semana hemos leído que en Portland, Oregon, un "supremacista blanco" que estaba molestando a algunas mujeres que él creía musulmanas acabó por asesinar a dos hombres que intentaron calmarle, hiriendo gravemente a un tercero. Por otro lado, un hombre con una enorme esvástica tatuada atacó y apuñaló a seis personas en Austin el año pasado. Está claro que estas personas representan una amenaza peligrosa inmediata y real. Hay que prepararse seriamente para movilizar a los antifascistas todo el estado para que no solamente defiendan nuestra ciudad, sino que popularicen nuestra lucha en las redes sociales y por cualquier medio.
Cientos de antifascistas, musulmanes, inmigrantes y otros muchos residentes de Texas van a participar en la lucha contra el evento fascista del 10 de junio . Les pedimos que ustedes y los suyos se unan a nosotros para dar a la escoria fascista una acogida que no olviden.

Si respetas y estás de parte de la gente de tu comunidad, de los oprimidos y de las personas que trabajan, entonces es simple: no puede tolerar a los fascistas. Por favor, invita a tus amigos, a tu familia, a los compañeros de trabajo, los colegas de clase para que todo el mundo lo sepa, que venga a Austin para f tomar parte en la lucha histórica contra el fascismo que se compone, en realidad, de muchas pequeñas batallas como ésta.

Hay una multitud de acontecimientos que se van a organizar para confrontar las actividades fascistas y que proporcionarán espacio para una diversidad de tácticas; independientemente de sus métodos de lucha o su nivel de accesibilidad, que te necesitan y, por tanto, hay espacio para ti. Nadie en esta lucha debe sentirse más o menos importante que otro. Todos debemos entender nuestros roles personales y colectivos para detener la propagación del fascismo. Del mismo modo que una mano tiene muchos dedos, hay que acumular muchas fuerzas. Entonces podemos unirnos y como un puño detener a los fascistas en su narices.

Nuestra tarea principal debe ser impedirles moverse, ahogar su retórica y defender a nuestras comunidades. Debemos hacerles frente ideológica y físicamente en cada ocasión, animando a otros a hacer lo mismo.

Los fascistas quieren culpar al Islam por la existencia de ISIS, pero son las fuerzas antifascistas las que principalmente luchan y golpean a ISIS. Los islamófobos de Texas tienen más en común con ISIS que los musulmanes trabajadores y son alimentados por el mismo tipo de odio reaccionario. No dejes que aterroricen a la misma comunidad que ha sufrido los mayores golpes a manos de ISIS. No dejes que conviertan su tragedia en un grito de guerra por el fascismo. Estos partidarios de Trump están poco dispuestos a aceptar la realidad de que su gran líder es amigo de Arabia Saudita, un régimen reaccionario que pisotea a su propio pueblo bajo su interpretación fundamentalista de la “ley de la sharia”, pero es inevitable ver la ironía. Hay que dejar claro que estamos con la comunidad musulmana en contra de ambos fanatismos, de ISIS y de los fanáticos reaccionarios internos.

¡Hacemos un llamamiento a todos los antifascistas de todo el estado y la región! Pedimos su ayuda para frenar e estos bastardos, para defender a la comunidad musulmana y dar golpear al fascismo. La extrema derecha a elegido a Austin como una trinchera clave en su guerra; vamos a enterrarlos en esa trinchera bajo una avalancha de resistencia antifascista ¡Unámonos con dignidad, por la victoria!



¡Hagamos de Austin la tumba del fascismo!

¡No pasarán!
Red Guards de Austin

RBC: Los naxalitas tienen un gran apoyo en el estado de Telangana y más de 200.000 cuadros.

Ante el gran apoyo que las tribus locales dan a la guerrilla comunista de la India, dirigida por el PCI (M), las fuerzas de Seguridad del estado de Telangana han realizado un informe sobre las fuerzas y el apoyo que estos disponen en la región, concluyendo que los maoístas disponen de, al menos, 200.000 cuadros repartidos en 35 distritos y poseen más de 10.000 armas de fuego.

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En el informe, la policía alegó que los maoístas recaudan (ellos utilizan, por supuesto, el término "extorsionan") de 1.200.000.000 a 1.500.000.000 de rupias (de 16 a 20 millones de € aprox.) cada año a través de "impuestos revolucionarios" a contratistas industriales y empresarios.A pesar de que el antiguo jefe de los servicios de inteligencia de Telangana (CRPF), Kode Durga Prasad, había afirmado que la mitad del Comité Central maoísta de 24 miembros había muerto en enfrentamientos, se había rendido o habían sido detenidos, y que la fuerza del partido de los maoístas se había debilitado también, los nuevos datos parecen contradecirlo.

De hecho, la emboscada de los maoístas del pasado 25 de abril en el distrito de Sukma en Chhattisgarh se comprobó que existe un gran número de milicianos que trabajaban dando apoyo a la guerrilla en los poblados tribales. El actual director general de la CRPF, Sudeep Lakthakia, dijo: “Las fuerzas de seguridad son emboscadas en las áreas tribales y existe un gran riesgo operacional. Los maoístas y las milicias que los apoyan son numerosos. En la última emboscada tuvieron una superioridad de 1 contra 5 sobre las fuerzas del orden”.

La Profesora Nandini Sundar, del Departamento de Sociología de la Facultad de Economía de Delhi, que ha realizado un extenso trabajo sobre las tribus en la zona y su apoyo a los naxalitas, opina que solo con la negociación se puede resolver el "problema", ya que loa adivasis (población local) se sienten representados y protegidos por la guerrilla, por eso muchos campesinos forman parte de esas milicias de apoyo.

En una entrevista afirmó que “Las instituciones policiales pretenden afirmar que han reducido la presencia maoísta y que este es su último suspiro. Sin embargo, el envío de más personal de las fuerzas de seguridad y militares no funcionará por si sólo, a menos que se aborden las cuestiones fundamentales, como la propiedad de la tierra o de los bosques”.

Traducido y adaptado por RBC del artículo publicado en  Decan Crhonicle.

30 de mayo de 2017

La campaña anticomunista de Putin y la naturaleza del estado ruso (artículo de Máximo Relti y comentarios del camarada Marat)

Maximo Relti, en Canarias Semanal, y el camarada Marat, en su blog Asaltar los cielos, ponen en su sitio al gestor de los intereses de la clase explotadora rusa, heredero de Gorbachov y Yeltsin, que le nombró su delfín, y que, como todo capitalista, tiene como su principal enemigo a la clase trabajadora de su país, además de que como todo representante de una potencia del sistema capitalista en su fase avanzada, el imperialismo, no hace más que defender los intereses de la oligarquía rusa en el exterior en el conflicto por el reparto de los recursos naturales y su control militar frente a los intereses de la clase capitalista-imperialista de otras potencias (de perogrullo, vamos).

Relti dice, entre otras cosas, contextualizando al personaje del que estamos hablando, que "Una vez que las bases socialistas sobre las que se asentaba aquel país fueron destruidas, los burócratas que detentaban la dirección de las empresas públicas u ocupaban cargos de primera importancia en el aparato del Estado se apropiaron de lo que hasta entonces había sido propiedad colectiva. Uno de esos usurpadores fue Vladimir Putin.."

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Lo peor es que hay mucho anticomunista (los "Anti" podríamos llamarles a partir de ahora para abreviar) que jalean y hacen genuflexiones continuas, disfrazados de marxistas-leninistas que, como bien se define en los comentarios del blog de donde tomamos la noticia, en referencia a esos lacayos de Putin, nada más que mamporreros del capital:

"Esos sujetos que se llaman a sí mismos comunistas y son devotos de Putin son, en realidad, esbirros antimarxistas, más nazbols que siquiera “progresistas”, que eligen, lacayunamente, a qué intereses imperialistas servir, apuñalando los intereses de paz de la clase trabajadora, que en las guerras es siempre la carne de cañón del capital. Putin, ese fantoche al que le gusta presentarse con el torso desnudo en lucha, cual titan, con animales o fenómenos de la naturaleza, es el mismo que en 2016 culpó a Lenin de la destrucción de la URSS".



Parece mentira que haya que repetir lo obvio, pero hay tanta mierda de tal calaña que artículos como este son como un cubo de agua limpia sobre tanta mierda al servicio de la burguesía (con el objetivo principal de evitar a toda costa que se pongan en peligro real sus privilegios a costa de la explotación de la clase trabajadora). En particular, y en el caso concreto del gran administrador de los intereses de los explotadores rusos, Putin, la del proletariado ruso al que llevan más de 25 años saqueando los parásitos que destruyeron la Unión Soviética, los que hoy siguen apropiándose de la riqueza que no hace tanto tiempo era todavía colectiva.

LA CAMPAÑA ANTICOMUNISTA DE VLADIMIR PUTIN Y LA NATURALEZA DEL ESTADO RUSO Máximo Relti. Canarias Semanal

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, inauguró a principios de esta semana, acompañado de una cohorte de sacerdotes, un obispo y numerosas jerarquías de la renacida Iglesia ortodoxa de ese país, un templo dedicado, según reza el anuncio oficial, a las "víctimas del comunismo". Como sucediera en la Rusia de los zares, el jefe del Estado fue acompañado la ceremonia del acto inaugural por "su confesor" personal, el obispo Tijón Shevnukov.


No faltan quienes resultan negativamente sorprendidos por este tipo de eventos. Y es que sucede que, de forma paradójica, dentro y fuera de Rusia, hay no pocos comunistas y gentes pertenecientes a la izquierda que no ahorran sus simpatías hacia el actual presidente de Rusia, Vladimir Putin.
Sin embargo, la carrera de Vladimir Putin no difiere un solo ápice de la de cualquiera de los miles de burócratas de la antigua URSS , que integraron la casta estatal que se fue haciendo con el aparato del Estado soviético en el curso de las últimas décadas de la existencia de ese país.

Una vez que las bases socialistas sobre las que se asentaba aquel país fueron destruidas, los burócratas que detentaban la dirección de las empresas públicas u ocupaban cargos de primera importancia en el aparato del Estado se apropiaron de lo que hasta entonces había sido propiedad colectiva. Uno de esos usurpadores fue Vladimir Putin, un abogado nacido en 1952, graduado en la universidad estatal de Leningrado y que, posteriormente, pretendió hacer carrera ingresando en el servicio de inteligencia soviético de la KGB.

Hasta finales de los años 90, Vladimir Putin fue un perfecto desconocido en la Rusia postcomunista. Eso fue así hasta que, por indicaciones expresas de Boris Yeltsin, el alcohólico ex presidente que vendió a su país a los Estados Unidos como si de un fardo de retales se tratara, se convirtió en su sucesor en el marco de una estructura estatal en pleno estado de descomposición.

La implosión de la antigua Unión Soviética se produjo mientras Vladimir Putin prestaba sus servicios de espionaje en la antigua República Democrática Alemana. Putin aprovechó la ocasión para regresar a Leningrado. Allí, a través de vínculos que se desconocen, se convirtió en asesor de Anatoly Sobchak, entonces presidente de la Diputación de Leningrado. Ese fue el principio de una carrera política que se iba a caracterizar por una inmensa ambición y un vertiginoso ascenso.

Tras el triunfo de su protector Sobchak en las elecciones a la alcaldía leningradense, Putin pasó a ser jefe del Comité de Relaciones Exteriores del Ayuntamiento, y vicealcalde.

En 1996, después de la derrota de Sobchak en los comicios de turno, Putin abandonó a su protector, trasladándose a Moscú, con un puesto en la administración del dipsómano Boris Yeltsin. Pronto éste último lo convertiría en su favorito para la sucesión.


En el año 1998 fue nombrado director del Servicio Federal de Seguridad, puesto que a partir de marzo del año siguiente ocupó de forma simultánea con el de secretario del Consejo de Seguridad Nacional, un puesto clave en la turbulenta y desordenada Rusia de esa década.

En agosto de ese mismo año encabezó el Gobierno de Rusia y lanzó una exitosa segunda guerra contra el separatismo checheno. Hecho que, en un país inmerso en un caótico proceso de desmembramiento, le proporcionó una inmensa popularidad.

Cuando Boris Yeltsin, acusado de múltiples escándalos de corrupción, anunció su dimisión el 31 de diciembre de 1999, Putin, de acuerdo con la nueva Constitución rusa, se convirtió en presidente interino. La sucesión, según comentó la prensa de entonces, se realizó como resultado de un pacto suscrito entre el sucesor y el heredero, en el que este último se comprometía a blindar frente a la persecución judicial a la familia Yeltsin, acusada reiteradamente de nepotismo y de participar en gigantescos negocios resultantes de la privatización de las empresas estatales.

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Gorbachov y Putin, 1994, poco después de la destrucción de la URSS
La participación de Vladimir Putin en actos anticomunistas como el citado ni son inusuales ni tienen nada de extraños. Coinciden plenamente con la ideología dominante entre aquellos que se hicieron con el dominio de los restos del desvencijado Estado soviético y de sus empresas estatales. Vladimir Putin no sólo ha sido un administrador de los escombros de aquel Estado, distribuyendo lo que era propiedad colectiva entre sus codiciosos colegas de la burocracia, sino que ha sido también uno de sus principales beneficiarios.

Lo que, desgraciadamente, no parecen haber entendido muchas personas pertenecientes a la izquierda política, incluidos no pocos comunistas, tanto de fuera como de dentro de Rusia, es que la naturaleza de aquel Estado ha variado sustancialmente. Rusia no es ahora un firme baluarte, como lo fue en otra época, de la defensa de los intereses de los pueblos del mundo.

El capitalismo ruso está hoy sometido al mismo tipo de tensiones generadas por las luchas interimperialistas que se producen en otras grandes superpotencias mundiales, como pueden ser Estados Unidos o China. La Rusia de Putin responde a las mismas pulsiones que se producen en cualquier otro estado capitalista desarrollado en la conquista por los mercados internacionales. Como sucede en el resto de los países capitalistas, las empresas privadas rusas dominan el aparato del Estado y hacen que este se encuentre en sintonía con los intereses de la clase social que allí detenta el poder económico. ¿Qué mágico factor, si no, podría librar a Rusia de las contradicciones de la formación social capitalista de la que hoy forma parte?

En su pugna contra sus competidores estadounidenses, determinadas actuaciones del gobierno ruso pueden coincidir de manera coyuntural con los intereses del pueblo de tal o cual país. Pero eso no cambia esencialmente lo fundamental de la cuestión. En momentos tan cruciales como los que vivimos, no tener en cuenta esa realidad equivaldría a olvidar peligrosamente cuál es la naturaleza del Estado ruso y de las contradicciones del mundo del siglo XXI.


COMENTARIO AL ARTÍCULO ANTERIOR EN ASALTAR LOS CIELOS

Mi única diferencia con el texto de Máximo Relti es que considero que nadie que sea comunista pueda mostrar simpatía alguna por Putin del mismo modo en que nadie que sea comunista puede creer que Rusia es la heredera de la URSS.

Un comunista pondría su énfasis en el modo en el que Putin se ha apoyado en los elementos más reaccionarios de la actual sociedad rusa para avanzar hacia el capitalismo en dicho país, privatizando las empresas estatales o permitiendo que lo haga su escudero Dmitri Medvédev. Este es su perrito faldero, del mismo modo en que Putin lo fue del borracho anticomunista Yeltsin, con la diferencia de que la ambición personal de Putin, su zorrería política, su maquiavelismo y sus mejores conexiones con la oligarquía rusa le ha permitido llegar más lejos que a aquél.


Un comunista no resaltaría que Putin está apoyando al gobierno sirio porque, por muy legítimo que éste sea (para mí lo es) y progresista frente a la barbarie del yihadismo, Siria no ha podido elegir aliados, ya que el mundo de la OTAN se le echado encima para destruirla y hubo de recorrer a lo disponible. Del mismo modo que tampoco usaría dicho ejemplo con Venezuela. Simplemente Rusia y Putin juegan su baza imperialista -solo para imbéciles y analfabetos políticos el imperialismo es solo belicismo y no intereses de dominación económica- y buscan sus áreas geostratégicas de influencia y control. Si estos sujetos hubieran leído a Lenin y a su obra “El imperialismo fase superior del capitalismo” sabrían que no hay un único imperialismo sino varios, que ningún imperialismo es bueno, que un comunista ha de enfrentarse a cualquier imperialismo, si es un auténtico internacionalista y no un un vulgar títere nacionalista y cahuvinista, y que las guerras hoy en el mundo tienen sus actores principales en las contradicciones interimperialistas.


Esos sujetos que se llaman a sí mismos comunistas y son devotos de Putin son, en realidad, esbirros antimarxistas, más nazbols que siquiera “progresistas”, que eligen, lacayunamente, a qué intereses imperialistas servir, apuñalando los intereses de paz de la clase trabajadora, que en las guerras es siempre la carne de cañón del capital.

PutIn, ese fantoche al que le gusta presentarse con el torso desnudo en lucha, cual titan, con animales o fenómenos de la naturaleza, es el mismo que en 2016 culpó a Lenin de la destrucción de la URSS.

Para esos imbéciles, que pueden llamarse como quieran, pero debieran lavarse sus bocazas antes de ensuciar la idea comunista declarándose tales, hay una idea que no se atreven a expresar: la de que el sátrapa tiene algo que ver con Lenin más que el nombre Vladimir. Nada más lejos de la realidad. Lenin era un internacionalista, Putin un nacionalista. Lenin era un marxista, Putin un capitalista. Lenin fue antiimperialista y luchó contra todo imperialismo, Putin es un imperialista que defiende el suyo. Lenin impulsó la nacionalización de los medios de producción y el control obrero de la producción, Putin las privatizaciones a favor de la oligarquía capitalista rusa y el control de la economía por la mafia empresarial. Lenin combatió la guerra, Putin la usa a favor de su clase. Lenin favoreció la unidad fraternal de muchos pueblos bajo un Estado socialista, Putin fue lacayo del borracho Yeltsin, que terminó de destruir la URSS, después de que un tipejo anticomunista como Gorbachov le diese el tiro de gracia.

Y ahora, payasos anticomunistas, que secuestran el nombre comunista para ensuciarlo y confundirlo con el neofascismo, váyanse a la mierda y a leer el RT, el Sputnik o el Katehon.

PD: Acaba de llegarme un enlace que me ha facilitado una camarada en la que se pone en el sitio que realmente le corresponde a Putin. Este enlace es de una organización juvenil comunista rusa.

23 de mayo de 2017

Fragmento de El Intruso, de Blasco Ibáñez: lo que necesita el trabajador es ser dueño de lo que produce

"Al trabajador de nada le sirve la limosna de un aumento en el jornal: ya sabes que en esto no nos entenderemos nunca. Lo que necesita es justicia, ocupar el sitio que le corresponde, ser dueño de lo que produce"

Así se expresa el protagonista de El Intruso, de Vicente Blasco Ibáñez, un médico que, a pesar de ser familiar y amigo de un gran industrial vasco, elige realizar su trabajo entre los mineros, trabajadores que viven entre penurias y miseria a pesar de ser los productores de la gran riqueza del Bilbao de principios del siglo XX.

Blasco Ibáñez escribió El Intruso en el marco de una serie de cuatro novelas sociales, muy recomendables como descripción de la salvaje lucha de clases en la que los capitalistas exprimen, sin tapujos ni límite alguno, condenándola a la miseria y a la penuria, a la clase trabajadora. En La horda, La catedral, La bodega y la que tratamos en esta entrada, El Intruso, Blasco hace un retrato triste y doloroso de las condidiones de vida de los proletarios y jornaleros españoles, sometidos bajo la bota de la emergente clase capitalista y alienada por la enorme influencia de la iglesia.

En sus cuatro novelas, el autor valenciano radiografía el desarrollo del capitalismo en España, denunciando la crueldad de las condiciones de vida de los trabajadores y la indecencia de los explotadores, que se enriquecen ostentosamente a costa de la pobreza y humillación de los que crean la riqueza. Por otro lado, diagnostíca el único remedio ante ese mal: la revolución. Una revolución futura, inevitable, que hará que el progreso de la humanidad deje de beneficiar solo a una minoria bárbara e inhumana, y que se alcance la única situación que ofrezca justicia para todos: que cada cual sea "dueño de lo que produce".

Blasco además, denuncia en esta novela el nacionalismo tradicionalista de la clase dominante vasca, que se desarrolla a la par que el capitalismo, y que mientras considera modelos de ley divina a los pobres campesinos de Euskadi, que viven en condiciones de pobreza y penuria pero agradeciendo a dios y al amo su situación, para bien del bolsillo de los señores, ve como extranjeros y sin derechos a los que, venidos de fuera del Pais Vasco, los "maketos", los trabajadores de las minas y de los altos hornos, los que verdaderamente producen la riqueza. Todavía no había nacido el nacionalismo obrero que, para diferenciarse del de sus explotadores, ha de ser, por narices, aunque parezca contradictorio, internacionalista.

"Pues esa pillería venida de... España; ese rebaño maketo y pecador, es el que trabaja y da prosperidad a Bilbao. Ellos destrozan su cuerpo en las minas, ellos dan el mineral, y sin mineral ¿qué sería de esta tierra? Los buenos, los del país, no hacemos más que vigilar su trabajo y aprovecharnos del privilegio de haber nacido aquí antes que ellos llegasen. Son como los negros que en otros tiempos eran llevados á América para mantener á los blancos".

En definitiva, El Intruso nos hace un crudo retrato del Bilbao del principio del siglo XX, en pleno desarrollo industrial y de acumulación de capital en unas pocas manos, paralelo, por supuesto, al crecimiento y concienciación de un proletariado explotado y pisoteado que, sin embargo, poco a poco, va dándose cuenta de que son otros los que disfrutan del producto de su trabajo, y que la organización es la única manera posible para llegar a liberarse y hacer justicia. Todo ello en un contexto de desarrollo del nacionalismo vasco que, por aquel entonces, todavía era expresión exclusiva de las clases altas y los más ricos.

Veamos a continuación el ilustrativo díalogo entre el protagonista, el médico Aresti, su primo Sánchez Morueta, un gran capitalista enriquecido por la extracción del hierro en los montes vascos y su transformación en acero, y un jesuita, Urquiola, defensor del tradicionalismo, de la religión y del inmovilismo social:

"Urquiola hablaba al doctor con el mismo aplomo que si estuviera en el café ó en la sociedad de San Luis Gonzaga, rodeado de aquella juventud piadosa y elegante que le tenía por capitán. Él no era enemigo del pueblo; la Iglesia estaba siempre con los de abajo y el Santo Padre escribía encíclica sobre encíclica en favor de los obreros. Pero el pueblo era para él, la gente de los campos, los aldeanos respetuosos con el cura y el señor, guardadores de las santas tradiciones. Que le diesen á él las buenas gentes de las anteiglesias vascas, religiosas y de sanas costumbres, sin más diversión que bailar el aurrescu los domingos y la espata danza en las fiestas del patrón, ni otros vicios que empinar un poco el codo en las romerías. Aquella gente vivía feliz en su estado, sin soñar en repartos ni en revoluciones; antes bien, dispuesta á dar su sangre por Dios y las sanas costumbres. Que no le hablasen á él del populacho de las minas; corrompido y sin fe; hombres de todas las provincias, maketos llegados en invasión, trayendo con ellos lo peor de España, contaminando con sus vicios la pureza del país; siempre descontentos y amenazando con huelgas, deseando el exterminio de los ricos y comparando su miseria con el bienestar de los demás, como si hasta en el cielo no existiesen categorías y clases.

Y ante la mirada acariciadora de su tía, que admiraba sus ardorosas palabras, continuó el fuerte discípulo de Deusto:


Los Altos Hornos de Bilbao
—Los míos no saben leer; no saben nada de libertad, derechos y demás zarandajas, y por esto son felices. Esa gentuza de las minas, que casi todos los domingos tiene sus mitins, vive desesperada y ansía bajar un día á Bilbao para robarnos, sin saber que la recibiremos á tiros.

Aresti volvióse hacia su primo, que comía silencioso, lanzando alguna que otra mirada al sobrino de su mujer.

—¿Qué te parece, Pepe, cómo piensan estos jóvenes?

Y encarándose con Urquiola, le dijo con una timidez irónica, dando á entender su deseo de rehuir discusiones con él.

—Pues esa pillería venida de... España; ese rebaño maketo y pecador, es el que trabaja y da prosperidad á Bilbao. Ellos destrozan su cuerpo en las minas, ellos dan el mineral, y sin mineral ¿qué sería de esta tierra? Los buenos, los del país, no hacemos más que vigilar su trabajo y aprovecharnos del privilegio de haber nacido aquí antes que ellos llegasen. Son como los negros que en otros tiempos eran llevados á América para mantener á los blancos. Vienen empujados por la miseria, y ya que no podemos agradecer su sacrifico con el látigo, les pagamos con malas palabras.

Urquiola encabritábase ante las palabras desdeñosas del doctor. Abominaba de aquella gente perdida, incapaz de regeneración: la prueba era que no ahorraban, que no hacían el menor esfuerzo por salir de su estado.

—¡El ahorro!—exclamó Aresti.—¡Ahorrar y enriquecerse, teniendo unos cuantos reales de jornal, y viviendo rodeados de gentes de su misma clase que les explotan en el alimento y en la casa!...

—Eso no—intervino Sánchez Morueta, con autoridad.—Ya sabes, Luis, que no estoy conforme con tus ideas. El obrero español es víctima de la imprevisión. En otros países es distinto: el trabajador se forma un pequeño capital para la vejez...

—¡Bah! En otros países ocurre lo que aquí. Y lo que hace que el obrero moderno sea rebelde y se entregue á la lucha de clase, es la convicción de que, por más que ahorre sacrificando sus necesidades, no saldrá de su miseria. Los progresos le han cerrado el camino. En los tiempos de trabajo rudimentario, de industria doméstica, aún podía soñar con hacerse patrono; podía con sus ahorros adquirir los útiles necesarios y convertir su casa en un pequeño taller. Pero ahora, Pepe, por mucho que ayune un obrero tuyo, amasando céntimo sobre céntimo, ¿llegará á ser accionista de tus fundiciones? ¿podrá adquirir un pedazo de las minas, con todo el material necesario para la explotación?

—Eso está bien—arguyó Urquiola con acento triunfante.—Este doctor dice á veces cosas muy oportunas. Lo que demuestra que los antiguos tiempos eran los buenos y que, para tranquilidad de todos, hay que volver á la época en que no había progreso y los hombres vivían tranquilos.

Sánchez Morueta miró al joven con unos ojos que alarmaron á doña Cristina, haciéndola temer por su sobrino.

—Eso es una majadería—dijo con calmosa gravedad.—Eso sólo puede decirse á la salida de Deusto. ¡Suprimir el progreso porque trae algunas complicaciones!...

Y aquel hombre siempre silencioso, habló lentamente, pero con gran energía. Era un admirador religioso del capital. Aresti conocía su entusiasmo frío y firme por el dinero, que, puesto en movimiento por los descubrimientos industriales, había revolucionado el mundo. El millonario era á modo de un poeta del capital, y sacudiendo su ensimismamiento, rompió en un himno á aquella fuerza casi sagrada, puesta en manos de contadísimos iniciados. Cierto, que el trabajo, que era un auxiliar indispensable, sufría crisis y miserias, ¿pero por esto había que renegar del progreso, legítimo hijo del capitalismo industrial? La gran revolución moderna era obra de la religión del dinero, en la cual figuraba Sánchez Morueta como el más ferviente devoto. Utilizando los descubrimientos de la ciencia, había multiplicado los productos, y disminuido su valor, poniéndolos así al alcance de la mayoría, y facilitando su bienestar. El trabajador del presente gozaba de comodidades que no habían conocido los ricos de otros tiempos. El capital al servicio de la industria había civilizado territorios salvajes, había destruido fronteras históricas, estableciendo mercados en todo el globo: él era quien surcaba las tierras vírgenes con los rails de los ferrocarriles, quien removía los mares para tender los cables telegráficos, quien ponía en comunicación los productos de uno y otro hemisferio, venciendo los rigores de la naturaleza y evitando las grandes hambres que habían hecho rugir á la humanidad en otros siglos. Los poderes históricos se achicaban y humillaban ante el capital. Los reyes de los pueblos, soberbios como semidioses sobre sus caballos de guerra, cubiertos de plumas y bordados y llevando tras ellos grandes ejércitos, tenían que mendigar en sus apuros á los capitalistas ocultos en sus escritorios. Detrás de los imperios victoriosos estaban ocultos los verdaderos amos, los que cambiaban la faz de la tierra, venciendo á la naturaleza para arrancarla sus tesoros; la gran república de los capitalistas, silenciosa, humilde en apariencia, y sin embargo, dueña de la suerte del mundo. Y lo que más entusiasmaba á Sánchez Morueta, en esta secta oculta de universal poderío, era que sólo á la capacidad le estaba reservado entrar en ella. La jerarquía industrial no era como las dominaciones sacerdotales ó guerreras del pasado, en las que se figuraba sin otro derecho que el nacimiento. El hijo del capitalista, falto de capacidad, era expulsado por los malos negocios, y un nuevo individuo, aprovechando los residuos de su desgracia, venía á iniciarse en la poderosa secta. ¿Dónde encontrar una institución tan grande y poderosa y á la par tan democrática y modesta? ¿Y había locos que pedían la muerte ó la modificación de una fuerza que había transformado la Tierra?...
Mineros en la mina de Galdames

Aresti protestó. Él reconocía las grandezas del régimen capitalista, las ventajas sociales que había reportado á la humanidad con el auxilio del trabajo. El capital encontraba remunerados con creces sus servicios. Pero el trabajo ¿veía recompensados igualmente sus esfuerzos? ¿No se encontraba hoy en el mismo estado de miseria que al iniciarse á principios del siglo XIX la gran revolución industrial?

—Eso es un error, Luis—dijo el millonario.—El trabajo está mejor que nunca. La prueba es que en todo el mundo baja considerablemente el interés del capital, mientras sube con las huelgas y las reclamaciones obreras el tipo de los jornales.

—¡Bah!—dijo el doctor con gesto de desprecio.—¡El aumento de unos reales en el jornal! Remedios del momento; cataplasmas que de nada sirven al enfermo, pues al poco tiempo se restablece el fatal equilibrio, aumentándose el precio de los productos, y el trabajador, con más dinero en la mano, se ve tan necesitado como antes. Son cambios de postura, creyendo engañar con ellos á la enfermedad. Al trabajador de nada le sirve la limosna de un aumento en el jornal: ya sabes que en esto no nos entenderemos nunca. Lo que necesita es justicia, ocupar el sitio que le corresponde, ser dueño de lo que produce."

20 de mayo de 2017

La violencia, partera del nuevo sistema social (General Giap)

Aplastar la máquina estatal existente es “la condición preliminar de toda revolución popular verdadera”, afirma Giap citando a Lenin en su artículo La violencia: partera del nuevo sistema social.

Imagini pentru general giap y la guerra popular
En él, Giap recuerda que los más interesados en la negación de la violencia son los que la ejercen contra los oprimidos, mientras quienes lo hacen de entre las filas de los trabajadores y los comunistas son en realidad revisionistas al servicio de la burguesía. En realidad, la minoría explotadora es, pues no puede garantizar su dictadura de otra manera, terrorista y violenta y, a pesar de que intenta convencer por todos los medios a las masas de que la paz es el camino, no tiene ningún tapujo en utilizar el terror para convencerlas y mantener su sometimiento.

Así que la negación de la violencia como medio revolucionario es una actitud revisionista que ha llevado al movimiento comunista mundial a la situación crítica en la que se encuentra hoy. Renunciar a la verdad de que la violencia es la partera del nuevo sistema social, con todo tipo de excusas, subterfugios y falsificaciones, no demuestra más que el paso de los que así argumentan a las barricadas de la burguesía.

Giáp fue periodista, General del Vietcong, héroe de la lucha contra el imperialismo norteamericano, y Ministro del Interior durante la presidencia de Ho Chi Minh en el Viet Minh, jefe militar del Việt Minh y Ministro de Defensa. Asimismo fue miembro del politburó del Partido de los Trabajadores de Vietnam, el cual se transformó en el Partido Comunista de Vietnam en 1976. Por defensa de la "política al mando", frente al economicismo pragmático de la URSS post XX Congreso, acabó por ser expulsado del gobierno y la dirección del partido, en 1981.

Giap en sus escritos, que demostró en la práctica en la lucha contra el imperialismo, definió la guerra popular como “una guerra de combate para el pueblo y por el pueblo, mientras que la guerra de guerrillas es simplemente un método del combate. La guerra popular es un concepto más general. Es un concepto sintetizado. Es una guerra a la vez militar, económica y política”, en un concepto inspirado en la revolución china y el maoísmo, el de la Guerra Popular Prolongada.

Giap era consciente de que la guerra popular no sólo la hace un ejército, por más que así se autodenomine, "popular", sino que la hace todo el pueblo, ya que es imposible que un ejército revolucionario, por sí mismo, pueda lograr la victoria contra la reacción, sino que es todo el pueblo el que tiene que participar y ayudar en una lucha, que necesariamente debe ser prolongada.

La violencia: partera del nuevo sistema social
Vo Nguyen Giap

Desde el momento en que la sociedad fue dividida en clases, las clases dominantes establecieron su
máquina de Estado para oprimir y explotar a las clases dominadas por ellas. El Estado es el instrumento de la violencia empleado por las clases dominantes para aplastar toda resistencia que pueda surgir en las clases dominadas. Los dominadores emplean tropas, policías, espías, tribunales de Justicia y prisiones contra los dominados. Las clases explotadoras en el Poder emplean siempre, por una parte, la violencia para reprimir a las clases explotadas. Por otra parte, emplean a sus “teóricos” para esparcir el pacifismo y la teoría de la “no violencia” tratando de que los explotados se resignen a su destino sin recurrir a la violencia para resistir a las clases explotadoras en el Poder.

Sin embargo, los que constantemente recurren a la violencia para la represión del pueblo trabajador, son los que claman contra el uso de la violencia. La violencia a la que se oponen y atacan es la que los oprimidos y explotados por ellos emplean para resistirlos, en tanto que la violencia que ellos emplean frecuentemente para reprimir al pueblo trabajador la proclaman como un favor que conceden a este último.

Los que han tragado el veneno del pacifismo y humanitarismo burgueses se oponen a toda clase de violencia. No hacen ninguna distinción del carácter de clase de los diversos tipos de violencia. Para ellos la violencia empleada por la burguesía con objeto de reprimir al proletariado y la violencia empleada por el proletariado para resistir a la burguesía son una y la misma cosa. Lenin dijo una vez: “Hablar de ‘violencia’ en general, sin distinguir las condiciones que diferencian la violencia reaccionaria de la revolucionaria, es equipararse a un filisteo que reniega de la revolución, o bien, sencillamente, engañarse uno mismo y engañar a los demás con sofismas”(1)

Para los pacifistas, todo tipo de violencia es malo. Frente a la muerte causada por la violencia, lo único que pueden hacer es gemir y lamentarse. No saben nada de la ley del desarrollo social. Sólo ven el lado feo de la violencia y no comprenden que, además de su fealdad, juega un papel revolucionario en la historia. Marx dijo una vez que la violencia “es la partera de toda vieja sociedad que lleva en su seno otra nueva”.

El revisionismo y la violencia

Hoy en día los revisionistas contemporáneos y los oportunistas de derecha del movimiento comunista y del movimiento obrero siguen batiendo la lengua sobre “paz” y “humanitarismo”; no se atreven a mencionar la palabra “violencia”. Para ellos la violencia es tabú. Temen la palabra “violencia” como la sanguijuela a la cal. El hecho es que han negado la teoría marxista-leninista sobre el papel de la violencia en la historia. Hace más de ochenta años, al criticar la filosofía reaccionaria de Dühring, Engels escribió: “Para Herr Dühring la violencia es el mal absoluto; el primer acto de violencia es para él el pecado original. Toda su exposición es una jeremiada sobre la manera en que hasta hoy la historia se ha contaminado así por el pecado original, sobre la infame desnaturalización de todas las leyes naturales y sociales por este poder diabólico: la violencia. Pero, la violencia juega todavía en la historia otro rol: un rol revolucionario; según las palabras de Marx, ella es la partera de toda vieja sociedad que lleva en su seno otra nueva; es el instrumento con ayuda del cual el movimiento social se abre camino y hace añicos las formas fosilizadas y muertas; de esto no hay ni una sola palabra en Herr Dühring” (2)

Los comunistas no son tolstoístas o discípulos de Gandhi que predican la “no violencia”. Tampoco difunden la idea de la “violencia por la violencia”. No son “belicosos” y “sedientos de sangre” como siempre dicen los reaccionarios para calumniarlos. Simplemente muestran los comunistas un hecho, es decir,la violencia es un fenómeno social, un resultado de la explotación del hombre por el hombre y un medio empleado por los bloques dominantes y explotadores para mantener y extender su dominación. Los comunistas sostienen que la clase obrera y el resto del pueblo trabajador –víctimas de la explotación y dominación– deben recurrir a la violencia revolucionaria para aplastar a la violencia contrarrevolucionaria, de modo que puedan lograr su propia emancipación y que la sociedad pueda avanzar de acuerdo con la ley del desarrollo histórico. Hace más de cien años Marx y Engels establecieron claramente en el Manifiesto Comunista: “El proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominación” (3).

También dijeron: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente”(4).

Los comunistas plantean el rol histórico que juega la violencia no porque sean “maníacos” de la violencia sino porque es una ley que rige el desarrollo social de la humanidad. No puede triunfar ninguna revolución y ningún desarrollo de la sociedad humana es posible sin entender esta ley.

La dictadura del proletariado

La causa revolucionaria del proletariado no significa una simple barajada del personal gubernamental o un simple cambio de gabinete mientras sigue intacto el viejo orden político y económico. La revolución proletaria no debe conservar la máquina del Estado (policía, gendarmes, fuerzas armadas y estructura burocrática existentes), empleada principalmente para oprimir al pueblo sino que debe aplastarla y reemplazarla por una absolutamente nueva. Esta es una de las condiciones que marcan la diferencia entre la revolución proletaria y la revolución burguesa. La revolución burguesa no aplasta la máquina del Estado feudal existente, sino que se apodera de ella, la mantiene y la perfecciona. Por el contrario, la revolución proletaria aplasta la máquina estatal existente del sistema capitalista.

La revolución proletaria es un proceso de aguda lucha en la cual la burguesía es derribada, el orden burgués es destruido, las propiedades de los capitalistas y terratenientes son confiscadas y se realiza la propiedad pública de los diversos principales medios de producción. La clase obrera no se apodera simplemente de la máquina estatal existente ni transfiere la máquina estatal militarista burocrática de las manos de la burguesía a las suyas. Debe aplastar la máquina estatal burguesa y establecer una nueva máquina estatal propia, es decir, la dictadura del proletariado. Aplastar la máquina estatal existente es “la condición preliminar de toda revolución popular verdadera”. En una carta a L. Kugelman en 1871, Marx consideraba que tal acción era esencial para todos los países de Europa continental, y que en los años de 1870 a 1880, en los países fuera del continente europeo, tales como Inglaterra y los EEUU, era posible que la clase obrera se apoderara del poder estatal por medios pacíficos, porque en ese tiempo el capitalismo no había crecido hasta transformarse en el capitalismo monopolista y todavía no se habían desarrollado en Inglaterra y EEUU el militarismo y la burocracia. Este era el estado de cosas antes de que surgiera el imperialismo. Pero al comenzar el siglo XX, cuando el capitalismo prevalecía en todos los países y se desarrollaba hasta alcanzar su etapa superior, es decir, el imperialismo, y cuando el militarismo y la burocracia comenzaron a aparecer en Inglaterra y los EEUU, la posibilidad de apoderarse del poder estatal por medios pacíficos no existía ya en esos dos países. En 1917 Lenin escribió en El Estado y la Revolución que esta tesis de Marx con su limitada aplicación al continente ya no podía aplicarse y que en Inglaterra o EEUU la demolición de la maquinaria estatal existente ya se había convertido en la condición primordial para cualquier revolución popular auténtica. En 1918, en La revolución proletaria y el renegado Kautsky, Lenin consideraba esta cuestión como una ley universal: “La revolución proletaria es imposible sin destruir violentamente la máquina del Estado burgués y sin sustituirla por otra nueva...” (5).

Cuando Lenin criticó la llamada tesis de Kautsky de que “la transición podía ocurrir pacíficamente, es decir, de una manera democrática”, señaló claramente que este era un intento de ocultar a los lectores el hecho de que la violencia revolucionaria es el signo fundamental del concepto de la dictadura del proletariado, y que era un fraude encaminado a sustituir la revolución violenta por la revolución pacífica. Dijo: “todos los subterfugios, los sofismas, las viles falsificaciones de que Kautsky se vale, le hacen falta para rehuir la revolución violenta, para ocultar que reniega de ella, que se pasa al lado de la política obrera liberal, es decir, al lado de la burguesía. Ahí está el quid” (6).

Extracto

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Notas

(1) V.I. Lenin: La Revolución Proletaria y el renegado Kautsky
(2) F. Engels: Anti-Dühring
(3) C. Marx y F. Engels: Obras escogidas en dos tomos, tomo 1, pag. versión española, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1951.
(4) C. Marx y F. Engels: Obras escogidas en dos tomos, tomo 1, pag. 52, versión española, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1951.
(5) V.I.Lenin: La revolución proletaria y el renegado Kautsky, pag 12 versión española. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú.
(6) V.I.Lenin: La revolución proletaria y el renegado Kautsky, pag 14 versión española. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Moscú.

15 de mayo de 2017

RBC: 50 Aniversario de Naxalbari, inicio de la Revolución Naxalita

La Red de Blogs Comunistas (RBC) está comprometida con la difusión y solidaridad con la Guerra Popular en la India y el Movimiento Naxalita. Por ello, publicamos a continuación el texto (traducido del original por Nuevo Perú) del camarada Varavara Rao, escritor maoísta y líder de la Asociación de Escritores Revolucionarios, acerca del 50 Aniversario del inicio de la Revolución Naxalita en Naxalbari (que se celebra el 23 de mayo), germen de la Guerra Popular Revolucionaria dirigida por el PCI (maoísta) en la India, considerada por el gobierno de Delhi como la mayor amenaza para la seguridad del país, es decir, para los intereses del capital local y multinacional y de la oligarquía hindú.

Fue el 25 de mayo de 1967 cuando se produjo en Naxalbari la ocupación de tierras por los campesinos desposeídos y se declaró el derecho a cultivarlas, dando muchos de ellos sus vidas para protegerlas contra la brutal intervención de las fuerzas armadas estatales, siendo aquel el punto de inicio de la conocida Revolución Naxalita que sigue hoy, bajo la dirección del PCI (maoísta), poniendo en jaque al gobierno fascista-capitalista de la India, bajo la dirección del PCI (maoísta).

La Red de Blogs Comunistas se une a la celebración del 25 de mayo, Aniversario del inicio de la Revolución Naxalita, del Movimiento Naxalbari, 



!Viva el la Revolución Naxalita!
!Viva la Guerra Popular de la India!

!Gloria a los mártires de Naxalbari!

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En la India el levantamiento armado revolucionario de los campesinos de Naxalbari, del que se cumplen 50 años, se inspiraba en la Gran Revolución Cultural Proletaria China. Naxalbari fue un acontecimiento clave en la historia bajo el liderazgo de Com. Charu Majumdar - uno de los dos grandes líderes, maestros y fundadores del PCI (Maoísta), junto con Kanhai Chatterjee, acontecimiento que marcó un nuevo comienzo en la historia de la revolución democrática del país”.

"En la India, el levantamiento armado revolucionario campesino de Naxalbari, que cumplirá su 50° aniversario - fue influenciado e inspirado por la Gran Revolución Cultural Proletaria de China. Naxalbari fue un acontecimiento que abrió brecha bajo el liderazgo del C. Charu Majumdar - uno de los dos grandes líderes, maestros y fundadores del CPI (maoísta, C. Charu Majumdar y Kanhai Chatterjee - que marcó un nuevo comienzo en la historia de la revolución democrática del país ".

Es la observación hecha por el Comité Central del CPI (Maoísta) al mismo tiempo que hace un llamado a celebrar los cuatro grandes eventos de la historia para lograr el socialismo en el mundo, incluyendo el quincuagésimo aniversario de Naxalbari. Es obvio que los maoístas - más aún en el CPI (maoísta) - son los verdaderos herederos del Movimiento Naxalbari en la India, además de ciertos grupos revolucionarios e individuos en todo el país. A menos que se construya un partido bolchevique con el espíritu bolchevique para lograr la revolución india que una a todas esas fuerzas revolucionarias, la Revolución de Nueva Democracia en la India, no se puede lograr un precursor del socialismo.

Naxalbari es una línea divisoria en todos los aspectos de la política, sociedad y cultura semifeudales semicoloniales entre las clases explotadoras y explotadas, los gobernantes y los gobernados, la burguesía compradora y las amplias masas campesinas y obreras , La política parlamentaria y el camino alternative del pueblo. En una palabra, la lucha de clases bajo el liderazgo de la clase obrera como vanguardia para tomar el poder del Estado por el pueblo, las fuerzas productivas para cambiar las relaciones de producción.

Naxalbari por primera vez definió el carácter de Estado como dictadura semifeudal y semicolonial, burguesa compradora. Había tomado el maoísmo, el marxismo-leninismo de esta época como su visión del mundo. Había rechazado la política parlamentaria. Había elegido el camino de la Revolución de Nueva Democrática y había emprendido una prolongada guerra contra el Estado, con la lucha armada como principal forma de lucha. Su programa económico de lucha por la tierra se inició en Naxalbari el 23 de mayo de 1967, con los Santales de Naxalbari y los pueblos Kheribari ocupando tierra y declarando su derecho sobre la tierra hasta el 25 de mayo y dando sus vidas para protegerla contra la intervención de las fuerzas armadas estatales. Su programa militar es la guerra de guerrillas hasta que liberó aldeas y en última instancia entró en la guerra cara a cara en la captura del Centro. Hasta llegar a su etapa de guerra móvil en su conjunto en Dandakaranya, Bastar en Chhattisgarh y Gadchiroli en Maharashtra.

Su programa político es "todo el Poder para el pueblo" como el de los soviéticos en la Rusia soviética, las comunas en la República Popular China. Este programa político estaba en vigor en su forma embrionaria en Naxalbari, Srikakulam, Wynad y otras áreas de lucha campesina adivasi, incluso durante la lucha armada campesina Telangana (1946-51). El programa ha adoptado una forma firme, vívida y cristalina al adoptar la resolución para formar los Comités Grama Rajya en 1995 en el Pleno Especial del CPI (ML) Guerra Popular. A pesar de que fue aplastado en cientos de aldeas en Telangana del Norte durante 1995-2003, con matanzas en enfrentamientos y otras formas extra constitucionales de derramamiento de sangre para implementar las políticas imperialistas de globalización, se pudo sostener en Dandakaranya y durante los últimos doce años ha subido hasta Janatana Sarkar, donde un frente unido, autosuficiente, frente unido de los sin tierra, el campesinado pobre, el campesinado medio y el campesinado rico. Adivasi, Dalit y clases oprimidas se gobiernan bajo el liderazgo del Partido, con el Ejército Guerrillero de Liberación Popular protegiendo el Poder alternativo del pueblo. Y es por eso que vemos hoy la guerra popular, particularmente en la India Oriental y Central, en las áreas Adivasi de Jangalmahal en Bengala, Saranda en Jharkhand, Dandakaranya, Frontera Andhra-Orissa y Ghats Occidentales.

De hecho, el espíritu de Naxalbari de amplia expansión es continuado por el CPI (M L) de Andhra Pradesh aprovechando la experiencia de la lucha armada campesina de Telangana en la implementación de la línea de masas y la formación de organizaciones de masas, sobre todo después del movimiento de Srikakulam.

Después del repliegue y el martirio de Charu Mazumdar en 1972, se redactó una autocrítica y se hicieron esfuerzos para formar el Comité Organizador Central que finalmente resultó durante la Emergencia para establecer el "Camino de la Revolución" en la reunión del Comité Regional Telangana en 1976. Debido a la herencia la Lucha Armada de Telangana Virasam - se formó Asociación de Escritores Revolucionarios en 1970, Jana Natya Mandali un gran aumento en el movimiento cultural popular ha llegado en 1972, Pilupu - una revista para las masas oprimidas se inició en 1973 y por ese tiempo también se formó la Unión de Estudiantes Radicales de 1974 (RSU).

Durante la Emergencia los estudiantes radicales tuvieron que ir a la clandestinidad y realizaron estudios sobre las relaciones de la tierra en los pueblos que se pueden comparar con los Estudios de Hunan bajo el liderazgo de Mao Tse Tung, dando como resultado el gran aumento masivo para la ocupación de tierra por los campesinos pobres y sin tierra, especialmente los dalits y las clases oprimidas. La Segunda Conferencia de RSU en Warangal había hecho un llamado a estudiantes y jóvenes a "ir a las aldeas" para propagar la política de la Revolución de Nueva Democrática y para ayudar a los campesinos a ocupar la tierra y luchar para protegerla. Una reunión organizada en Jagityal, que más tarde se conoció como Jagityal Jaitra Yatra en septiembre de 1978, ocupando tierras en 150 pueblos y declarando el derecho del pueblo sobre él. A partir de entonces es una historia continua de lucha de clases con línea de masas.

El CPI (ML) guerra popular se formó en 1980 y con la Perspectiva Dandakaranya había enviado escuadrones a Sironcha de Maharashtra y Bastar de Madhya Pradesh. La Perspectiva Dandakaranya preveía que, a diferencia de una zona de base liberada en Yenan de China, la Revolución Indiana podría necesitar más áreas de base para inaugurar la Revolución de Nueva Democracia, ya que también será una revolución para alcanzar el socialismo en el mundo.

En 1999 la unidad del Partido del CPI (ML) que es activa en Bengala, Bihar, Delhi y Punjab se unen con Guerra Popular tomando el nombre de CPI (ML) Guerra Popular El 21 de septiembre de 2004 la CPI (ML) Guerra Popular y el Centro Comunista Maoísta con la larga historia de lucha de clases en Bihar y Bengala bajo el liderazgo de Dakshinadesh se unieron y se constituyeron como CPI (Maoísta).

El congreso unido de CPI (maoísta) se ha producido en el año 2007 después del primer congreso de CPI (ML) en 1970. Durante los últimos diez años la guerra popular en este país continua bajo esta dirección del CPI (maoísta). También sella una marca entre los distintos partidos del CPI (ML) que participan en las elecciones parlamentarias, mientras que hablan de la lucha armada y el CPI (maoísta) que se adhiere al boicot de las elecciones y a la lucha armada como forma principal de lucha de clases.
Varavara Rao

 
A pesar de los altibajos, avances y retrocesos, una vez que la línea de masas se adopta en 1976, ha habido un recorrido consistente. Hoy en día vemos el movimiento en más de un Estado, incluso, de acuerdo al gobierno central existe la organización del CPI (maoísta) en 16 Estados y en muchos Estados particularmente en DK, AOB, Jharkhand y Bihar, Ghats Occidentales hay luchas armadas apoyadas por la organizaciones de masa. Y en DK hay Milicia Bhoomkal que es el Ejército Guerrillero del Pueblo salvaguardando el poder del pueblo.

A pesar de que parece una lucha por la tierra, ya sea en Naxalbari, Srikakulam o Telangana en 1970, es una verdadera lucha anti-feudal, anti-imperialista con un eslogan de "tierra para quien la trabaja", pero apuntando a la toma del Poder estatal por el pueblo Es por eso que la clase dominante compradora del Centro ( es decir de la Federación, nota nuestra) y de los Estados la miran con miedo y la marcan como la "mayor amenaza interna" para el sistema y el Estado.

La política imperialista de globalización adoptada por el gobierno indio en 1991 como nueva política económica demostró la visión de Naxalbari al caracterizar al Estado como una colusión de fuerzas compradoras, feudales e imperialistas.

Naxalbari en Dandakaranya, Bihar y Jharkhand, AOB, Western Ghats y Jangalmahal está adoptando un programa de desarrollo alternativo del pueblo para proteger la riqueza natural y el trabajo humano que son saqueados por las compañías multinacionales y las grandes empresas de la India Oriental y Central. Cualquiera que sea el partido político en el Poder en la política parlamentaria -ya sea un partido de toda la India o un partido regional- está adoptando la política de globalización y por lo tanto los patriotas, los demócratas, los ambientalistas y todos aquellos que genuinamente sienten que defender la soberanía del país es solidarizarse con las luchas de las grandes masas de este país, en particular adivasis, dalits, campesinos, obreros, mujeres, musulmanes, estudiantes y jóvenes desempleados en diferentes sectores no organizados bajo la dirección del CPI (maoísta) y otras fuerzas revolucionarias para la alternativa Política - autosuficiente y autosostenida- autogobierno que inaugurará la Revolución de Nueva Democrcia. Ese es el sueño de miles de mártires que han dado sus vidas en la lucha contra este sistema de explotación y el Estado. No es necesario entrar en los detalles de la degeneración de la política parlamentaria, especialmente a la luz de 72 votos a favor de Sharmila en Manipur y las elecciones UP donde el BJP podría obtener la mayoría absoluta sin dar un solo lugar a los musulmanes. Así que la única esperanza que queda para las fuerzas democráticas en este país es la Revolución de Nueva Democracia, la tarea democrática insatisfecha que nos ha dado hace 50 años el movimiento Naxalbari.

13 de mayo de 2017

RBC: !Por la patria! !Por Stalin! De la historia de las protestas políticas en la URSS

La Red de Blogs Comunistas (RBC) ha traducido un texto escrito por Lavrentiy Gurdzhiyev sobre la historia de las protestas políticas en la Unión Soviética, en concreto acerca de los disturbios de los trabajadores del Caúcaso a favor de Stalin después del XX Congreso del PCUS, cuyas mentiras sirvieron de cortina de humo para dar paso a las reformas antisocialistas que los jruschevitas fueron aprobando y que, aunque pasaron  inadvertidas para muchas personas debido a la traicionera retórica marxista-leninista que ocultaba la degeneración procapitalista del país, si que provocó indignación en algunos sectores del Partido y entre la población adquirió a veces tintes de estallido.

El siguiente texto describe los acontecimientos en la capital de Georgia, Tbilis, en 1956 y en 1989, y los de Sumgaít, en Azerbatyan, en 1963 y 1988, comparando las razones y objetivos que marcaron los disturbios en ambas fechas: en 1956 y 1953  la juventud y los trabajadores, imbuídos en el espíritu del estalinismo, lanzaban, entre otras, la siguiente consigna: “¡La patria socialista está en peligro!”; en 1988 y 1989, inflamados por la atmósfera enfebrecida de la Perestroika, gritaban: “¡Abajo el socialismo, abajo la Unión Soviética, abajo los comunistas!”. 

El autor nos recuerda que fueron los que provocaron las protestas de finales de los cincuenta y principios de los sesenta del siglo XX, ahogándolas en sangre, los mismos que aplicaron políticas antisocialistas que fueron haciendo regresar a la URSS hacia el capitalismo y se alegraron, finalmente, de las protestas de finales de los ochenta, en el marco de la destrucción final del socialismo y el reparto del poder y la riqueza entre una minoría ya abiertamente burguesa.

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Jovenes y trabajadores en defensa de Stalin, 4 de marzo de 1956 (Tbilisi, Georgia)

¡POR LA PATRIA! ¡POR STALIN!


DE LA HISTORIA DE LAS PROTESTAS POLÍTICAS EN LA URSS, por Lavrentiy Gurdzhiyev
Traducido el 8 de abril de 2017 al inglés por Polina Brik, del American Party of Labor

Traducido al castellano de la versión inglesa por la Red de Blogs Comunistas (RBC)

En la actualidad, la mayoría de los comunistas soviéticos y extranjeros, y la izquierda en general, han llegado a la conclusión de que, desde mediados de la década de los 50, la línea revisionista y oportunista triunfó en la Unión Soviética y en el resto del campo socialista. A partir del XX Congreso del PCUS cabe distinguir en la historia de la URSS entre los periodos genuinamente soviéticos y los veladamente antisoviéticos. El carácter abiertamente antisoviético y anticomunista de la llamada Perestroika era ya manifiesto. La base ideológica y práctica de los revisionistas y oportunistas durante todos esos años fue un sucedáneo siniestro y camuflado del anticomunismo: el antiestalinismo, a veces declarado, otras encubierto, pero siempre inalterable.

La actuación de fuerzas contrarrevolucionarias, en ocasiones declaradas, solapadas otras, dentro de la Unión Soviética y del movimiento comunista mundial, ha sido ampliamente investigada por historiadores, economistas y periodistas de diferentes países, y es bastante conocida del público progresista. Lo que se ha estudiado mucho menos son los testimonios de resistencia popular e interna del Partido ante la oleada contrarrevolucionaria de Jruschev.

Durante mucho tiempo existió la opinión de que los miembros del Partido apoyaron unánimemente las decisiones del XX Congreso del PCUS y de los congresos posteriores. No fue así. Los disidentes eran minoría, pero una minoría considerable. En algunas organizaciones de base del Partido llegaron a representar hasta el 40% de sus miembros. El antiestalinismo no contaba con un apoyo absoluto ni siquiera en las estructuras más subordinadas y disciplinadas, es decir, en las organizaciones del Partido en el ejército. En honor a la verdad, conviene recalcar que la esencia de las reformas antisocialistas que los jruschevitas fueron aprobando, pasó inadvertida para muchas personas debido a la traicionera retórica marxista-leninista que ocultaba la degeneración procapitalista del país. Aun así, la indignación en el Partido y entre la población adquirió a veces tintes de estallido.

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Mitin de Stalin en Baku
Hay que reconocer que en algunos discursos concretos había un componente antirrevisionista. Sin embargo, lo más corriente eran, en especial, las explosiones espontáneas de cólera de las masas contra la violación de las leyes y normas soviéticas por parte del gobierno. Tales protestas no podían sino conectar con el nombre de Stalin, cuya imagen a los ojos de un gran número de soviéticos encarnaba la legalidad socialista, a pesar de todas las “revelaciones” de Jruschev. 

Una de las protestas masivas menos conocidas fueron los sucesos acaecidos hace medio siglo en apoyo del estalinismo en la ciudad azerí de Sumgaít. Antes de pasar a describirlos, me gustaría plantear una cuestión importante.

Los mentirosos profesionales ligan la idea de “represión ilegal” en la URSS sólo al nombre de Stalin, mientras que a Jruschev se le otorga el mérito de la rehabilitación de quienes resultaron injustamente afectados por aquélla. ¡Qué absurdo! En la década de los 30, cuando Jruschev dirigió durante cinco años las organizaciones del Partido en la región de Moscú y en la capital, desencadenó una ola de terror contra los comunistas y contra no militantes, cuyas víctimas, según los cálculos más prudentes, fueron más de 50.000 personas. Stalin se apresuró a calmar al esforzado Jruschev y en 1938 lo envió a Ucrania.

Allí, como primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de la República, Jruschev, de nuevo, se erigió en el campeón en términos de represión. Se ha conservado un telegrama suyo dirigido a Stalin que pone de manifiesto su carácter sanguinario. En él, Jruschev, si no como psicópata, como auténtico sociópata, se queja amargamente de que Moscú, tras un exhaustivo control, aprobará sólo 2 o 3 mil de entre las 17 a 18 mil sentencias mensuales pronunciadas por las autoridades ucranianas.

Una vez más, ¿quién enfriaba el celo patológico de este “humanista” con las manos manchadas de sangre hasta los codos? Stalin. ¿Quién rehabilitó por primera vez a las víctimas del despotismo y bajo la dirección de quién, a finales de los años treinta, se produjo la primera rehabilitación a gran escala? Stalin. Del millón doscientos mil prisioneros que había en un país con 180 millones de habitantes, 350.000 inculpados en causas políticas y penales fueron puestos en libertad. Su inocencia quedó demostrada a diferencia del número considerable de criminales a quienes se rehabilitó indiscriminadamente en los años de Jruschev y de Gorbachov.

La represión de la era de Stalin fue, en realidad, inevitable y previsible lucha de clases bajo las terribles condiciones creadas por el cerco imperialista. Estamos hablando del sufrimiento y la muerte de una insignificante minoría que, por otro lado, causó sufrimiento y muerte a la inmensa mayoría. Fue ése el fatal destino que aguardaba a quienes llevaron la muerte al pueblo. La represión de Stalin se dirigió exclusivamente contra los elementos antisoviéticos y anticomunistas que luchaban contra el socialismo, a menudo con las armas en la mano. En ocasiones, hubo inocentes que sufrieron por culpa de dichos elementos debido a errores judiciales y de investigación. A veces, el número de personas inocentes afectadas aumentaba súbita y dramáticamente a causa de intrigas urdidas por enemigos del pueblo aún sin desenmascarar. Lo más importante e indudable es que la represión, en general, fue de gran ayuda para el desarrollo progresivo del país y para toda la humanidad anticapitalista.

La propaganda burguesa y pseudoizquierdista calla sobre la represión de los verdugos de Jruschev. Y calla sobre la represión y el acoso de Jruschev contra dirigentes y militantes porque su orientación ideológica era inaceptable para los oportunistas y sus fieles lacayos que se alzaron con el poder. En los años 50, Jruschev expulsó de la máxima dirección del Partido al 70% de los miembros del Comité Central de la época de Stalin. Posteriormente, desconfiado y vengativo, modificó la composición del Comité Central en otro 50%. Alteró varias veces la composición de los Comités Centrales de los Partidos Comunistas de las repúblicas, así como la de los comités de las organizaciones regionales, de ciudad y de distrito, en semejante proporción. Fue de ese modo como se impuso la venganza, la persecución de los cuadros, la formación de una corte de delatores y un culto primitivo a una personalidad primitiva.

La fabricación de casos penales y políticos y la difamación en la prensa, las ejecuciones públicas ejemplarizantes de personas honestas y los asesinatos secretos son atributos inequívocos de la represión durante el periodo de Jruschev. Por el mero hecho de chismorrear, se llegó a condenar a ciudadanos corrientes a severísimas penas de cárcel, algo que jamás sucedió con Stalin o que únicamente se castigó por vía administrativa. Los habitantes de Tbilisi, Temirtau, Biysk, Novocherkassk y de otra docena de ciudades del país recibieron balas en respuesta a manifestaciones, reuniones y marchas de protesta contra la política cada vez más antipopular de tiempos de Jruschev.

Pero lo más importante es esto: la represión postestalinista se caracterizó por su tibieza con los antisoviéticos y los anticomunistas. Por el contrario, la represión fue ¡consciente e instintivamente! dura con los estalinistas, que incluso entonces representaban, y siguen representando, un ejemplo sin par de devoción al poder soviético y a los ideales comunistas. A diferencia de los disidentes burgueses, los estalinistas reprimidos no se dedicaron a lloriquear, no recabaron ayuda del extranjero, no escribieron libelos contra nuestra realidad, ni memorias contra la sarta de calumnias que se vertió sobre ellos, ni sobre las torturas que les infligieron los esbirros de Jruschev, ni sobre su destino personal truncado. Y ello, por no arrojar la menor sombra de duda sobre nuestro Estado, aquel Estado que había dejado de existir pero al que, como bolcheviques, como leninistas-estalinistas, permanecieron fieles por siempre.

Aquellos hombres pasan hoy el testigo de esta fidelidad a la cada vez más numerosa generación postsoviética. Después de todo, en esta generación –para alarma e incluso pánico de la burguesía nacional– se está desarrollando un interés creciente por el modo de vida en la era de Stalin, que los jóvenes, en su mayoría, valoran positivamente.

Quiero reseñar que los órganos de la seguridad del Estado de la URSS estaban perfectamente capacitados para poner coto al trabajo subversivo de los disidentes procapitalistas y a sus estrechos vínculos con Occidente. Pero, muy al contrario de lo que proclaman ciertos mitos ampliamente extendidos, cuando actuaron, lo hicieron con comedimiento y, en ocasiones, hasta con reticencias. Ello se debió a que, paulatinamente, tras la época de Stalin, la seguridad del Estado pasó de ser un instrumento digno de confianza y justo de la dictadura de proletariado a convertirse en una maquinaria herrumbrosa del politiqueo pequeñoburgués. Como resultado de todo ello, en lugar de enviar a los disidentes a incómodos campos de trabajo, se les expulsaba ​​a países tan acogedores como los Estados Unidos y Europa, donde se utilizaba todo su antisovietismo para causarnos incluso más daño que cuando estaban en el país. En ese sentido, no existe prueba alguna de que a los estalinistas detenidos por acciones ilegales, aunque de distinto contenido, se les castigara de esa manera. A los estalinistas se les encarcelaba, pero jamás se envió a ninguno a la República Popular China o a la República Popular de Albania, es decir, a los Estados que condenaron activamente la criminal desestalinización.

Las mentiras de Jruschev sobre Stalin provocaron en 1956 los primeros grandes disturbios contra el gobierno, que afectaron a casi toda Georgia y, en especial, a la capital de la república, Tbilisi. Veteranos de guerra, responsables económicos, reconocidas figuras del mundo de la cultura, comunistas, miembros del Komsomol, ciudadanos sin afiliación política, trabajadores, ingenieros, maestros, hombres, mujeres y niños, se echaron a la calle. Muchos se colgaron sus órdenes y condecoraciones. Sin motivo, se les acusó de estar movidos por sentimientos nacionalistas.

Pero entonces, la juventud georgiana, educada en el espíritu del estalinismo, lanzó, entre otras, la siguiente consigna: “¡La patria socialista está en peligro!” Sin la menor vacilación, los revisionistas abrieron fuego contra los manifestantes de Tbilisi. Posteriormente, les acusaron ​​de actividades contrarrevolucionarias y trataron de descubrir, sin éxito, pruebas de una supuesta participación extranjera.

En 1989, en la propia ciudad de Tbilisi, los jóvenes, inflamados por la atmósfera enfebrecida de la Perestroika, gritaban: “¡Abajo el socialismo, abajo la Unión Soviética, abajo los comunistas!” Tras esperar pacientemente, las fuerzas de seguridad los dispersaron, pero nadie disparó contra ellos. El poder de Gorbachov ni siquiera pretendió acusarlos de contrarrevolucionarios, si bien su carácter contrarrevolucionario era más que patente. Asimismo, la impronta de los servicios de inteligencia extranjeros fue tan ostensible, que no hubo necesidad ni de investigar su presunta participación en los hechos. Éstos fueron los frutos de la educación en el espíritu del antiestalinismo.

El escenario y el guion formal fueron los mismos: la capital de Georgia y la manifestación de protesta. ¡Pero cuán sorprendentemente diferentes eran los manifestantes! En poco más de treinta años no sólo habían cambiado las generaciones y las circunstancias, sino también el blanco de la crítica de los actores sociales. Las consecuencias de la desestalinización y el aburguesamiento del pueblo soviético se hicieron palpables. Tbilisi-1956 es estalinismo. Tbilisi-1989 es antiestalinismo.

Otro par de acontecimientos similares ilustrativo: Sumgaít-1963 y Sumgaít-1988. Imaginemos un centro industrial en la costa del mar Caspio con plantas químicas, fábricas de tuberías y de aluminio, maquinaria y materiales de construcción avanzados, una población de más de cien mil habitantes… ¿Qué pasó allí el 7 de noviembre de 1963 durante la conmemoración de la Gran Revolución de Octubre?

Por aquellos días la bacanal de los jruschevitas había alcanzado el paroxismo. En 1961, en el XXII Congreso del PCUS, Jruschev había culminado finalmente su venganza contra el mayor bolchevique después de Lenin: el cuerpo de Stalin fue retirado del Mausoleo. Se demolieron los últimos monumentos consagrados al gran líder, se rebautizaron las últimas ciudades, calles, granjas colectivas y granjas estatales que aún llevaban su nombre. Para el espíritu soviético, tal paso significaba, como mínimo, una violación inaceptable de las normas éticas. La población, desorientada, no organizó protestas masivas pero la indignación a nivel nacional era colosal.

Aún recuerdo cómo tras demoler un monumento dedicado a Stalin en una ciudad de provincia, el lugar que ocupaba se llenó de ramos de flores. Una multitud abatida los lanzaba por encima de un nutrido cordón policial. Por entonces aún vivían algunos veteranos de la Revolución a quienes todo el mundo conocía en dicha ciudad. “Hoy demuelen monumentos a Stalin. Pero esto es sólo el principio. Mañana harán lo propio con los monumentos a Lenin”. Yo, joven colegial, no creí esas palabras proféticas de uno de aquellos veteranos, palabras que han permanecido indelebles en mi memoria.  

El descontento con el poder durante los años posteriores a la muerte de Stalin alcanzó su punto álgido. Millones de trabajadores despreciaban y odiaban a Jruschev, bajo cuyo gobierno subieron los precios, bajaron los salarios, se cerraron iglesias y se suprimieron los huertos unifamiliares. A su vez, la corrupción crecía entre los burócratas y la delincuencia iba en aumento. Los ciudadanos con menos formación, al margen incluso de cualquier actividad política, aquellos que no se planteaban disquisiciones ideológicas y económicas, se daban cuenta de que la URSS se había alejado de su camino y se dirigía hacia otro destino. Con un cierto grado de ingenuidad, se formaron una imagen de la vida sin matices, en blanco y negro, que se resumía en que Stalin era bueno y Jruschev era malo. Y sí, tenían razón. Stalin era un símbolo de una vida mejor y representaba la esperanza de disminución drástica de la injusticia social, tanto para un estudiante ruso, como para un obrero azerí, un intelectual georgiano o un campesino tayiko...
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Molotov, Kruchev y Stalin, antes de la traición de los restauradores
del capitalismo en la URSS


No es de extrañar que el estalinismo fuese considerado por todos como los antípodas del jruschevismo. La lucha entre ambos fue a muerte y en ella los jruschevitas contaron, desafortunadamente, con todas las ventajas, con las ilimitadas posibilidades de maniobra administrativa y todo el poder represivo del Estado.

Muy pronto, este hecho dio lugar a una forma muy concreta de crítica contra el régimen. En los talleres de zapatería (Stalin fue zapatero en su juventud), en los parabrisas de los coches, en las solapas de las chaquetas, por no mencionar en las casas particulares, volvían a verse las imágenes de Stalin, aparentemente erradicadas ya de la memoria popular. Sin embargo, en Sumgaít, ocurrió algo extraordinario en la manifestación festiva de conmemoración de la Gran Revolución Socialista de Octubre.

Antes de relatar lo sucedido, recordaré un hecho significativo que se produjo en un ámbito inesperado, la diplomacia.

El 15 de noviembre de 1963, el embajador de la República de Cuba en la URSS, Carlos Olivares Sánchez, fue recibido por el Comité Central del PCUS a petición suya. Esta vez no se trataba de una cuestión de cooperación bilateral, sino de una queja sin precedentes del embajador. Dijo a los camaradas soviéticos que unos días antes había ido a la embajada el responsable de un grupo de cubanos que se encontraba trabajando en la central térmica de Sumgaít. Esta persona informó al camarada Sánchez de que todo el grupo había sido testigo de una serie de protestas antiestatales el 7 de noviembre. Los trabajadores cubanos se quedaron atónitos ante lo que vieron y oyeron: retratos de Stalin y discursos contrarios a Jruschev. Asistieron al asalto de la multitud a instituciones, tiendas, comisarías; vieron cómo fueron apaleados los dirigentes del Partido y del Komsomol. El jefe de la policía de Sumgaít fue supuestamente secuestrado y asesinado y, más tarde, se produjeron enfrentamientos con las tropas regulares.

Uno de los cubanos también se vio en una situación comprometida al ser atacado mientras fotografiaba la “extraña manifestación”, según la definición del embajador. Sospechando algo, los ciudadanos le acusaron de ser un informador, un traidor y, de acuerdo con el embajador, “le amenazaron con enseñarle las leyes de la hospitalidad caucásica”. Los estudiantes cubanos le pidieron el traslado a otra región de la URSS, lejos del Cáucaso”. El embajador, sorprendido por los detalles del incidente –que los cubanos calificaron de “disturbio estalinista”–, estaba preocupado por la seguridad de sus compatriotas. Pero, según parece, lo estaba aún más por el hecho de que no hubiera aparecido una sola palabra en los medios de comunicación soviéticos sobre un incidente político de tal envergadura.

Es difícil determinar el grado de veracidad de la información que el Comité Central del PCUS transmitió al embajador. Sin embargo, lo que está fuera de toda duda es que el dirigente del Partido de Azerbaiyán en ese momento, V. Akhundov, fue muy astuto al informar a Moscú sobre los acontecimientos de Sumgaít. Tranquilizó a los dirigentes de la Unión asegurándoles que había viajado en persona a Sumgaít y hablado con los alborotadores, que los destrozos no pasaban de casos aislados de vandalismo y que la pandilla de gamberros había permanecido en prisión 15 días. Supuestamente se había enterado de que al trabajador cubano no le habían propinado una paliza por razones políticas, sino por motivos banales: intentó ligar con la novia de un local y recibió lo que se merecía. Los propios cubanos, presuntamente, habrían reconocido también el comportamiento impropio de su desventurado camarada y habrían manifestado su deseo de seguir en Sumgaít.

No dispongo de información sobre si los cubanos se fueron o no finalmente de la ciudad azerí. Es abundante, sin embargo, el material que contiene un análisis exhaustivo de muchos aspectos de la era de Stalin y de la era posterior a Stalin. Sobre esa base, se puede afirmar con seguridad que, durante la era de Stalin, era prácticamente imposible distorsionar informes y mentir a las autoridades superiores. El castigo por prácticas semejantes era duro e inevitable. No obstante, con la llegada al poder de Jruschev, la mentira, el ocultamiento de la verdad y el fraude se convirtieron en un estilo de conducta impune para los funcionarios del Partido y del Estado, incluidas altas autoridades.

A lo anterior, debemos agregar lo siguiente: en Georgia y Azerbaiyán, las ofensas contra los sentimientos nacionales estaban relacionadas objetivamente con el estallido social. Georgia no podía perdonar a Jruschev el asesinato político de Stalin y el asesinato físico de uno de sus hombres más cercanos, Lavrenty Beria (a quien se calumnió tanto como al propio Stalin). Ambos eran georgianos. Azerbaiyán vivió una experiencia similar con el fusilamiento de Mir-Djafar Bagirov, aliado igualmente fiel de Stalin, amigo de Beria y uno de los hijos más notables del pueblo de Azerbayán en el pasado siglo.

Viejo bolchevique y chekista, participante en la Revolución y la guerra civil, Bagirov fue primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Azerbaiyán durante veinte años. Detenido en 1956 y acusado de cargos urdidos por los jruschevitas, fue condenado a muerte en una parodia de juicio. Con él, a un gran número de miembros del Partido azerí, de funcionarios estatales y de los cuerpos de seguridad cuya única culpa era, las más de las veces, haber sido nombrados por Bagirov, les cesaron de sus cargos y les expulsaron del Partido. Sin embargo, Bagirov gozaba de una inmensa popularidad entre los obreros y los campesinos. Después de su detención, ciudades y pueblos enteros de la república escribieron cartas en su defensa al Soviet Supremo de la URSS. Querido por el pueblo, Bagirov fue la personificación de la oposición al régimen de Jruschev.

En una palabra, los disturbios más violentos de los trabajadores se produjeron en el territorio del Cáucaso y terminaron en forma de severa represión de las posiciones prosoviéticas, es decir, de las masas y de los militantes proestalinistas, por parte de los jruschevitas. Casualmente, durante su estancia en Pitsunda (Abjasia) en 1964, Jruschev fue detenido y, de hecho, conducido por la fuerza a Moscú, donde el Pleno del Comité Central del PCUS le cesó.

Mientras el Kremlin difamaba a Stalin, los ciudadanos de Sumgaít mostraban su amor por él. En el curso de una investigación posterior, el Fiscal de la República Socialista Soviética de Azerbaiyán, S. Akperov, informó al Fiscal General de la URSS, R. Rudenko, de lo siguiente: en la ciudad de Sumgaít no era la primera vez que se mostraban retratos de Stalin durante una manifestación. Tales casos ya habían sucedido en las manifestaciones del 1 de mayo de 1962 y 1963 y en las conmemoraciones de octubre de 1962. Los manifestantes solían llevar pequeños retratos de Stalin o tarjetas postales con las que nadie se metía; sin embargo, esta vez alguien había llevado una pancarta gigante a la plaza.
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Jules Perahim, El camino hacia la paz (representación del significado de
Stalin para los trabajadores y los pueblos de la URSS y del mundo)

Hay que recordar que el jruschevismo, con su feroz antiestalinismo, imperaba en el país, y que los dirigentes de Moscú podían considerar las muestras de indulgencia para con los desafíos con tintes de sedición –la oposición a la postura oficial sobre Stalin– como un delito. Las autoridades locales, temerosas de ser acusadas de indulgencia con los estalinistas, lo cual fácilmente podía suponer el final de sus carreras, la expulsión del Partido o algo peor, decidieron acabar con “esta errónea tradición popular”, como solían decir.

En otras palabras, no podían tolerar ningún tipo de agitación. El gobierno de la ciudad decidió combatir el amor del pueblo por Stalin de manera expeditiva. Se dio la orden a los oficiales de policía, a los druzhinniki (activistas públicos que les ayudaban) y a los funcionarios encargados del paso de las columnas de manifestantes, de que retiraran cualquier retrato de Stalin que pudiera aparecer.  

A las 10 de la mañana, se pusieron en marcha las columnas de obreros por la plaza central de la ciudad. Tocaba la orquesta. Los oradores lanzaban consignas y brindis en honor del PCUS y de su dirigente, el fiel leninista” Nikita Jruschev. El fiel leninista”, satisfecho de sí mismo, miraba a los manifestantes desde su enorme retrato que colgaba de la fachada del Palacio de la Cultura, situado en la plaza. Nada rompía el orden solemne cuando, de repente, todo se fue al traste. Para horror de los dirigentes que estaban en el podio y júbilo de los ciudadanos corrientes que asistían al desfile, un retrato de Stalin comenzó a ondear sobre las columnas de manifestantes.

A las 11:30 de la mañana, comenzaron los disturbios en la plaza. Según los informes de la fiscalía azerí, la causa no fue ni siquiera la aparición del mencionado retrato, sino el hecho de que uno de los manifestantes llevara un alfiler con el rostro de Stalin. Un probo funcionario del Partido trató de quitárselo. Peor aún. El druzhinniki esposó al estalinista” y lo arrastró hasta el coche de la policía. Los manifestantes, lejos de asustarse, defendieron a su camarada. En cuestión de segundos, dispersaron a los druzhinniki, apalearon al zafio funcionario y apedrearon el coche de la policía.

Aquel enfrentamiento causó una gran impresión en la columna de trabajadores de la fábrica de tuberías. Envalentonados, los obreros se detuvieron, dieron media vuelta y se dirigieron hacia la tribuna. Como las intenciones de la columna no auguraban nada bueno para las autoridades de la ciudad que se encontraban en el palco, pusieron éstas pies en polvorosa. Más tarde, a modo de justificación, dichas autoridades se quejaron y aseguraron a varias comisiones de encuesta que habían entablado, supuestamente, un diálogo pacífico con los manifestantes que aplacó su comportamiento.

Para espanto de los funcionarios del Partido, en lugar de las consignas habituales, por los altavoces se hacían llamamientos a favor de la dimisión de Jruschev y del Politburó, y se exigía el abastecimiento de alimentos para la población. (Debido a las reformas de mercado iniciadas por los jruschevitas, absolutamente contrarias a la economía socialista, la distribución se encontraba en un estado deplorable no sólo en Azerbaiyán, sino en todo el país). Entre los silbidos y burlas de las columnas de trabajadores que iban llegando, se oyeron insultos descarnados contra Jruschev. Por el contrario, por los altavoces tronaban los vivas exultantes a Stalin.

En uno de los coches adornados para la fiesta que pasaba por la plaza, según se informó posteriormente en un mensaje reservado al Comité Central del PCUS, apareció de repente un joven, cuya identidad aún no se ha determinado, que empezó a agitar una fotografía de Stalin. Un grupo de druzhinniki trató de llamar al orden al infractor. Como respuesta, un grupo de unas 100 personas arremetió contra los druzhinniki y se produjo una pelea”.

De hecho, la muchedumbre constaba al principio de cientos de personas, a las que se fueron sumando miles, que resistieron ferozmente a las fuerzas del orden. Pronto, los manifestantes, con un apoyo cada vez mayor de los vecinos de la ciudad, pasaron a la ofensiva total y la policía tuvo que retirarse. Arrancaron el enorme retrato de Jruschev que colgaba en el Palacio de la Cultura y lo hicieron jirones. Con estruendoso alborozo de las masas, también derribaron los retratos de los dirigentes del PCUS de las gradas.

Después, los trabajadores llevaron a la tribuna a un miembro de la policía de la ciudad a quien habían tomado como rehén. Lo inmovilizaron, lo metieron en un autobús y lo llevaron a la comisaría con la intención, muy probablemente, de negociar el destino de varios rebeldes” a quienes la policía había logrado detener al principio. Al mismo tiempo, los manifestantes que se habían subido al techo del autobús llamaban a gritos a levantarse contra el régimen de Jruschev.

Simultáneamente, el sonido de los cristales rotos de las comisarías resonaba por todas partes. Los policías, que hasta ese momento no habían hecho uso de sus armas de fuego, empleando tan sólo las porras, optaron por encerrarse y atrincherarse, por lo que el ayuntamiento quedó indefenso. Muebles, archivos e incluso algunos miembros del consistorio salieron volando por las ventanas del edificio tomado por los manifestantes.

A su vez, los ciudadanos se concentraron a las puertas de la comisaría central de Sumgaít donde comenzaron a levantar el pavimento y a lanzar adoquines contra las ventanas y los guardias. Doblegaron la resistencia de los policías que les disparaban y penetraron en las dependencias policiales y en las celdas donde se encontraban los detenidos. Dos coches patrulla que había en el patio resultaron dañados y todas las motos quemadas.

Más tarde, la policía afirmó haber disparado al aire. Sin embargo, en los alrededores del edificio, resultó herido de bala un muchacho de 12 años que, según la versión oficial, fue la única víctima del ataque contra la comisaría central de Sumgaít. No obstante, según testigos presenciales, el número de heridos de bala en dichos sucesos ascendió a 20 o 30 personas. Se cree que las autoridades ocultaron la muerte de dos asaltantes. Además, se informó oficialmente de que un miembro de las fuerzas del Ministerio de Interior había resultado muerto en los incidentes y otro herido por arma de fuego.

A pesar de que Sumgaít se encuentra a tan sólo 30 kilómetros de Bakú, capital de Azerbayán, la llegada de refuerzos para apoyar a la policía local se demoró mucho. Sólo a la caída de la tarde llegaron unidades armadas de las fuerzas del Ministerio de Interior para reprimir la revuelta. Hasta altas horas de la noche se sucedieron las redadas y las detenciones, pero era imposible arrestar a toda la ciudad.

Jruschev estaba furioso. ¡El pueblo se había levantado contra su propia persona! En todo ello Jruschev vio las intrigas de estalinistas organizados que buscaban su desquite político.            

Desgraciadamente, no hubo resistencia organizada frente a la deriva oportunista. Es cierto que un año más tarde se produjo la destitución de Jruschev, planificada, sin duda, al detalle, pero no por los estalinistas, sino por los capitostes de la misma línea oportunista y revisionista. Antes de saltar en el tiempo desde 1963, me referiré a tales sucesos brevemente.

El régimen de Jruschev resultó ser el colmo de la zafiedad y de la incompetencia de los titiriteros que actuaban entre bambalinas. Si el culto a la personalidad de Stalin era de una solemne majestuosidad, el autobombo que cultivaba Jruschev era pomposo hasta lo caricaturesco. Mientras las cosas no dejaban de empeorar en el país, Jruschev se pasaba el tiempo viajando por el extranjero. Acompañado de un séquito imponente, despilfarrando el dinero del pueblo, visitó 36 países de todos los continentes excepto Australia. Visitó muchos países varias veces. Hasta sus aduladores más incondicionales estaban hartos de los caprichos, las excentricidades y los impredecibles bandazos del zarandillo Jruschev.

El sector favorable a Jruschev en el seno del movimiento comunista mundial también degeneró y se descompuso: el XX Congreso del PCUS no sólo desunió y escindió, sino que, literalmente, desgarró y despedazó el movimiento comunista internacional. Los jruschevitas extranjeros, incluidos quienes, en apariencia, actuaban guiados por las buenas intenciones, despreciaron los mandatos no sólo de Stalin, sino también de Lenin y Marx, en relación con la más estricta de las obligaciones: preservar la unidad de los comunistas como la niña de sus ojos.

Desafortunadamente, Jruschev, al ser destituido en 1964, no fue juzgado por sus crímenes, sino tan sólo expulsado y sustituido por Breznev. La nueva dirección del país consiguió ralentizar el proceso catastrófico de desintegración, pero no prohibió el antiestalinismo sino que lo camufló bajo la calificación de fenómeno antipopular. Por lo demás, el desmantelamiento de los cimientos comunistas por medio de la desestalinización de la economía y la política no se detuvo. La paradójica formación soviético-antisoviética de los cuadros se reflejó involuntariamente en la mentalidad de los comunistas extranjeros y de los amigos de la URSS. Fuera de nuestro país, el proceso de desestalinización “estalló” precisamente en la época de Breznev.

Los responsables de la destrucción del socialismo en la URSS 
Llegados a Sumgaít desde Moscú por orden de Jruschev, los inspectores de los servicios centrales del KGB acusaron a las fuerzas del orden locales de negligencia en su cometido y de haber tratado de proteger y justificar a las incompetentes y deshonestas autoridades de la república.

Según las autoridades azeríes, no había pasado nada extraordinario: tan sólo una algarada. Según la versión de los investigadores de Moscú, se trató de un levantamiento por motivos económicos y políticos con tintes, incluso, de insurrección premeditada. En su informe, se mencionabannimiedades” como el estado de ánimo o las conversaciones de los manifestantes que iban en las columnas, señalando que nadie sonreía ni daba muestras de estar de fiesta. Discutían de la carestía de los precios, la escasez de productos alimenticios y la corrupción en las estructuras del poder. Y, ni que decir tiene, se acordaban de Stalin...

Como la manifestación fue espontánea, no resultó posible descubrir a los “organizadores” de los disturbios. Seis personas fueron condenadas a varios años de prisión como instigadores”. Además, se les procesó por motivos penales y no políticos. De ese modo, se evitaba castigar a la dirección local del Partido, algo que inevitablemente habría dado amplia publicidad al mensaje proestalinista de los trabajadores, que, a su vez, podría haberse traducido en una oleada de descontento y de huelgas políticas por todas la Unión Soviética. Los jruschevitas debieron de considerar que la mejor manera de salir del paso era echar tierra sobre los sucesos de Sumgaít.

Quizá merezca la pena mencionar los nombres de algunos de los participantes en aquellos acontecimientos –todos ellos personas corrientes–, según la documentación que nos ha llegado. M. Alimirzoyev y Y. Makhmudov fueron los dos jóvenes obreros que arrancaron los retratos de los miembros del Politburó; el obrero N. Shevchenko zarandeó a un policía; otro obrero, A. Mahmudov, fue quien gritó por megafonía “¡Por la patria! ¡Por Stalin!” y quien llamó a derrocar al gobierno. A lo que azeríes, armenios, rusos, lezguinos, tártaros, ucranianos, ávaros, moldavos y miembros de otras nacionalidades que vivían y trabajaban en Sumgaít respondieron con clamorosos hurras.

El nombre de A. Kerimov, de triste recuerdo, figura en los archivos como el del rudo funcionario del Partido que le arrancó el alfiler con la efigie de Stalin a un manifestante. Hasta se conocen los nombres del muchacho herido en las proximidades de la comisaría central –A. Aivazov– y del estudiante cubano a quien golpearon –D. Grant.

Este último, como es evidente, no recibió una paliza por el fantástico motivo de haber tratado de ligar con la novia de un local. Que un extranjero se pusiera a hacer fotos a una multitud airada no era en modo alguno tranquilizador. Pero, ¿qué cabía esperar de los cubanos? Inocentes como eran, los cubanos, por decirlo de manera suave, no comprendieron absolutamente nada del estalinismo y creyeron a pies juntillas la propaganda jruschevita. A su vez, la Cuba revolucionaria procedió a menudo de modo estalinista en la escena internacional y, en muchos ámbitos, también en el plano interno los cubanos se comportaron como verdaderos comunistas, es decir, estalinistas. El hecho de que Fidel Castro no fuera consciente de ello y de que, más intuitiva que científicamente, actuara a la manera estalinista, no empequeñece sus extraordinarios méritos. Bajo su dirección, una pequeña nación insular se mantuvo firme frente a la monstruosa agresión del imperialismo, ante las narices mismas de un país de trescientos millones de personas que era el poderoso, pero inepto, enemigo del Estado soviético.

Muchos comunistas cubanos se sienten incómodos por sus pasadas críticas a Stalin y guardan silencio sobre esta página gris de su historia. Es más, hasta cierto punto, merecen el digno título de estalinistas. Y si algunos cubanos aún no perciben esta circunstancia correctamente, es, de nuevo, por su imperfecto conocimiento de la alta doctrina filosófica de Marx, Engels, Lenin y Stalin.

Lo repito una vez más: el hecho de que los obreros azeríes, llevados por la desesperación, convirtieran a Stalin en el arma con que arrasar las instituciones, golpear a los funcionarios y echarlos de la ciudad, no es sorprendente. Jruschev personificaba los fracasos en el desarrollo del país y la injusticia; Stalin, los éxitos y la preocupación por el pueblo. Por lo tanto, los trabajadores no se levantaron, en realidad, contra el poder soviético, sino en su defensa. Lo defendían de Jruschev, de la mentira, de la vuelta del país al camino capitalista. Sin saberlo, querían salvarlo ya del futuro desastre que iba a acaecer bajo Gorbachov.

Tampoco otras informaciones, cuyos detalles duermen en archivos secretos, resultan, pues, sorprendentes. Los obreros de Sumgaít iban a repetir el 1 de mayo de 1973, con ocasión del vigésimo aniversario de la muerte del dirigente, actos similares en recuerdo de Stalin. Sin embargo, esta vez el KGB estaba sobre aviso y adoptó medidas preventivas para impedir los altercados. También intervinieron otros factores en este caso. En particular, el consumismo cada vez mayor de sectores considerables de la sociedad soviética, su despolitización y pérdida de valores, en especial la conciencia de clase, de obreros y campesinos...

He aquí la trágica continuación de la historia: la misma ciudad de Sumgaít, 27 a 29 de febrero de 1988.

¿La misma? ¡Oh, no! El escenario es el mismo, pero las pasiones son ahora completamente diferentes. El régimen de Gorbachov se ha impuesto en el país y los habitantes de la ciudad, cuyo tono ya no lo marcan los obreros sino elementos del hampa, se enfrentan efectivamente al poder soviético. Aparentemente, los disturbios adoptan la forma de salvaje pogromo antiarmenio. Los armenios eran el segundo grupo nacional más numeroso de Azerbayán. Antes de la Revolución de Octubre, las hostilidades y choques entre azeríes y armenios eran constantes. La política nacional leninista-estalinista, juiciosa y estrictamente científica, acabó con ellos, así como con otros antagonismos. La incompetencia política de Jruschev y Breznev reavivó el conflicto, lo que aprovechó Gorbachov para sus planes de destrucción.

El balance del pogromo de 1988 en Sumgaít fue, oficialmente, de docenas de personas muertas. En realidad fueron centenares. Antes de dichos acontecimientos, la Administración no pudo –léase no quiso– proteger a los azeríes del estallido de sentimientos chovinistas en tierras armenias. Cuando el chovinismo revanchista se trasladó a tierras de Azerbayán, tampoco pudo proteger allí a los armenios.

Es más correcto afirmar, sin embargo –y hay muchas pruebas en ese sentido–, que Gorbachov y su banda provocaron deliberadamente la matanza entre azeríes y armenios e imposibilitaron la adopción de medidas para ponerle coto. A las fuerzas que, con enorme retraso, se enviaron a Sumgaít, se les había prohibido el uso de armas de fuego contra los sublevados. Resultó de pronto que en una ciudad otrora famosa por su internacionalismo, la población era totalmente vulnerable a los virus del antisovietismo y el antisocialismo. Decenios de antiestalinismo habían corrompido al pueblo.

Las manifestaciones de intolerancia étnica eran infrecuentes en el vasto espacio multinacional de la URSS estalinista. La dictadura del proletariado sabía cómo lidiar con los males sociales, nacionales, etc. En los 50, no obstante, los revisionistas del Kremlin liquidaron en los niveles legislativo y ejecutivo la dictadura del proletariado, que era el corazón mismo del Estado socialista.

La época de Stalin llegaba a su fin y con ella la posibilidad de un nuevo mundo: comenzaba el retroceso, una vuelta atrás dialéctica y prolongada. En el interior de la Unión Soviética, no sólo hubo acciones e inacciones destructivas y sin sentido, sino también saltos adelante en términos de desarrollo, actos extraordinarios de creación acelerada, renacimientos puntuales de la cultura, la ciencia y la tecnología. En el exterior, se produjeron éxitos diversos en la extensión de la influencia comunista en el mundo. Sin embargo, debido a la decadencia general provocada por la desestalinización, esos saltos se hicieron cada vez menos frecuentes y enérgicos, al tiempo que los fracasos se volvieron cada vez más habituales.

Había pasado un cuarto de siglo entre la primera rebelión de Sumgaít y la segunda. Aquella buena vida despreocupada bajo el antiestalinismo crujió, mientras algunos ponían todo su empeño en sembrar un chovinismo putrefacto. Fueron éstos quienes se alegraron y se beneficiaron del hundimiento de la URSS. El humanismo del Estado postestalinista desapareció y retornó la barbarie. El pueblo soviético recogió en todos los rincones de su patria y de diferentes maneras los frutos del antiestalinismo. Aún seguimos recogiendo hoy en día los frutos del naufragio del poder soviético. Se puede decir aún más. Fue el vector antiestalinista de desarrollo el que hundió la Unión Soviética, estimulando la agresión indisimulada de Occidente contra los países y naciones que no se someten a sus planes y provocando millones de víctimas. La agresión se extiende y se agrava. Ésos son, efectivamente, los frutos que está recogiendo todo el planeta.

Lavrentiy Gurdzhiyev
Traducido el 8 de abril de 2017 al inglés por Polina Brik, del American Party of Labor
Traducido al castellano de la versión inglesa por la Red de Blogs Comunistas (RBC)

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