27 de julio de 2015

Miguel Enriquez y el MIR: PUEBLO, CONCIENCIA, FUSIL

Miguel Enriquez fue uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) chileno, surgido  de una ruptura de todos los sectores revolucionarios con la política formal de la época, tras el la tercera derrota de Allende en las urnas en 1964, que significó el triunfo de Frei. En la nueva formación había marxistas (como la Vanguardia Revolucionaria Marxista, de Miguel Enríquez y Bautista Van Schowen), anarquistas, cristianos (como Maroto y Clotario Blest), trotkistas (Partido Obrero Revolucionario), maoístas (del PC revolucionario) y otros grupos sociales, incluidos mapuches, campesinos, pobladores e intelectuales.

Durante dos años, subsistieron en una unidad instrumental, pero la lucha concreta hizo que se definieran por posiciones marxistas revolucionarias y salieran del MIR los trotkistas y las anarquistas en el Congreso de 1967. En esencia, la disputa principal que dio lugar a su nacimiento fue su rechazo a la via parlamentarista del Partido Socialista y de los comunistas, que se demostrara en septiembre de 1973 el gran error de Allende y la Unidad Popular.. Los integrantes del MIR sabían con creces que el poder no se puede conquistar mediante unas elecciones burguesas, y que solo un proceso revolucionario puede crear las circunstancias para la toma del poder de la clase obrera.

En todo caso, Miguel Enríquez y el MIR fueron los grandes olvidados de la lucha revolucionaria chilena tras el triunfante golpe de estado de septiembre de 1973,  mitificándose el intento fracasado  de Allende de llevar a cabo una revolución por vias democráticas, algo que se ha demostrado imposible en todas las experiencias históricas, mientras se cubria un manto de silencio ante las propuestas del que, sin embargo, siguió luchando tras el triunfo golpista contra el capitalismo y la dictadura hasta su muerte.

El MIR fue creado en 1964 y a inicios de 1966, Enríquez viajaría a China integrando una delegación de la Federación de Estudiantes de Concepción, donde toma contacto con el maoismo, y durante su regreso visita Perú donde se reune con difererentes organizaciones sindicales y políticas influenciadas por los avances de la Revolución China, el ejemplo de la resistencia vietnamita y el proceso descolonizador y antimperialista. 

En 1971 el presidente Allende le ofreció un puesto en su gobierno, pero Enriquez y el MIR, al contrario que el Partido Comunista de Chile, defensor como Allende de la via parlamentaria, declinó con delicadeza el ofrecimiento explicándole que si bien el MIR compartía gran parte del programa de la UP, no cree posible llevar a cabo ese cambio revolucionario en los marcos de la institucionalidad existente y mediante un proceso gradual de reformas, ya que la derecha no las respetaría y recurriría al boicot y la violencia para derrocar su gobierno. Por lo tanto, era necesaria la movilización directa de las masas y crear una capacidad de defensa armada en el movimiento popular, atrayendo a los militares progresistas. Allende no compartía esta politica y se equivocó, como sabemos.

Aun asi, en las elecciones de 1973 participaria en las elecciones apoyando a la Unidad Popular de Allende, junto al propio Partido Socialista, el Partido Comunista y otros partidos de la izquierda chilena, aunque dejando claro que únicamente como forma de defender al gobierno frente a la ofensiva de la ultraderecha, dirigida por Estados Unidos.

Sin embargo, Enriquez, que siempre tuvo claro que la unica manera de defenderse de la burguesia era pasar a la ofensiva, armar a los obreros para hacer la revolucion para instaurar una dictadura del proletariado, afirmaba que "Participaremos en las elecciones buscando ganar la fuerza para hacer entrar en crisis al parlamento y al orden burgués (...)"No nos hacemos falsas ilusiones. Ni con las elecciones los trabajadores conquistarán el poder, porque la burguesía no está dispuesta a acatar las mayorias parlamentarias, ni toda la fuerza del pueblo se expresará en los resultados electorales. Sabemos que las elecciones nunca resuelven por sí mismas los problemas de las clases, solo los plantean"

En junio de 1973, cuando se produjo el "tancazo", en el que un grupo de militares intentó tomar el poder rodeando el Palacio de La Moneda con sus tanques, las banderas rojinegras del MIR ondearon junto a la bandera chilena y las banderas de los partidos de toda la izquierda, cuando miles de hombres y mujeres del pueblo rodearon el palacio  para defender al compañero presidente y exigir castigo a los golpistas.

Este fue un momento decisivo que determinó la derrota del proceso revolucionario, porque el MIR no se decidió a repartir las armas al pueblo -que uniformados izquierdistas estuvieron dispuestos a entregar- por temor a provocar un enfrentamiento con el gobierno y dividir el movimiento popular, ni el gobierno aprovechó esta victoria para intervenir dentro de las FF.AA. y sancionar y destituir a los golpistas. Dos meses después, Pinochet y sus secuaces darían el golpe definitivo que pillaría al pueblo chileno desarmado.

 La Declaración de Principios del MIR aprobada en el Congreso Constituyente de 1965 expresaba que:

"Las directivas burocráticas de los partidos tradicionales de la izquierda chilena defraudan las esperanzas de los trabajadores; en vez de luchar por el derrocamiento de la burguesía se limitan a plantear reformas al régimen capitalista, en el terreno de la colaboración de clases, engañan a los trabajadores con una danza electoral permanente, olvidando la acción directa y la tradición revolucionaria del proletariado chileno. Incluso, sostiene que se puede alcanzar el socialismo por la "vía pacífica y parlamentaria", como si alguna vez en la historia de las clases dominantes hubieran entregado voluntariamente el poder".

En su artículo VII:

"El MIR se organiza para ser la vanguardia marxista-leninista de la clase obrera y capas oprimidas de Chile que buscan la emancipación nacional y social. El MIR se considera el auténtico heredero de las tradiciones revolucionarias chilenas y el continuador de la trayectoria socialista de Luis Emilio Recabarren, el líder del proletariado chileno. La finalidad del MIR es el derrocamiento del sistema capitalista y su reemplazo por un gobierno de obreros y campesinos, dirigidos por los órganos del poder proletario, cuya tarea será construir el socialismo y extinguir gradualmente el Estado hasta llegar a la sociedad sin clases. El MIR rechaza la teoría de la "vía pacífica" porque desarma políticamente al proletariado y por resultar inaplicable, ya que la propia burguesía es la que resistirá, incluso con la dictadura totalitaria y la guerra civil, antes de entregar pacíficamente el poder. Reafirmamos el principio marxista-leninista de que el único camino para derrocar el régimen capitalista es la insurrección popular armada".
Un año después del golpe de estado de septiembre de 1973 Enriquez fue asesinado por fuerzas militares en Santiago, tras haberse convertido en el lider del principal grupo de resistencia armada contra la sangrienta dictadura de la CIA a través de sus títeres del ejército.



La siguiente canción fue un homenaje de Silvio Rodriguez a Miguel Enríquez, interpretada en el concierto ofrecido en Barcelona dos años después de su muerte en combate, "Canción sobre la indecisión"; uno de sus versos define con claridad el destino de la frustrada Revolución Chilena: "Por un fuego que no ves a tiempo, puede no salir el sol".



Y por último, compartimos el himno del MIR, cuyo lema, "PUEBLO, CONCIENCIA, FUSIL", dejaba claro cuál es el único camino posible para la emancipación de la clase trabajadora: el del combate.

1 comentario:

Rafael Domínguez Losada dijo...

¡Joder! Hay que avisar a Podemos por estos lares en que subsisto, ya que ocupados como los vi hace tiempo repartiéndose posibles cargos y contando adoquines por reponer (quizá también para sus cabezas y asentar esos sillones de ensueño y me da que ello es así a nivel nacional), me da que no se enteraron de que su *no proyecto* de pequeños restauradores no tiene futuro. Yo les iba a hablar de proyecto, pero no me recibieron bien y me fui, si mal no recuerdo, dando algo así como un portazo. Aunque igual no fue así, porque siguen remitiéndome correos, pese a que me he manifestado como *no* creyente. Ahora me da corte el dirigirme a ellos para prevenirles de que la cosa va de ceñirse los riñones (ellas lo que tengan de suyo) y, en consecuencia, de olvidarse de sueños en pequeño, así como de pasear el perrito y similares. ¿Cómo haremos para que se enteren? Manos, que me da corte y pereza tan solo de pensar en volver a dirigirme a ellos; no vaya a suceder que me hagan vivir también ellos la fábula del bien constituido en el país de los jorobados, del que la gentecilla se reía porque no llevaba joroba. Na', que también yo vuelvo a la agradecida labor de pasear a mis perritos, que jamás me ofendieron y hasta me morrean sin importarles mi mal aliento, y dejo a estos humanistas que no dudo que en gran medida han adquirido formación universitaria para peones titulados mono-disciplinados.
-Lo que sigue, consecuencia de la anterior inferencia, por favor no se lo digáis a nadie: *No es de extrañar que después existan tantos trepas*.

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