29 de enero de 2015

Biografías de la antitransición: Marcial Suárez, biografía y artículos

El objeto de la serie de biografías que hemos titulado “Biografías de la Antitransición”, cuya primera entrega publicamos ahora, es doble, doblemente revolucionario, entiéndase: por un lado, arrebatar de los tentáculos del olvido a que los ha arrojado el régimen actual a una serie de intelectuales que jamás se dejaron seducir por los cantos de sirena de la monarquía del 78, o por mejor decir, del 69, año en que el régimen fascista designó al monigote borbónico como sucesor del sangriento tiranuelo golpista nacido en El Ferrol; por otro, y quizá más importante, recuperar para la causa revolucionaria, de ruptura abierta contra este presente, a unos hombres y mujeres de quienes cierto progresismo travestido de radicalidad echa mano de cuando en cuando, pretendiendo hacerlos digeribles al delicado estómago pequeño burgués, para tratar así de desacreditar resistencias u organizar tablados de farsa electoral con que seguir dando cuerda al insoportable régimen imperante en el basurero capitalista en que vivimos. Para que a nadie quepa duda nos referimos a los vacuos teorizontes de la agresión de la OTAN contra Libia y Siria, a los filosofastros de la rendición de Euskal Herria.


Precisamente, como se verá, en muchos de los biografiados la resistencia vasca desempeñó un papel de guía, de faro, de sus inquietudes intelectuales y revolucionarias. La amplia negativa del pueblo vasco a someterse al sainete borbónico y su heroica resistencia, que venía de atrás y se prolongaba como un destello luminoso entre las sombras, siniestras y diestras, de la “joven democracia”, sirvió de aglutinante de un pequeño grupo de intelectuales en que la figura colosal de José Bergamín hizo las veces de eslabón entre la generación que se batió en los campos de batalla contra el fascismo en la Guerra Revolucionaria de 1936-1939 y la que ahora, entonces, se negaba a embaular el inmenso trágala de mentira y desmemoria que tan bien representa la sonrisa campechana y babosa del monigote borbónico de turno.

No era tarea sencilla la de luchar contra la que se nos venía encima. Casi todos se habían subido a ese carro de los muertos vivientes, bautizado por la propaganda democrática como “Transición”; y cada cual con una misión bien definida: a Carrillo y su camarilla de traidores les tocaba desarticular el movimiento obrero y sus capacidades de autoorganización y lucha; a Arzallus y los nacionalistas vascos burgueses, mantener a Hegoalde dentro de España; a los “reformistas”, con Suárez a la cabeza, constitucionalizar a los asesinos y torturadores que habían dado 40 años de tranquilidad a la burguesía española.

Gracias, por una parte, a la resistencia popular, que vive en nuestra memoria en nombres como Reinosa, Euskalduna, Astander, la cuenca minera asturiana, los jornaleros andaluces, los astilleros gaditanos o, más recientes, como Gamonal o Can Bies, y, por otra, a los ensayos, los poemas, los artículos, incluso los sermones, de los biografiados, el éxito de la burguesía fue parcial, incompleto.

A todos ellos nuestro humilde homenaje.

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MARCIAL SUÁREZ, UN ESCRITOR COMUNISTA GALLEGO

[Los breves datos biográficos de Marcial Suárez que os ofrecemos a continuación están extraídos de fuentes públicas que pueden encontrarse en Internet y, especialmente, de la nota necrológica que publicó Carlos Gurméndez en El País.

Nuestra intención con estas “Biografías de la Antitransición” es acercaros o presentaros a intelectuales, cuya obra literaria permanece oculta y silenciada por mor de las políticas culturales del régimen actual. Ello no significa, sin embargo, que sean inaccesibles. A través de Internet –en librerías de viejo- es posible localizar, como en el caso también de Pablo Sorozábal Serrano o Xirinacs, las obras que nos legaron y que es deber nuestro conocer y estudiar.

En los artículos de Marcial Suárez que hemos editado y que aparecieron todos en el diario El País, se puede observar su compromiso político inquebrantable con el socialismo, la Unión Soviética, la defensa del marxismo o la lucha contra el revisionismo. Pero también su constante preocupación por la cultura y, sobre todo, por lengua castellana, tantas veces maltratada por quienes dicen defenderla.]

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Fotografía en blanco y negro de José Hierro posando con otros siete hombre, todos de traje y corbata
Congreso de Poesía (Segovia, 1952). De izquierda a derecha: Hierro, José Suárez Carreño,
Ricardo Gullón, Vicente Aleixandre, José María Alonso Gamo, Marcial Suárez,
Carlos Bousoño y Leopoldo de Luis. Foto del CVC

Marcial Suárez nació en Allariz (Ourense) en 1918 y murió en Aguieira-Porto do Son (A Coruña) en 1996.

Licenciado en Derecho, durante 14 años Marcial Suárez fue redactor de Radio Madrid. A partir de los años sesenta desarrolló su labor profesional en el mundo editorial. En 1976 fue elegido presidente de la Asociación Profesional Española de Traductores e Intérpretes (APETI).

Ya en su primera obra, La llaga (1948), novela calificada de socialrealista, se percibe su tendencia a llegar a las profundidades de la lógica humana y a estudiar al hombre en situaciones dramáticas. Calle Echegaray (1950) narra la vida de un grupo de amigos y, en su momento, se comparó con La colmena de Camilo José Cela, aunque la diferencia es radical, pues el realismo de Marcial Suárez es humanista y nada tiene que ver con el naturalismo pintoresco del que fuera censor con el franquismo y premio Cervantes con la monarquía que le sucedió. En el teatro Infanta Beatriz de Madrid, el 27 de octubre de 1965, estrenó Marcial Suárez Las monedas de Heliogábalo, que obtuvo el Premio Isaac Fraga (1965), obra existencialista que recuerda por sus afinidades dramáticas al Calígula de Albert Camus. “Marcial Suárez condena la irracionalidad de la tiranía y la validez de la tiranía de la razón en cuanto se enfrenta con el tirano irracional”, dijo Carlos Sáenz de Robles. El Premio Lope de Vega le fue otorgado por su obra Dios está lejos, título inspirado en un verso de Antonio Machado, estrenada en el teatro Español de Madrid el 18 de septiembre de 1987. Obra dramática de implacable crítica contra una sociedad injusta que deshumaniza, envilece y en la que el hombre es una pura víctima. Sin embargo, no es una obra de tesis ni discursiva, pues las ideas están ligadas al desarrollo de la acción, y como llamas fulgurantes surgen expresiones definitivas. Por ejemplo, Rosario, la prostituta, cuenta: “Un curita me dijo una vez: ‘La Magdalena era una pecadora y lavó los pies de Jesús’; yo le contesté: ella tenía a Dios al alcance de la mano y yo no”. Eduardo Haro escribió en El País: “Excelencia del diálogo apretado y rápido, irónico y con voluntad de crear una trama inexpugnable”. Marcial Suárez volvió a la novela con el primero y segundo volumen de El agua y el vino, publicados en la colección Memoria Rota, Exilios y Heterodoxias, de la editorial Antropos, y fue definida como la novela de la clandestinidad. Es la lucha antifranquista de unos personajes reales, cuya trayectoria política se analiza con acierto y profundidad.

Por último, debemos recordar una obra escrita en gallego, O acomodador e outras narracions (1969). Es un espléndido conjunto de relatos con ilustraciones del gran pintor Luis Seoane, escritos con humor y ternura hacia unos personajes reales de su Allariz natal, pero a la vez simbólicos y representativos de una condición humana específicamente gallega. Su versión castellana se publicó en 1972.

También es autor de obras infantiles, como Pañolín Rompenubes (1952) y Nuevas aventuras de Pañolín Rompenubes.

Realizó, a su vez, una brillante labor de traducción de obras del italiano –F. Alberoni, G. T. di Lampedusa, etc.-, del francés –J. Guillaumaud, Condorcet, A. de Tocqueville, etc.-, del inglés –P. Goodman, J. J. Katz, A. J. Ayer, etc.-, completando con ello su comprometido y lúcido trabajo intelectual.

En su inalterable fidelidad a sus ideales políticos, en su condición de comunista, resaltaba su profundo humanismo, que le llevó a una célebre polémica con Salvador de Madariaga cuando éste atacó a Unamuno, y su defensa del filósofo vasco demostró el ideal de humanidad trascendente que le definía.

Fue siempre un militante de izquierda con un compromiso profundo con el espíritu revolucionario y luchó siempre por la transformación del mundo y de los hombres, de acuerdo con su ideal de crear una nueva humanidad unida y sin divisiones. Fue candidato del Bloque Nacionalista Galego al Parlamento Europeo en 1994.


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