13 de diciembre de 2014

Bajo la luz de octubre, Juan Gelman


El poeta argentino Juan Gelmán, que perderíamos a principios de este año que se acaba, siempre estuvo comprometido por la lucha, y de hecho no dudó en participar en los movimientos guerrilleros creados en su país contra la dictadura, formando parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y, después, de la rama militar de montoneros, lo que provocó, tras su final, el exilio en Francia hasta los años 90 del siglo pasado.

No tuvo tapujo alguno en defender a todos los movimientos revolucionarios con sus poemas y con sus actos, y de hecho se reconoció tanto stalinista como maoista, algo lógico en todo verdadero marxista-leninista, por encima de personalismos dogmáticos y de la teoría hueca alejada de la práctica, única capaz de hacerla verdaderamente revolucionaria.

A principios de los años 60 visitaría Pekin, y allí quedaría atrapado por el espíritu transformador y revolucionario que daría lugar a la República Popular China y que provocaría, tras el triunfo del revisionismo en la URSS y el inicio de la campaña contra Stalin, un movimiento de resistencia comunista para mantener la lucha de clases y evitar la reinstauración del capitalismo (se estaba gestando ya la futura Revolución Cultural).

Gelman, que terminaría su vida en una lucha personal para encontrar a su nieta, después de la salvaje dictadura argentina que acabaría con miles de desaparecidos, plasmaría su admiración por la Revolución China en poemas como el siguiente, Bajo la luz de Octubre, en el que describe como los "obreros mezclados al otoño" formaban "una corriente de rostros en libertad" en el desfile con motivo del XI Aniversario del triunfo revolucionario:

Era posible en una calle de Pekín,
la mañana pasaba con obreros mezclados al otoño
como llena de rastros de parientes amados, casos íntimos, vuelos,
y cabezas, cabezas,
ondeando al sol entre banderas.

Bajo la luz de octubre
otra luz encendía la oscuridad del aire:
un río de ternura frente a la paz celeste de las puestas,
quiero decir un río de victoria,
o sea: una corriente de rostros en libertad como de plata,
es decir: el otoño sonaba como pisado por millones de pies dulces,
mejor dicho: ocurría la suavidad del alma
como Pekín, como banderas, casos íntimos, rostros
y la Revolución.

Juan Gelman
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