24 de octubre de 2014

España, país de trapaceros

El director de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), José Manuel Blecua.
José Manuel Blecua, director de la RAE
La Real Academia Española ha incluido una nueva acepción de "gitano" en la nueva edición del diccionario. En la última edición del 'Diccionario de la lengua española' elaborado por la Real Academia Española (RAE), en la quinta acepción de la palabra 'gitano', aparece la palabra 'trapacero'. Según la RAE, es una persona 'que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto'. Por supuesto, los gitanos han montado en cólera ante semejante definición.

"La RAE, con su nuevo Diccionario, ha dado una inyección de ánimo y vitalidad a todos los racistas de este país que ahora, como mal menor, seguirán llamándonos trapaceros", asegura Juan de Dios Ramírez-Heredia, presidente de Unión Romani.

Algunos trapaceros, de los peligrosos
Con una desverguenza indefinible, y que mereceria una nueva entrada del diccionario para definir a los miembros de la RAE, los académicos se dedican a insultar a un colectivo que lleva siglos sufriendo la exclusión, el desprecio y el racismo institucional y social, mientras no aplican la susodicha definición a los que realmente se lo merecen, los realmente peligrosos criminales y ladrones que nos gobiernan, y los grandes empresarios que verdaderamente nos roban y nos empobrecen cada día.

Trapacero: "persona que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto" ¿No es esta una certera definición de Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Rodrigo Rato, José Maria Aznar, los Botín, los Acebes o Amancio Ortega?

Como afirma Ramirez-Heredia "los sesudos académicos de la Real Academia de la Lengua han decidido equipararnos a los más conspicuos personajes de la vida pública española (...) a los gitanos y gitanas de este país, hombres y mujeres que llevamos años luchando por sacudirnos la ignominia del analfabetismo, la esclavitud que supone tener el mayor índice de paro de toda España, y de padecer los mayores grados de exclusión social, sí hay desvergüenza académica para llamarnos trapaceros".

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Más trapaceros españoles, algunos ya felizmente desaparecidos
Claro que, cuando la vida cómoda, parásita e improductiva de los inútiles académicos depende de los verdaderos trapaceros, mejor definen la realidad española tal y como conviene a sus bolsillos de mantenidos, en vez de hacer su trabajo y llamar a las cosas por su nombre.

Quizás, si no se tratara más que meretrices con su pluma a disposición del mejor postor, deberían incluir una nueva entrada para definir a la España actual, en manos de la peor calaña de rateros, mangantes, timadores y cuatreros: "España, país de trapaceros".

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