
Como su antecesor Felipe González, protagonista de la anterior maniobra política para calmar los ánimos de una cabreada clase obrera, en aquella ocasión recién salida de cuarenta años de salvaje dictadura, el actual líder del cambio, Pablo Iglesias, después de arrastrar a gran parte del descontento multiplicado a causa de la radicalización capitalista, ahora hace su trabajo de mantener a raya a los nuevamente embaucados para que no saquen los pies del tiesto.
En ambos casos, el objetivo está más que claro: inhibir la rabia revolucionaria. Para ello, el PSOE fue presentado, tras ser creado prácticamente de la nada por los medios de comunicación y el capital financiero, como el triunfo del cambio, como el final de la dictadura y el triunfo de la lucha que habían llevado miles y miles de comunistas y republicanos contra el franquismo, aunque lógicamente detrás de la maniobra no había nada de eso.
Del mismo modo, PODEMOS surgió de repente, tras las primeras apariciones en las calles de cientos de miles de indignados, con un discurso que con el eufemismo "casta" intentaba esconder y denostar a la tan necesaria "lucha de clases", evitando así el paso a la ofensiva de la, en los últimos años de pantomima democrática, sumisa clase trabajadora, y haciendo una llamada al abandono de los posicionamientos de izquierdas y de derechas, en nombre de un ciudadanismo que no esconde más que una sociedad que pone en el mismo bando a ricos y pobres, explotadores y explotados.
El hombre es, en toda la naturaleza, el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, y es desalentador ver como los trabajadores españoles vuelven a dejarse engañar de tal manera. Todo ello, por supuesto, con la colaboración traidora de los grandes perdedores tras la salida a la arena del nuevo partido del gatopardismo (cambiar algo para que no cambie nada). Así, Izquierda Unida, cuyo principal partido, el PCE, no tuvo ninguna verguenza en dejar tirados a las víctimas de la dictadura, a sus propios camaradas, para colaborar en la primera transición, hoy se ha visto abandonada por los pocos que todavía creían en el milagro de su vuelta a posiciones antifascistas y comunistas, y arrastrada por la marea mediática que ha seguido a ciegas a ese nuevo flautista de Hamelin que es Pablo Iglesias.
2 comentarios:
Totalmente de acuerdo, pero aun nos espera lo peor, esta vez va a ser mucho más duro porque el mundo está más corrompido y la clase obrera más desintegrada.
Saludos.
Todo se resumen en una frase:Parece que todo cambia,para que al final sigua todo igual El Gatopardo Tomasso de Lampedusa.
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