8 de octubre de 2016

Soviets en España. El Levantamiento Armado de Octubre contra el Fascismo (de Harry Gannes) - Tercera Parte-

Del 5 al 18 de octubre de 1934 tuvo lugar el levantamiento armado que se conoce en el mundo entero como la Revolución de Asturias o, tal y como titula la obra que ahora traducimos Harry Gannes, los "Soviets en España". Aprovechando estas fechas en las que se recuerda el ejemplo dado por los trabajadores asturianos, socialistas, comunistas y anarquistas, publicamos la tercera parte de la traducción al castellano de "Soviets en España, el levantamiento armado de octubre contra el Fascismo", del comunista norteamericano Harry Gannes, que queremos sirva de homenaje a la lucha heroica de la clase obrera y campesina contra el fascismo durante aquellos quince días de octubre en Asturias, pero también a toda lucha de los trabajadores, en cualquier lugar y en cualquier época, por un mundo sin explotación del hombre por el hombre y por la construcción del Socialismo.

Harry Gannes (1900 – 1941), fue un periodista norteamericano editor del diario Daily Worker en los años 30. Fue uno de los fundadores de la Liga de Jóvenes Comunistas, de la que sería también Secretario General. Visitó China durante algunos años en tiempo de la revolución, relato que contaría en su libro When China Unites An Interpretive History Of The Chinese Revolution, en 1937; igualmente dedicaría gran parte de su trabajo a denunciar el movimiento de No Intervención creado por las potencias capitalistas, Inglaterra y Francia, para beneficio de los rebeldes fascistas y sus sostendedores y amos, Alemania e Italia, y que dejó a la España Republicana aislada internacionalmente, con el único apoyo efectivo de la Unión Soviética. Con respecto a esto último, Cuestionatelotodo, con la colaboración del camarada Sade, tradujo recientemente al español su obra Cómo ayuda la Unión Soviética a España.

Por su gran interés, empezamos a traducir también otro de sus principales escritos: Soviets in Spain. The October Armed Uprising Againgst Fascism (Soviets en España: el levantamiento armado de octubre contra el fascismo), editado por Workers Library Publishers en 1935, que hasta ahora nunca había sido publicado en español.

En este caso, el bueno de Gannes describe ante el mundo la conocida como Revolución de Asturias, de Octubre de 1934, donde por primera vez desde el triunfo de la Revolución Soviética y el fracaso de las Repúblicas de los Consejos de Hungria, Baviera y Eslovaquia, inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, el Poder de los Soviets se proclamó, aunque fuera temporalmente, en un país de Europa.

Sobre la trascendencia de la Revolución de Asturias, escribe Gannes:

"Durante 15 días los obreros y campesinos de Asturias tuvieron el poder. Fueron 15 días de lucha permanente, sin tregua, para el Ejército Rojo. Sin embargo, ello no fue óbice para que la Comuna estableciera su aparato de gobierno, decretara la propiedad de la tierra de los campesinos que la trabajaban, requisara alimentos y provisiones para las masas trabajadoras y el Ejército Rojo, estableciera su propia prensa, ocupara las grandes industrias y las destinara a la fabricación de armas para los combates revolucionarios, y confiscara el mayor banco de Oviedo, incautándose de 15 millones de pesetas, que se gastaron en comida, ropa y vivienda para los desempleados, así como para subvenir a las necesidades de la guerra contra el régimen fascista"

Como se ha dicho, con esta tercera parte damos por finalizada la traducción de esta importante obra, por su valor emotivo e histórico; las tres partes se pueden leer en los siguientes links:



Los traductores, José Luis Forneo y Camarada Sade


SOVIETS EN ESPAÑA: LA INSURRECCIÓN ARMADA DE OCTUBRE CONTRA EL FASCISMO (III)


IV

Aún no se han extraído todas las lecciones de la insurrección armada en España debido a la gran extensión del movimiento y a una información, dispersa y poco concreta, sometida a la férrea censura fascista. Sin embargo, las enseñanzas principales y decisivas, las causas fundamentales del fracaso, los responsables de la traición y las deficiencias más notables, están claros.

Imagini pentru revolucion de asturias
Manifestación de mineros, Mieres, 1934
Prestemos atención, en primer lugar, a las palabras del dirigente socialista Indalecio Prieto, quien, con Largo Caballero, compartió la dirección de la huelga general y la lucha armada en Madrid. Caballero fue detenido y está actualmente en prisión. Prieto, tras la derrota, pudo escapar a París.   

Le Petit Journal le entrevistó en París el 31 de octubre: “¿A qué atribuye el estancamiento del movimiento revolucionario, si representa verdaderamente la opinión de la mayoría?”, le preguntaron. Su respuesta fue: “En primer lugar, a la rapidez y violencia de la represión. En segundo lugar, a los insuficientes refuerzos procedentes del campesinado, debido a la derrota que había sufrido en su huelga general. Y en tercer lugar, a la obstinación de algunos elementos sindicalistas y anarquistas.”[1]

Aunque todo esto es verdad, no es toda la verdad. Nadie puede negar que la execrable traición de los jefes anarquistas representó una puñalada por la espalda para la insurrección armada.

La primera explicación que da Prieto de la derrota oculta no la debilidad del proletariado ante la ferocidad del fascismo, sino el fracaso de los dirigentes socialistas a la hora de preparar adecuadamente y con antelación la insurrección armada, su renuencia al frente unido hasta poco antes del levantamiento, su fe en la acción de pequeños grupos en lugar de la lucha armada de masas y, sobre todo, sus vacilaciones para plantear a la clase obrera la cuestión de los soviets como órganos de poder.

El segundo argumento de Prieto también pasa por alto muchas cosas importantes. El fracaso de la huelga en el campo, que debilitó las fuerzas campesinas en la lucha, se debió a la mala dirección de los socialistas. En especial, no propusieron la cuestión de la toma de la tierra por los campesinos, una consigna que habría producido gran efecto, no sólo para atraerlos a la insurrección armada, sino también en el ejército, compuesto principalmente por sus propios hijos.


Críticas confirmadas

Citaremos a Prieto de nuevo en respuesta a otra pregunta, al ser en este punto donde hace algo de autocrítica, confirmando plenamente las críticas comunistas a los dirigentes del Partido Socialista desde la proclamación de la República en 1931. En la República, los socialistas han desempeñado un papel dominante, llenando a las masas de ilusiones democráticas sobre la solución de sus problemas en colaboración con la burguesía.

“¿Cómo explica”, le preguntaron a Prieto, “el descontento en España y el éxito de Gil Robles [líder fascista] en las últimas elecciones?”

Prieto respondió: “Precisamente por la política de derechas del régimen de izquierdas.  Este gobierno, nacido con la República y creado por ella, se convirtió en el baluarte de los adversarios de la República. Es cierto que el gobierno de izquierdas en España llevó a cabo la política de la derecha antes que Lerroux y Samper. En este periodo de agonía del capitalismo, la burguesía española ni siquiera pudo llevar adelante la revolución democrática burguesa.
 
Es esta desilusión de las masas con la República que tanto anhelaban lo que explica la victoria de Gil Robles.”

El régimen de izquierdas a que se refiere Prieto, que aplicó una política de derechas, es, por supuesto, el régimen de los dirigentes socialistas con los republicanos de izquierdas.


El análisis comunista

Poco después de la derrota de la lucha revolucionaria en España, el Partido Comunista analizó las causas del fracaso. Enumeramos a continuación los principales puntos de su análisis:

1. Los preparativos políticos y organizativos de la revolución fueron insuficientes. Su programa no se dio a conocer a la totalidad de las masas trabajadoras. No se tuvo en cuenta que la revolución no se hace; se organiza.

2. No se atrajo a los campesinos a la lucha revolucionaria. Es ésta, igualmente, la causa de que el ejército, formado mayoritariamente por campesinos,  no se pusiera del lado de la revolución.

3. El problema del poder, cuestión fundamental de toda revolución, no se planteó con claridad ante los obreros y campesinos. Las masas desconocían los órganos del poder, los soviets, cómo debían funcionar, cómo y dónde debían organizarse.

Imagini pentru revolucion de asturias
Pacto CNT-UGT, Asturias 1934
4. En el corazón mismo de la dirección socialista, junto a auténticos revolucionarios prestos a cualquier sacrificio, había elementos que no escondían su hostilidad a la revolución.

5. La huelga general no se inició antes de que se formara el gobierno de Lerroux y Gil Robles, lo que dejó la iniciativa en manos del enemigo.

6. La iniciativa de la lucha por la independencia nacional de Cataluña se dejó en manos de la vacilante y traicionera burguesía, representada por Companys. Para obtener la victoria, la revolución, en todas sus formas, debe estar bajo la dirección del proletariado.

7. La monstruosa traición y deslealtad de los jefes anarquistas fue el peor de todos los golpes y los mostró, tal y como el marxismo los ha descrito siempre, como enemigos de la revolución proletaria, del lado del fascismo en las barricadas levantadas durante los combates en España.


Los anarquistas sabotearon la lucha

La actuación de los anarquistas en España en los combates decisivos contra el fascismo demostró de nuevo lo acertado de la crítica realizada históricamente por el marxismo de toda la teoría y táctica anarquista.

En ningún otro momento de la historia del anarquismo sus dirigentes y sus ideas básicas habían sido tan gravosos para los trabajadores como en España, lo cual se debió no tanto a los errores tácticos de los anarquistas españoles en esta situación concreta, cuanto a la concepción global del anarquismo con respecto a la lucha de clases. En España el daño fue tan enorme porque los anarquistas capitaneaban a 1.000.000 de trabajadores y sus jefes pusieron en práctica sus concepciones contrarrevolucionarias justo cuando los obreros se estaban sumando a la lucha armada contra el fascismo.

Nada expresa con mayor claridad el carácter traicionero de las concepciones anarquistas que sus comentarios públicos cuando una serie de comunistas españoles fueron enviados a colonias penales en África. Tomando prestada su fraseología de los trotskistas, los anarquistas les decían a los prisioneros comunistas: “¡Venga, construid ahora el socialismo en un solo país!”.

En su análisis del Estado capitalista, los anarquistas criticaban también con la misma virulencia y crudeza la dictadura del proletariado, alejando de ese modo a los trabajadores de la única fuerza capaz de derrotar y destruir el poder del gobierno capitalista-terrateniente. En ese sentido, comparten puntos de vista con quienes, como Kautsky, sitúan a la dictadura fascista y a la dictadura del proletariado en un plano de igualdad y consideran básicamente indistinguibles una de otra.

El anarquismo es, esencialmente, la filosofía utópica y pequeño-burguesa que Proudhon desarrolló en su sistema, y a que dio expresión organizativa Bakunin, el más acerbo enemigo de Marx en la I Internacional. Su base social está constituida principalmente por los flecos de la pequeña burguesía que, en los estadios iniciales del capitalismo, se ven arrojados a las filas del proletariado, emprendiendo una lucha violenta contra el capitalismo en nombre de las concepciones abstractas de “libertad” e “igualdad”, en las que se expresa el deseo utópico de preservar la propiedad individual y la “libertad” de la pequeña burguesía exacerbada.

Debido al reciente desarrollo del capitalismo en España y, por tanto, también del proletariado, los anarquistas lograron afianzarse y expandirse en un periodo en el que el proletariado estaba madurando rápidamente hacia la toma del poder y el establecimiento de su dictadura.

La idea de los jefes anarquistas es que la dictadura del proletariado no es mejor que la dictadura capitalista. Así que, cuando una amenaza a la otra, ¿por qué tomar partido? Además, como no creen en la lucha del proletariado, se oponen a las huelgas de naturaleza política, en especial a las enfocadas a la insurrección armada para la toma del poder por los trabajadores.

La victoria de la clase trabajadora en la Unión Soviética ha demostrado cuán correcto es el objetivo marxista-leninista de establecer la dictadura del proletariado como arma más poderosa de la revolución, a fin de combatir y destruir no sólo el Estado capitalista, sino también los últimos vestigios de la clase capitalista y de las relaciones capitalistas, que pugnan por perpetuarse a sí mismas tras la toma del poder por la clase obrera. Cada lucha revolucionaria desde 1871 ha demostrado una y otra vez que a menos que la clase obrera sea capaz de imponer su dictadura, no tendrá posibilidad alguna de avanzar en el desarrollo de la nueva sociedad, el socialismo. Justo cuando la burguesía española había comenzado a despojarse de todos sus tapujos democráticos y estaba sacando a relucir su dictadura de clase, con sus rasgos más brutales, chovinistas y represivos, la imparcialidad” de los anarquistas hacia el Estado” se convirtió para el fascismo en el más valioso de los servicios contrarrevolucionarios.

Los jefes anarquistas se enfrentaron a la Unión Soviética y a la dictadura del proletariado con más vehemencia que contra el Estado capitalista, al que consideran más libre que el poder proletario, que ellos llaman imperialismo rojo”.


Sabotaje a la huelga general

De ahí que, cuando llegó el momento de la verdad, cuando el fascismo trató de implantar abiertamente su brutal dictadura, los anarquistas, fieles a su papel histórico, sabotearon la huelga general, la insurrección armada por la independencia de Cataluña, y la revolución proletaria y el establecimiento de soviets en toda España.

El anarquismo, en la persona de los jefes anarquistas españoles, prestó un servicio al capitalismo español que sus mercenarios, la criminal Legión Extranjera, nunca podrían haber desempeñado solos, ni siquiera con sus medios más modernos de asesinato en masa.
Imagini pentru revolucion de asturias

Las lecciones de la revolución española tienen un alcance internacional, y tendrán repercusiones inmediatas e internacionales en la lucha de clases y en la batalla mundial contra el fascismo y por el Poder de los Soviets.

En un artículo publicado en International Press Correspondence, sobre La Guerra Civil en España y el proletariado internacional”, el camarada Ercoli[2] escribe:

Los recientes acontecimientos en España han proporcionado una vez más un convincente ejemplo práctico de la validez internacional del leninismo y del bolchevismo. La victoria de la revolución exige estrategia revolucionaria y táctica revolucionaria. No existen táctica ni estrategia revolucionarias fuera de la práctica y la teoría del bolchevismo. (...)

Los combates de octubre de las masas españolas, prueba de fuego que ha demostrado la incapacidad de los dirigentes socialistas, representan un paso decisivo en el desarrollo de la revolución española. Las masas trabajadoras de España aprenderán de su experiencia. (...)

El Partido Comunista de España no sólo ha sido la única organización de la clase obrera que ha seguido una política correcta en relación con todos los problemas fundamentales de la revolución, sino que también estuvo a la cabeza de la clase trabajadora durante los combates de octubre. La bandera roja del Partido Comunista ondeaba victoriosa sobre las barricadas de Asturias, y la enarbolaron en la lucha los más arrojados combatientes proletarios de la gloriosa Comuna asturiana. (...)

La revolución española sigue adelante. La burguesía sabe bien que los trabajadores y campesinos no han sufrido una derrota definitiva, y el temor a que se reproduzca la lucha de masas mantiene en la indecisión a un sector de la burguesía. (...) Nuestro heroico Partido Comunista de España, que ha superado esta prueba de fuego gloriosamente, triunfará en su objetivo de ponerse a la cabeza de los trabajadores y campesinos y de guiarlos a la victoria final.

No obstante, los comunistas y el resto de trabajadores revolucionarios de España deben recibir nuestra ayuda práctica en su combate. La solidaridad y la lucha internacional del proletariado en apoyo de la revolución española ha de contribuir en la práctica a allanar el camino que permita intensificar la lucha de masas en España y asistir a los trabajadores y campesinos españoles en su difícil batalla. La solidaridad internacional del proletariado debe contribuir y, de hecho, contribuirá a derrotar al fascismo en España y a acercar el día de la victoria final de la lucha del proletariado tanto en España como en el resto de Europa.”[3]


V

Hay dos factores fundamentales que están presentes en todos los acontecimientos en España desde la insurreción armada de octubre. Por un lado, la población trabajadora no da muestras de derrota. No hay pesimismo. Su espíritu de lucha no ha resultado aplastado. En España existe un descontento cada vez mayor y se preparan nuevas batallas a toda prisa. Las grandes reservas de obreros y campesinos que no participaron en las luchas revolucionarias están impacientes. Las organizaciones obreras no sólo no han sido destruidas, sino que crecen. Las masas debaten con el mayor entusiasmo el curso de los combates, el motivo de la derrota y, en especial, los logros de los soviets de Asturias. Los dirigentes anarquistas están perdiendo su control sobre los obreros de Cataluña, y el Partido Comunista no deja de crecer.

Por otro lado, el régimen fascista se enfrenta a enormes dificultades para consolidar su poder e imponer su brutal dictadura. Su base de masas está desorganizada, indecisa y desunida; es endeble. Los terratenientes, los capitalistas de la industria, los financieros y las sanguijuelas de la jerarquía eclesiástica, que se amalgaman en el gobierno, tienen intereses contrapuestos que se agudizan a medida que se agrava la crisis del capitalismo español.

En su histeria, miedo y rabia, la burguesía española asesina y tortura a los trabajadores detenidos, pero hasta en relación con el alcance de su venganza se muestra dividida. Y es en este punto donde la acción internacional de los trabajadores, el frente unido en apoyo de los combatientes españoles, tiene la mayor importancia, el valor más precioso y urgente para nuestros camaradas españoles contra sus verdugos. Mientras se asesinaba a cientos de obreros en secreto en Asturias, sólo unos cuantos fueron ejecutados públicamente, como escarmiento a nivel nacional para los revolucionarios. Estas matanzas tuvieron como respuesta huelgas a gran escala.


Sin ápice de derrotismo

Un corresponsal del Daily Worker en Madrid describió así la situación a 1 de noviembre, casi un mes después de los combates:

No hay el más mínimo rastro de derrotismo entre los trabajadores. La gloriosa Comuna de Asturias es su principal tema de discusión. Asturias se ha convertido en la luz que guía a los obreros españoles. Aclaman a La Commune” de España. Los trabajadores aprenden día a día de lo que sucedió; discuten sobre sus errores, se preparan para corregirlos, lo que aumenta la desesperación de la burguesía. (...)”

El fascismo se enfrenta a su momento más complicado en su pretensión de establecer la dictadura sobre los trabajadores. El tipo de fascismo, con base en la Iglesia y ribeteado de parafernalia religiosa, que defiende Gil Robles, se encuentra con enormes dificultades porque los trabajadores están empezando a conocer qué es el fascismo. La imagen más ilustrativa de la situación en España a día de hoy es la de un ejército invasor que ha conseguido apoderarse de algunas plazas fuertes importantes, pero que espera con temor e inquietud el ataque de una población hostil.”

El fracaso y la incapacidad para consolidar el régimen fascista en España provocó una crisis de gobierno parcial el 17 de noviembre. El Ministro de Asuntos Exteriores, Ricardo Samper Ibáñez, y el Ministro de la Guerra, Diego Hidalgo[4], se vieron obligados a dimitir. El líder fascista Gil Robles precipitó su cese alegando que se deberían haber incrementado las fuerzas de la Guardia Civil y que se deberían haber adoptado mayores medidas contrarrevolucionarias contra los socialistas y los comunistas en Asturias antes del levantamiento armado. Robles, a diferencia de Hitler, niega reiteradamente sus intenciones fascistas y declara su amor a la República.


La crisis se agudiza

La crisis económica, especialmente grave en España antes de los combates revolucionarios, ahora, con la victoria” del fascismo, está arrojando titulares como éstos: Después de los gloriosos días revolucionarios, masas más amplias de campesinos. Casi el doble de desempleados tras la vuelta al trabajo después de la huelga general. La situación financiera del gobierno, en constante deterioro, es ahora grave.  El coste de la guerra civil fue tan alto que el gobierno aceptó encantado donaciones de monárquicos y capitalistas para sufragar la matanza de trabajadores. El antiguo rey Alfonso donó 50.000 pesetas. Todas las grandes compañías y los terratenientes pusieron su grano de arena. Incluso la American Telephone & Telegraph Co. y otras empresas de Wall Street con presencia en España contribuyeron con miles de pesetas para costear la actuación de los ejércitos que asesinaron a los obreros.”

Los actos de sedición acaecidos en las filas del ejército durante los enfrentamientos se ciernen como oscuros nubarrones sobre el fascismo español. Además del regimiento de Gerona y de los marineros de Santander, que se negaron a participar en las acciones contra los trabajadores, está el caso del teniente coronel López Bravo, de las tropas española de África destacadas a la península. Bravo fue arrestado y permanece en prisión porque declaró: “Mis hombres nunca dispararán contra sus hermanos”.

Los debates y discusiones sobre las lecciones de los combates revolucionarios, que enardecen los ánimos de campesinos y obreros, se están extendiendo al ejército.

“Ya no queda prácticamente nada del Estado ni del espíritu de la República de 1931”[5], declaró el diputado monárquico Calvo Sotelo en las Cortes después de la insurrección.

O lo que era lo mismo, que el proceso de destrucción por medios democráticos” de todos los logros de la República de 1931, llevado a cabo por la derecha, se había alcanzado en la práctica. Se ha dado carpetazo a la reforma agraria. Las condiciones de vida de los trabajadores han empeorado. Se ha expulsado a los representantes socialistas y comunistas de los municipios, siendo sustituidos por fascistas. Se ha anulado la reforma eclesiástica y se ha fortalecido a la Iglesia como base del fascismo. La autonomía concedida en el marco de la Constitución a Cataluña y el País Vasco ha quedado liquidada.

El Partido Comunista de España salió del conflicto intacto y reforzado. Templado para la lucha en la clandestinidad por el largo periodo previo de represión, por la experiencia colectiva en todo el mundo en relación con el desarrollo del fascismo y por la dirección de la Internacional Comunista, la estructura organizativa del partido ha resultado invulnerable al terror. El Comité Central del partido se reúne constantemente en España y dirige sus actividades, cada más más intensas y numerosas. Inmediatamente después de los combates, el primer número del órgano clandestino del partido, Bandera Roja, apareció con los siguientes artículos:  “Tras los gloriosos días revolucionarios, la batalla no ha terminado”; “Ellos son los salvajes asesinos”; “La verdad sobre Asturias”; “Una nueva e ignominiosa afrenta de la Segunda Internacional”; Prisioneros de la misma causa”; Unidad y Solidaridad”; ¡Soldados! ¡Hermanos de clase, nuestro lugar está al lado de la Revolución!”.

Los diputados socialistas que no fueron detenidos se reunieron para decidir si debían o no participar en las sesiones de las Cortes. Por 23 votos contra 16 decidieron boicotearlas hasta que los diputados arrestados quedasen en libertad. El dirigente del ala derecha del Partido Socialista, Besteiro, que se opuso a la lucha armada, no votó y sigue participando en el parlamento del gobierno fascista de Lerroux y Gil Robles.

En su deseo de ocultar la verdadera situación actual de España, el régimen de Lerroux y Gil Robles no sólo impone la censura, sino que hace todo lo posible por impedir que delegaciones de otros países investiguen la realidad española. El abogado parisino Oppman, de la Asociación Jurídica Internacional, y Rabate, representante de la Confederación Unida de Trabajadores de Francia, que viajaron a Madrid para prestar su asistencia a los obreros detenidos y para conocer la situación en España, fueron encarcelados. Dos investigadores británicos, Miss Ellen C. Wilkinson, antigua diputada laborista, y el conde de Listowel, escritor, fueron secuestrados en Oviedo el 17 de noviembre y conducidos al cabo de 17 horas a la frontera, donde les amenazaron con que si no abandonaban el país, sus vidas correrían peligro.

Imagini pentru UHP asturias
Los gobiernos francés y portugués cooperan con el régimen fascista de Lerroux y Gil Robles en la deportación de revolucionarios huidos, a quienes devuelven a España para que sean encarcelados o asesinados.

A partir de datos oficiales y de sus propias fuentes, la International Labor Defense (ILD) de España ha cifrado el balance de los combates revolucionarios en 3.000 muertos, 5.000 heridos y 90.000 presos. En relación con los presos, las cifras oficiales sostienen que en Barcelona hay 6.000 detenidos y en Madrid 3.000. El hacinamiento en todas las cárceles es terrible: en celdas acondicionadas para un preso se agolpan cinco o seis.

La sección española de la International Labor Defense dirigió el siguiente comunicado a los trabajadores de todo el mundo sobre posibles acciones en defensa de los obreros españoles en la situación actual:

Miles de familias y huérfanos han quedado en la más absoluta indigencia. Por toda España se siguen produciendo detenciones masivas y las cárceles ya no dan abasto, conque, como a ganado, los están amontonando en improvisados campos de concentración. (...)

La Sección Española de la ILD adoptó una posición combativa desde el primer momento. Sabemos que nuestro deber es acudir de inmediato en ayuda de los miles de presos y de las familias e hijos de los revolucionarios muertos. No estamos escatimando el más mínimo esfuerzo. Hacemos un llamamiento a las masas trabajadoras de todo el mundo a unirse a esta tarea gigantesca, pues sin su ayuda no podemos llevarla a cabo.

¡Necesitamos vuestra ayuda!

En nombre de los heroicos obreros y campesinos españoles que han dado su vida en la lucha contra el fascismo, llamamos a las masas trabajadoras de todo el mundo a contribuir al desarrollo de esta tarea.

En España los socialistas, los comunistas y los anarquistas se han enfrentando hombro con hombro contra sus enemigos de clase. Haced efectiva vuestra solidaridad sobre la misma amplia base del frente unido de todos trabajadores y de todas las organizaciones de las masas trabajadoras.”


VI

Mientras se libraban los conmovedores y heroicos combates de los trabajadores españoles, la Internacional Comunista hizo un llamamiento a la Internacional Obrera y Socialista (IOS) para emprender sin la menor dilación acciones unitarias en apoyo del aislado proletariado español. En las barricadas, socialistas y comunistas, codo con codo, estaban derramando su sangre para detener el avance del fascismo. Donde se había conseguido establecer firmemente el frente unido, como en la región de Asturias, los trabajadores habían sido capaces de mostrar al mundo increíbles logros revolucionarios. En lo más álgido de la lucha sin cuartel en España, los trabajadores de todo el mundo sintieron que carne de su carne había entrado en acción y ansiaban ayudar. Para dar expresión viva a ese deseo urgente y acuciante de acción unida y solidaria, la Internacional Comunista tomó la iniciativa.

El 11 de octubre, la Internacional Comunista y la Internacional de las Juventudes Comunistas se dirigieron a los órganos internacionales socialistas con total claridad, planteando la necesidad inmediata de articular acciones conjuntas a escala mundial.

Una victoria de la reacción monárquico-fascista en España”, decía el telegrama de la Internacional Comunista a la Internacional Socialista, “no sólo significaría –tras la toma del poder por el fascismo en Alemania y Austria– una tragedia incalculable para los obreros y campesinos de España, sino también un duro golpe para el proletariado internacional.

Sólo la lucha unida de la clase trabajadora de todos los países puede proporcionar una ayuda real a los obreros españoles y bloquear el camino a la reacción española y mundial. En este momento decisivo en que la burguesía se afana por destruir uno de los destacamentos de combate de la clase trabajadora internacional, el proletariado español, la Internacional Comunista llama a todas sus secciones a aunar esfuerzos con otras organizaciones obreras para movilizarse en concentraciones y manifestaciones multitudinarias en solidaridad con la clase obrera española.”

Para evitar que en esta situación crítica la Internacional Socialista considerase dicho llamamiento como un mensaje a responder en su momento, la Internacional Comunista declaró que delegaba en los camaradas Marcel Cachin y Maurice Thorez, dirigentes del Partido Comunista Francés, la negociación sin dilaciones con los líderes de la Internacional Obrera y Socialista.

Cuatro días más tarde, en respuesta al llamamiento, tuvo lugar un encuentro histórico en Bruselas de los dos delegados comunistas con Emil Vandervelde (Bélgica) y Friedrich Adler (Austria), en representación del Comité Ejecutivo de la Internacional Obrera y Socialista. El diario comunista francés L´Humanité publicó el 3 de noviembre de 1934 el texto completo del acta estenográfica de las conversaciones.


Urge actuar

Desde un principio Vandervelde recalcó que los dos representantes de la IOS se iban a limitar a escuchar y a trasmitir un informe. Cachin y Thorez indicaron que era necesaria una acción internacional inmediata, ya que, mientras ellos hablaban allí, los fascistas españoles estaban matando a socialistas y comunistas.

Cachin declaró: “Planteamos claramente la cuestión de la acción inmediata en favor de nuestros camaradas españoles”[6]. Él mismo esbozó el siguiente programa urgente de acción conjunta:

1. Organización de concentraciones y manifestaciones conjuntas bajo lemas como “¡Abajo el gobierno Lerroux! ¡Defendamos a los obreros y campesinos de España en su lucha contra la reacción!”

2. Plan conjunto de las organizaciones sindicales para detener el suministro de tropas y municiones al gobierno de Lerroux.

3. Actuación conjunta de los grupos parlamentarios socialista y comunista en todos los países exigiendo reuniones plenarias en protesta por las brutales ejecuciones de trabajadores españoles. Acciones similares en los ayuntamientos.

4. Asistencia material inmediata a las víctimas de la represión en España, que se recabará en común.


Evasivas de los dirigentes socialistas

Adler y Vandervelde vacilaron, se imaginaron alguna maniobra” comunista, alegaron carecer de autorización para compremeterse a asumir un plan de acciones urgentes y declararon que la situación de los distintos partidos de la Internacional Obrera y Socialista impedía una respuesta inmediata. Vandervelde concluyó diciendo que creía que las perspectivas eran favorables, pero que la decisión habría de tomarla el Comité Ejecutivo de la Internacional Obrera y Socialista, que se iba a reunir en París el 13 de noviembre.

El día del encuentro entre los representantes comunistas y socialistas, los obreros españoles, tras cinco días de batalla, entraron en Oviedo, capital de la región de Asturias. Cuando la Internacional Socialista adoptó por fin una decisión, el 18 de noviembre, el General Ochoa ya había tomado la ciudad en ruinas de Oviedo, matando a cientos de trabajadores.

Los partidos comunistas de casi todos los países efectuaron llamamientos a los partidos socialistas que aún no se habían integrado en el frente unido para que se incorporaran a la lucha en apoyo de los obreros españoles.

Imagini pentru REVOLUCION DE ASTURIAS
En Estados Unidos, además de las cartas que se hicieron llegar al Comité Ejecutivo Nacional del partido socialista, el Daily Worker dirigió numerosos llamamientos en favor de la unidad de acción, desde el primer día de los combates hasta el último, y reiteradamente, también, más tarde. No hubo respuesta directa.

Durante las sesiones de la Internacional Obrera y Socialista en París se produjeron tumultuosas discusiones. Las masas trabajadoras estaban ejerciendo una gran presión en favor del frente unido sobre todos los partidos socialistas y, especialmente, en relación con la cuestión concreta del apoyo a los combatientes españoles.

Existían tres grupos diferentes. Por un lado se encontraban los partidos que ya habían establecido el frente unido con los partidos comunistas (Francia, Italia, España, el Sarre[7]), que estaban a favor de una acción internacional conjunta. Había otros, como los de Bélgica y Austria, que se oponían a tales acciones, pero, a su vez, eran partidarios de poner fin a la prohibición de negociaciones nacionales. Por último, estaban las burocracias de los partidos que rechazaban tajantemente cualquier forma de unidad de acción. Entre éstos se encontraban, principalmente, los partidos escandinavos, el holandés y el Partido Laborista británico.

Entre estos últimos partidos, en especial los escandinavos y el holandés, sus dirigentes reprochaban a los obreros españoles haberse levantado en armas contra el fascismo. Estos partidos proponían que, si no se podía evitar una acción internacional conjunta por la presión de las masas, se limitara ésta a una serie de propuestas contrarrevolucionarias para que la Unión Soviética renunciara a la dictadura del proletariado y liberara a los enemigos del Estado de los trabajadores.

La decisión final resolvió que no era ni conveniente” ni oportuno” continuar las negociaciones entre ambas Internacionales.


Un paso adelante

El mismo comunicado, no obstante, contenía un avance. Se declaraba en nombre del Comité Ejecutivo de la IOS que la decisión de marzo de 1933 que prohibía la unidad de acción con los partidos comunistas, si no contaba con el visto bueno de la Internacional, había expirado de facto con los recientes levantamientos, y que, a partir de ese momento, “cada sección podría negociar con total independencia”.

Tal declaración crea nuevas perspectivas en la lucha por el frente único contra el fascismo mundial.

Las diferencias de clase en todo el mundo se tensan día a día; cada vez son más agudas, más enconadas. Los obreros españoles se lanzaron al combate con todo valor. En todas partes el abnegado arrojo del proletariado español debe alentar y espolear la lucha. Y así será. Los camaradas españoles nos muestran el camino que conduce a la unidad de acción en su fase más álgida.

En Estados Unidos el fascismo ya no es un artículo de importación. Se está desarrollando a tal velocidad, que ya se han aparecido hordas fascistas armadas.

El frente unido contra el fascismo y la guerra se ha convertido en la cuestión más candente que tiene ante sí la clase trabajadora norteamericana. La acogida cada vez más favorable por parte de las bases socialistas de las continuas propuestas del partido comunista en favor del frente unido ha obligado a todos los sectores de la dirección del partido socialista a tener en cuenta dicha cuestión. De ello da fe, en especial, la vehemente resistencia de la dirección reaccionaria y derechista del partido socialista.

En la reunión de Boston, celebrada a finales de noviembre de 1934, la mayoría del izquierdista” Comité Ejecutivo Nacional del partido socialista, en su deseo de bloquear la creación del frente unido contra la guerra y el fascismo, ni siquiera se tomó la molestia de responder a la cuestión específica de la unidad de acción en apoyo de los obreros españoles, muchos de los cuales, en esos mismos momentos, hacían frente a la muerte, eran torturados o condenados a largas penas de prisión.

A pesar de este fracaso, la unidad de acción en apoyo de nuestros hermanos españoles, socialistas, comunistas y anarquistas, debe llevarse a efecto.

Las prisiones españolas están llenas a rebosar. Cada día es mayor la resistencia, asistimos a nuevas batallas, a nuevas huelgas, pero también a agresiones cada más bárbaras contra los trabajadores por parte de la burguesía latifundista española en su esfuerzo por consolidar su régimen fascista.

En cada ciudad, en cada pueblo, hay que hacer todo lo posible por lograr la unidad de acción en nombre de los trabajadores españoles, con vistas a:

1. Organizar concentraciones y manifestaciones multitudinarias como expresión de solidaridad con las Alianzas Obreras de España y su heroica y combativa clase obrera;

2. Celebrar manifestaciones ante los consulados y la embajada españoles contra las ejecuciones y el encarcelamiento de presos socialistas, comunistas y anarquistas;

3. Recaudar fondos, alimentos, ropa y otras ayudas materiales para la defensa de los prisioneros del fascismo español.

El frente unido en nombre de los obreros españoles no es sólo una necesidad internacional en la fase actual de la batalla que se libra en España, de la lucha defensiva contra el terror fascista, en defensa de la vida y la libertad de los socialistas, comunistas y sindicalistas presos; es también una condición fundamental para acelerar los futuros combates ofensivos. Fortalecerá, asimismo, la solidaridad internacional de los trabajadores de todo el mundo en su lucha contra el fascismo.

Cuanto más rápida y eficazmente podamos establecer el frente unido en defensa de los trabajadores españoles contra el terror fascista, tanto más contribuiremos a acelerar la llegada del día en que las masas trabajadoras de España serán capaces de llevar su gloriosa lucha revolucionaria de Octubre a una conclusión victoriosa.   


***


BANDO para la constitución del Ejército Rojo [8]

HACEMOS SABER: Desde la aparición de este bando queda constituido el Ejército Rojo, pudiendo pertenecer a él todos los trabajadores que estén dispuestos a defender con su sangre los intereses de nuestra clase proletaria.

Este ejército quedará compuesto y se dirigirá en la forma siguiente:

1.º Todos los que hayan cumplido los diez y ocho años hasta los treinta y cinco pueden inscribirse al Ejército Rojo.

Imagini pentru REVOLUCION DE ASTURIAS2.º Una vez ingresados en filas tendrán que observar una férrea disciplina.

3.º Las deserciones o desobediencias al mando serán castigadas con severidad.

4.º Quedan excluidos de pertenecer al Ejército Rojo aquellos que hayan pertenecido a la clase explotadora.

El aplastamiento de los contrarrevolucionarios, la conservación de nuestras posiciones exige tener un Ejército invencible, aguerrido y valiente para edificar la sociedad Socialista.

Nota: Todos los días desde las ocho de la mañana queda abierta la oficina de inscripción en las dependencias del Ayuntamiento.

El Comité Revolucionario   


APÉNDICE

Llamamiento del Comité Central del Partido Comunista de España

El siguiente llamamiento del Comité Central del Partido Comunista de España se publicó en octubre tras los combates revolucionarios. Contiene una crítica de la táctica de los órganos del frente único, las “Alianzas Obreras”, de las que en algunas localidades, además de comunistas y socialistas, formaban parte también los anarquistas.

A TODOS LOS OBREROS Y CAMPESINOS DE ESPAÑA, CATALUÑA, VASCONIA Y GALICIA

CAMARADAS: A la provocación de las clases explotadoras de España al implantar un gobierno vaticano fascista ha respondido el estallido de indignación popular que ha sacudido con violencia al régimen burgués terrateniente hasta en sus propios cimientos.

Hartos de hambre, de explotación y del terror los obreros se han lanzado a la batalla buscando por la lucha el pan, la tierra y la libertad. En muchísimos lugares, especialmente en Asturias y Vizcaya, la roja bandera de la revolución y del poder soviético ha flameado al viento como símbolo de una España nueva y libre de miserias. El heroísmo de los trabajadores en lucha ha culminado en la gloriosa epopeya de Asturias la roja donde ha sido proclamada la República socialista de los obreros y campesinos y que en medio de un infierno de sangre y de metralla desencadenado por el gobierno dictatorial fascista de Lerroux-Gil Robles, que ha lanzado a sus bestias de la Legión y tropas coloniales a que pasen a cuchillo a los bravos mineros, a que masacren a cañonazos a sus mujeres y niños, a que incendien y a que violen a las proletarias, este poder se ha sostenido poderoso, defendido con los pechos y las armas de los esclavos del subsuelo. ¡Viva el heroico proletariado asturiano! ¡Vivan los heroicos luchadores de toda España!

¡TRABAJADORES, EN PIE!

La batalla librada no es la decisiva. ¡Que no se apresuren a cantar victoria los verdugos del pueblo trabajador! Hemos vuelto al trabajo pero dispuestos a reagrupar nuestras fuerzas, y a recomenzar la lucha en el momento más propicio con más fe en el triunfo que nunca. Aprendemos en los hechos y sacamos experiencias. Ello nos fortalece en el camino seguro para la victoria.

A este fin el P.C. que se ha entregado de lleno a la lucha no obstante sus públicas discrepancias con la táctica y métodos de organización de la misma, que no ha regateado ni esfuerzo, ni sacrificio para ponerse al frente de las masas en lucha, invita a todos los trabajadores a extraer enseñanzas de estas batallas, no sólo para resolver las dudas e interrogantes que hoy se hacen millares y millares de proletarios, sino para armarlos de la teoría y de la táctica justa, que los lleve al triunfo en los próximos combates.

¿POR QUÉ NO HEMOS TRIUNFADO?

Voluntad y coraje, decisión y firmeza, abnegación y sacrificio, sobraban en todos los explotados. ¿Por qué entonces no hemos triunfado? Porque como lo ha declarado incansablemente nuestro Partido, no se ha hecho una preparación política y orgánica suficiente de la revolución, no se ha hecho conocer su programa ante todas las masas trabajadoras, no se ha popularizado lo que dará la revolución a los obreros, a los campesinos, a los soldados, a todos los explotados. Se ha querido ignorar en todo momento que la revolución no se hace, sino que se organiza. Y que la organización de la revolución no se limita solamente a unos grupos de hombres voluntariosos “dispuestos a todo”, sino el poner en orden de batalla a todas las fuerzas de clase y a los aliados inmediatos de la revolución, los campesinos fundamentalmente.

En la Resolución del Comité Central del Partido Comunista, publicada en Mundo Obrero el 17 de septiembre, se decía: “Las Alianzas Obreras –y su nombre lo dice– surgen ya como órgano de una de las solas fuerzas motrices fundamentales de la revolución: la del proletariado –que es una fuerza dirigente– pero ignora la segunda fuerza motriz fundamental que es el campesinado SIN CUYA ALIANZA NO SE PUEDE ASEGURAR EL TRIUNFO DE LA REVOLUCIÓN”. He aquí también por qué el ejército –salvo casos aislados– no se ha incorporado a la lucha. Los soldados son en su mayoría campesinos y solamente pasan al lado de la revolución cuando ésta dé solución a sus necesidades. Al ignorar lo que les iba a dar, al negarles una personalidad propia, la inmensa fuerza del campo en su gran mayoría no se ha sumado a la lucha.

El problema del poder –esta cuestión fundamental de cada revolución– no ha sido planteado con toda claridad ante el proletariado y las masas campesinas. Éstas en su gran mayoría ignoraban a qué mano y a que órganos iba a pasar el poder y qué es lo que este poder significaba para ellos. Faltaba el programa, esa fuerza que al hacerse carne en las masas las lleva a despreciar la muerte por darle vida. En la Resolución citada del C.C. del P.C. se dice: “La lucha por el derrocamiento del régimen burgués-terrateniente y por el poder de los obreros y campesinos presupone la preparación política y orgánica de las masas para el alcance de ese objetivo. Por eso es preciso intensificar la propaganda entre las masas trabajadoras de la ciudad y del campo, del programa del gobierno obrero y campesino, de lo que dará la revolución triunfante al pueblo trabajador”. La justeza de esta apreciación la han confirmado los hechos. Para lanzar a toda la masa a la lucha hace falta previamente que ésta se haya compenetrado con el programa que sirve de bandera a la vanguardia que las llama a pelear. Esta incomprensión ha llevado a ignorar la fuerza gigantesca del proletariado unido en cada fábrica, mina o camp            o. Por eso no se han creado los comités de fábrica, ni de campesinos, las Alianzas en cada lugar de explotación en las cuales estuviesen directa y democráticamente representados los obreros, los campesinos y soldados, es decir los órganos de la preparación de la insurrección armada, y, embrionarios del poder de la revolución triunfante (soviets). Todo esto ha faltado y faltado no por casualidad. Ello responde a una concepción y táctica equivocada. Faltaba la teoría y la práctica revolucionaria. Faltaba la unidad y la disciplina de hierro que tiene que caracterizar al partido de la revolución. En el seno del Partido Socialista junto con los abnegados revolucionarios conviven elementos que no ocultan su enemiga a toda acción revolucionaria. Esto tenía que reflejarse en una serie de vacilaciones en las consignas y en algunas instrucciones confusas y contradictorias. Por eso se pudo dar la tremenda equivocación de no haber desencadenado la huelga general antes de la formación del Gobierno. Eso fue dejar la iniciativa en manos del enemigo.

Otro error grave fue confiar el éxito de la lucha en hombres vacilantes como Companys que, ante el temor del desarrollo de la revolución popular, capitularon ante las fuerzas enemigas, hacerlo descansar en los mandos republicanos del Ejército, y no en la masa de trabajadores uniformados. Para que triunfe la insurrección es preciso que la dirección en todas sus formas esté en manos de los explotados. Ésa es la única garantía del triunfo. Así nos lo demuestran nuestros heroicos camaradas de Asturias y de Vizcaya. “La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos” (Marx). He ahí lo que no se ha sabido apreciar en toda su importancia.

¡ALERTA, CAMARADAS ANARQUISTAS!

Con la antelación debida el Partido Comunista ha procurado corregir estos errores y con más empeño que nunca en el centro de la misma lucha, como lo demuestra su actividad al frente del combate, sus proclamas y manifiestos. Pero no obstante la gravedad de los errores, la situación no se hubiese inclinado a favor de la canalla clerical-monárquico-fascista si los jefes anarquistas de Barcelona y Zaragoza principalmente no hubieran consumado la más negra traición a la revolución en los momentos en que con las armas en la mano se batían como leones todos los explotados de España.

No han sido sólo los guardias civiles y de asalto, no sólo los oficiales monárquicos y fascistas, no sólo la metralla y el asesinato gubernamental lo que ha decidido momentáneamente la batalla en favor de la más negra reacción. Ha sido para vergüenza eterna de los jefes anarquistas sus proclamas radiadas desde el cuartel general del fascista Batet en Barcelona. Los jefes de la F.A.I. han degollado el triunfo de la revolución. Han vendido a sus propios camaradas anarquistas que en Asturias, Madrid y otros lugares han sentido su dignidad revolucionaria, su deber de clase, y luchado valientemente, unidos a sus hermanos comunistas y socialistas.

He ahí los principales responsables de la situación. No olvidarlo camaradas anarquistas.

Por todo lo expuesto se deduce por qué los campesinos no han ocupado y defendido la tierra, aliándose al proletariado en lucha, y los soldados en su gran mayoría no han fraternizado o pasado al campo de la revolución. Por eso la jauría de la contrarrevolución pudo arrancar la bandera roja de la revolución e izar la bandera negra de la pena de muerte, fusilar a obreros y campesinos, armar a los fascistas, suprimir todas las libertades democráticas del pueblo trabajador, lanzarse como chacales contra los pueblos oprimidos de Cataluña y Vasconia, enseñorearse los monárquicos fascistas y retornar al pasado monárquico-militar-jesuítico.

Todo lo que hay de más reaccionario, de más ancestral en la sociedad, la contrarrevolución coaligada, se apresura a festejar su triunfo. Pero se apresuran demasiado. Podrán fusilar, encarcelar, extender aún más la miseria y el hambre entre el pueblo trabajador, pero los hambrientos no podrán saciarse mediante el ayuno, el dolor y las lágrimas de las madres, y las mujeres del pueblo no podrán secarse con el látigo y las porras de los de “asalto” y de los “civiles”, ni se apaciguará el pueblo a palos y bayonetazos, ni la voz de mando de los generales ensoberbecidos podrá detener la catástrofe en la industria y la agricultura a que nos ha llevado este régimen.

Los obreros quieren pan y trabajo, los campesinos quieren tierra, el pueblo entero quiere libertad. En el interior de cada obrero y de cada campesino ruge la voluntad de luchar y de vencer. El odio de clase contra este régimen de hambre, de miseria y de terror va extendiéndose –subterráneamente– y en lo más recóndito de las masas trabajadoras va germinando un odio sordo que estallará –y muy pronto– y que aleccionadas con los últimos acontecimientos avanzarán más aguerridas y más organizadas bajo la dirección de su vanguardia de clase hasta conseguir el triunfo.

LA BATALLA NO ESTÁ TERMINADA

Esto demuestra que al equipo de verdugos vaticano-fascistas falta mucho para dominar la situación.

En la zona minera de Vizcaya: Hoy las fuerzas proletarias se repliegan orientándose hacia nuevas tácticas de lucha y de organización. La gran batalla por el pan, la tierra y la libertad no se ha librado aún. Las Alianzas Obreras y Campesinas toman cuerpo en los lugares de trabajo. Cada fábrica la convertiremos en una fortaleza de la revolución. HEMOS PELEADO UNIDOS Y UNIDOS SEGUIREMOS MÁS FIRMES QUE NUNCA. Discutiremos cordialmente las experiencias; los aciertos y los errores de la pasada batalla, pero nada podrá romper la unidad de acción y de lucha de los obreros comunistas y socialistas, y seguiremos nuestra tarea para sumar a los trabajadores anarquistas que tan claro han visto en la infame posición adoptada por sus dirigentes en este último movimiento. Seguiremos unidos para defender con las uñas y los dientes a los bravos leones de Asturias la Roja y de Vizcaya, para impedir las represalias de la patronal fascista. Seguiremos unidos en la lucha contra los equipos rompe-huelgas de los sindicatos antimarxistas, para luchar contra el gobierno y las cortes de la pena de muerte y contra la reacción monárquico-clerical-fascista; unidos para ayudar a los presos, para luchar por la tierra para los campesinos, por el derecho de prensa, reunión y sindicación, por la libertad del pueblo catalán y de todas las nacionalidades oprimidas, por el desarme de las hordas fascistas y por el armamento de los obreros y campesinos. Unidos para formar UN SOLO BLOQUE ANTIFASCISTA y por el poder de los obreros, campesinos y soldados.

¡TRABAJADORES SOCIALISTAS Y ANARQUISTAS!

Imagini pentru ASTURIAS 1934Los hechos han confirmado la justeza de nuestra línea política, de nuestra táctica y estrategia revolucionaria de lucha. Ellos han acreditado una vez más que no puede haber más que un solo partido de la revolución y que ese partido es el partido que fundamenta su actuación sobre la gigantesca experiencia de dos gloriosas revoluciones triunfantes: la rusa y la china soviética de hoy. Allí donde la preponderancia de nuestras fuerzas existe, como en Asturias y Vizcaya, la forma de organización y táctica han posibilitado los gloriosos resultados que hoy son orgullo de todos los revolucionarios de España. Nuestro Partido, pese al vendaval reaccionario que lo rodea, continúa a la cabeza de la lucha de las masas oprimidas. Más que nunca empuña en sus manos firmes la bandera de la revolución social contra todos los matones, contra todos los viles calumniadores y los lacayos del capital. Y como en el pasado mantiene en alto esa bandera en la cual ha escrito el grito de combate de pan, tierra y libertad. El grito de combate de los soviets, por el triunfo del socialismo.

Por primera vez en la historia de la revolución española la bandera de los soviets ha sido levantada y defendida en lucha revolucionaria contra el régimen burgués terrateniente. En Asturias ha vivido y vive aún la República Socialista basada en los Soviets. Una nueva página se ha abierto en la historia del proletariado y de las masas campesinas de España. Hoy sabe por su experiencia que solamente bajo la bandera de los soviets es como podrá vencer. Los combates futuros se realizarán bajo esa insignia y se vencerá.

Camaradas todos: ¡Arriba los corazones, tengamos más que nunca hoy fe en el triunfo! ¡A estrechar filas con firmeza, valor y serenidad, acumulemos fuerza y disciplina, ensanchemos nuestros batallones de combate! ¡Venid a reforzar la vanguardia de la lucha: el Partido Comunista! ¡Obreros, campesinos, soldados, agrupaos bajo nuestra bandera y marchemos en falanges de hierro hacia los próximos combates y hacia el triunfo!

¡Viva el Gobierno Obrero y Campesino!
¡Vivan los soviets!
¡Viva el proletariado unido en las Alianzas Obreras y Campesinas!
¡Viva la revolución mundial y su estado mayor de la Internacional Comunista!
¡Viva el Partido Comunista!

Madrid - Octubre - 1934

PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA




[1] Retraducción [N. de los t.]
[2] Palmiro Togliatti. [N. de los t.]
[3] Probable retraducción. [N. de los t.]
[4] Ministro de la Guerra durante la insurrección de Asturias, Diego Hidalgo (1886-1961) fue el autor de un libro muy apreciable sobre la URSS titulado Un notario español en Rusia. [N. de los t.]
[5] Retraducción [N. de los t.]
[6] Probable retraducción. [N. de los t.]
[7] El territorio del Sarre era parte de Alemania, pero estaba bajo control de la Sociedad de Naciones conforme al Tratado de Versalles. [N. de los t.]
[8] Orden de creación del Ejército Rojo de Asturias. [Nota del Autor]
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