6 de octubre de 2015

El animalismo, ideología burguesa de hoy y de ayer

"Una parte de la burguesía desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa. Se encuentran en este bando los economistas, los filántropos, los humanitarios, los que aspiran a mejorar la situación de las clases obreras, los organizadores de actos de beneficencia, las sociedades protectoras de animales, los promotores de campañas contra el alcoholismo, los predicadores y reformadores sociales de toda laya
(El Manifiesto Comunista, C,Marx y F. Engels).

***
El animalismo, ideología burguesa de hoy y de ayer (una colaboración del camarada Sade).

Cuando los llamados animalistas emplean la expresión “liberación animal”, ¿a qué se refieren con “liberación”?

Antes de tratar de contestar a esta pregunta es necesario aclarar un punto: los animalistas, como cualquier otra forma de reformismo pretendidamente progresista, desvirtúan el rigor de las palabras, revistiéndolas –y de paso revistiéndose ellos mismos– de una supuesta radicalidad que no es sino un viejo truco de prestidigitación política: el famoso “que todo cambie para que todo siga igual”.

La vacua expresión “liberación animal” es un buen ejemplo de ese aguachirlismo ideológico al que, sin embargo, habremos de seguir el juego si queremos desmontarlo.

Vamos a ello.

En rigor, los animales salvajes y zahareños deberían quedar excluidos de la misión liberadora, pues la razón más chata nos advierte de que liberar lo que ya está libre y suelto vendría a ser ocupación de orates. O dicho de otro modo, que la liberación no puede predicarse más que de esos animales que llamamos domésticos.

Aquí nos asalta una duda: ¿quién libera a quién? ¿Es el amo quien libera a los animales o son los animales quienes se liberan a sí mismos?

Empecemos por este último supuesto, el del animal como sujeto de su propia liberación.

Hasta donde nuestro conocimiento alcanza, la historia natural no guarda memoria de ninguna emancipación de una especie animal por sí misma. Más allá de alguna cabra montaraz o de algún perro cimarrón, podemos afirmar, sin miedo a equivocarnos, que la domesticación no admite, ¡ay!, la vuelta atrás, el retorno a la idílica y áurea vida salvaje.

Como en alguno de aquellos deliciosos relatos de Jack London, no nos queda, pues, más remedio que reducir las liberaciones motu proprio de animales domésticos a aventuras robinsonianas de algún que otro espécimen de marcado carácter individualista al que casi cabría calificar de literario, demasiado literario.

El otro caso que contemplábamos de liberación es el que tiene al animal por objeto a liberar, es decir, un supuesto concreto del amo que manumite al esclavo.

Ni que decir tiene que en los rasgos específicos que adopta esa manumisión –como en cualquier otra– se reflejan más los intereses materiales y espirituales del amo que los deseos del esclavo horro, lo cual, aceptadas las relaciones de esclavitud, es muy lógico: quien libera es el amo.

Hecha esta puntualización, cabe identificar esta forma de liberación animal con todas aquellas relaciones bien avenidas de mascota con dueño de mascota, de las que, suponemos, deben de existir millones y millones de ejemplos en nuestro planeta.

Cabría imaginar, finalmente, una última forma de liberación, la del dueño de la mascota por la propia mascota. O lo que es lo mismo, la salvación del hombre –y el proyecto de salvación de todos y cada uno de los hombres y mujeres del mundo–, por medio de la entrañable compañía de un animal.

Es de sospechar que poco o ninguno debe de ser el alcance de esta forma de liberación, que ni permite distinguir, por su grado de libertad, a quienes tienen mascota de quienes carecen de ella, ni equipara tampoco en libertad a los dueños de animales.

Por otra parte, en tanto que proyecto universal, a la vista del éxito de otras redenciones colectivas por vía del amor, mucho nos tenemos que el radio de esa liberación humana operada por mascotas vaya a ser ciertamente corto.

***

Decíamos al principio que el animalismo como ideología recurre a trucos de prestidigitación. El principal de ellos, sobre el que se asienta todo el edificio “liberador”, es el que afirma que animal = hombre, de donde cabe inferir, en pura lógica y a pesar de lo disparatado que suena el aserto animalista, que liberación animal = liberación humana.

Es decir, una libertad, la animalista, que, traducida a fisonomía de bípedo implume, oscila, como hemos visto, entre el individualismo burgués más reconocible y el detestable paternalismo del explotador para con los explotados, cuando no se encenaga directamente en la nebulosa del pensamiento religioso.

Aquí, en el animalismo, no hay nada de liberador, sino todo lo contrario.

Así lo entendieron Marx y Engels cuando en El Manifiesto Comunista incluyeron a “las sociedades protectoras de animales” entre “la burguesía que desea mitigar las injusticias sociales, para de este modo garantizar la perduración de la sociedad burguesa”, y así sigue siendo a día de hoy.

3 comentarios:

Un Animalista Vegano y Anarquista dijo...

Para nada de acuerdo. No solo se basa en un anacronismo si no que peca de presentista y simplista.
Vamos quien ha hecho este articulo no tiene ni idea de donde se esta encaminado el movimiento por la liberación animal en los últimos treinta años. Solo se esconce su hipocresía en escusas de no hablar de dar el paso en la lucha por la libertad a un ámbito más allá del hombre. Solo empezando por su planteamiento sobre la supuesta liberación de animales ya erróneo, desbarata el resto de su hipótesis. Engel critico algo que no tenia que ver con el movimiento actual de la liberación animal. Así que mal vamos ya con lo que se expone aquí.
Los comunistas y anarquistas no se preocupaban hace 80 años de la libertad de genero, y muchos criticaron los primeros feministas, ahora que ser feminista es algo lógico en los movimientos libertarios, critiquemos a los animalistas por dar un paso más.
Las luchas del siglo XIX y XX se han quedado pequeñas, y vivimos en contextos muy distinto aunque por desgracia arrastremos la mierda que no supimos detener de nuestro pasado.

Miguel Ángelmi Vera Espinosa dijo...

Como bien han dicho arriba, el artículo es demasiado simplista. Le recomendaría al autor que se documente mejor antes de escribir un artículo sobre un tema serio. Primer error, sólo se habla de animales domésticos caseros y no del holocausto continuo en animales de granja, segundo error, el movimiento animalista no pretende el regreso al estado salvaje de los animales doméstico, sino la desaparición de estos, protegiendo siempre los de derechos de los individuos. Y por último, no se trata de priorizar entre liberación animal y humana, sino de llevar ambas a cabo sin distinción, pero para comprender eso hay que trabajar un poquito la empatía y tener un poco de crítica y reflexión. Y no defender una postura porque.lo.haya dicho tal autor comunista deificado en un libro de hace décadas.

Anónimo dijo...

Es cierto que hay una diferencia fundamental entre el "preanimalismo" que criticaron Marx y Engels -"nuestros autores deificados de hace décadas", como Ustedes dicen- y el animalismo que Ustedes defienden. Aquellos burgueses británicos que crearon las primeras sociedades protectoras de animales eran gente aburrida, bienintencionada e inofensiva, mientras que Ustedes son una secta, que predicando la fantasiosa e imposible humanización de los animales, no hacen más que el caldo gordo al muy real sistema de animalización del hombre, el capitalismo, tan existente en tiempos de nuestros "deificados autores" como en la actualidad.

Y lo peor no es que Ustedes desvaríen, renunciando no ya a la única ideología que puede liberar al hombre de sus cadenas reales, al marxismo, sino a la simple razón; no, lo peor no es eso, con ser grave. Lo peor es que la "izquierda", los partidillos y grupetes de la izquierda oficial e incluso extraoficial, han envenenado su teoría y práctica política con su irracionalismo de Ustedes -entre otras memeces homosexualistas, generistas, etc.-, liquidando de esa manera cualquier perspectiva de lucha de clases.

Les deseo a Ustedes muchos éxitos en la transformación de sus animales imaginarios en súbditos del régimen capitalista (supongo que en honrados burgueses emprendedores, que viven de puta madre, mucho mejor, desde luego, que el prójimo currela), y que cuando lo consigan, si quiera en un caso, me llamen para que me empleen con un contrato basura en una de sus empresas filantrópicas.

Sade

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