28 de diciembre de 2015

El rey no elegido por nadie da lecciones de "democracia" recordando que España sigue siendo "Una, Grande y Libre"

La pasada nochebuena asistimos a las desvergonzdas lecciones de democracia del hombre que ocupa la jefatura del estado español por obra y gracia del General Franco, la Constitución o de un dios inexistente; en todo caso, no por la elección de los ciudadanos sobre los que reina. Es decir, Felipe IV, que es monarca por diversos motivos antidemocráticos, intentó dar, de una forma incluso más violenta que su antecesor, Juan Carlos, lecciones de democracia a los españoles. Decimos que fue mucho más violenta porque el discurso del hijo y nieto de tiranos se centró en recordar a sus subvitos que la unidad no se cuestiona, que esos pueblos que un día Castilla sujuzgó no tienen ningún derecho a exigir recuperar sus libertades, y todo ello con los mismos argumentos que utiliza para justificar su cargo.
Ante la miseria y los desastres de la crisis, la ostentación de los reyes

En primer lugar, el lugar elegido para dar el discurso fue simbólico: el Palacio Real, símbolo de la historia de la monarquía española, de la imposición, conquista a conquista, matanza a matanza, quema tras quema, expulsión tras expulsión, de esa idea tan del gusto de Franco y los dos reyes de la dinastía creada por él, de la España Una, Grande y Libre. Esa pluralidad natural de la península ibérica, ha ido siendo podada, tallada, uniformada, por los reyes de Castilla, en especial tras la venida al trono de los ilegítimos Borbones, que impusieron nada más llegar la centralidad francesa ante, como Marx señalo en sus escritos sobre La España Revolucionaria " la diversidad de su configuración social, basada originalmente en la configuración física del país y desarrollada históricamente en función de las formas diferentes en que las diversas provincias se emanciparon de la dominación mora y crearon pequeñas comunidades independientes, se afianzaron y acentuaron finalmente a causa de la revolución económica que secó las fuentes de la actividad nacional".

En ese entorno, el Palacio Real, símbolo de la realeza y de la voluntad unidireccional de la clase dirigente y sus máximos representantes, los monarcas, sobre sus subditos y los pueblos sometidos, Felipe VI de Borbón y Franco recordó una y otra vez, amenazando veladamente a los catalanes, vascos y a todo aquel que no respete el "orden" constitucional, sufrirá la misma suerte de la que son víctimas, y de estos no habló ni de refilón, todos aquellos que osan protestar contra el saqueo que son los deshaucios o la corrupción, frente a los recortes sociales mientras los salarios, pensiones o asignaciones de altos cargos y de la familia real siguen siendo exagerados, o ante la destrucción del trabajo, de la salud pública o la multiplicación vergonzante de la miseria.

A Felipe de Borbón y Franco solo le faltó gritar, como ya hicieran su abuelo y su padre, aquello que toda la clase dominante, que es hoy la misma que la existente en tiempos de la abierta dictadura fascista del General Franco, de la que llegó a ser jefe de estado también el actual rey honorífico, Juan Carlos, el famoso grito que define tan bien, como definía al sistema del que el actual régimen nació, de !Arriba España!.

Como hemos dicho, ni una palabra sobre la corrupción (algo lógico pues este cáncer tiene a su propia familia como gran protagonista), sobre el galopante desempleo o la inversamente creciente pérdida de calidad del trabajo y de los derechos laborales; tampoco nada sobre el continuamente batido record de deshaucios llevado a cabo por sus amigos, muy monárquicos ellos, los banqueros, servidos fielmente por las fuerzasd e seguridad del estado, ni mucho menos acerca de los cada vez más jóvenes españoles que, como en tiempos de su abuelo, se ven obligados a huir del país a buscar pan para comer, a cambio de un salario miserable (aunque no tanto como el que les ofrece la clase capitalista en España).
A Felipe solo le preocupaba la unidad de España, el mantenimiento de esa España Una, Grande y Libre por la que su abuelo asesinó a tantos españoles que preferían a esa uniformidad forzosa bajo el cetro real (en realidad, bajo el control de la clase parasitaria que solo sabe vivir del robo, del saqueo, del producto del trabajo ajeno) la dignidad, el trabajo, la ciencia o la democracia, En realidad, las palabras del heredero de Franco daban un poco de miedo y provocan que sea evidente la pregunta retórica de si sería capaz de mancharse las manos de sangre como su abuelo político para conseguir esa unidad que tanto le preocupa. 

La verdad es que, aunque los usos y modos de la corte y de los medios, que han de aparentar y vender que vivimos en una supuesta democracia, se esforzarán en que parezca lo contrario, todos sabemos cual es la respuesta obvia a esa innecesaria pregunta. Esta gentuza, acostumbrada a siglos de saqueo, terror, tirania para mantener sus privilegios, es capaz de todo para continuar haciéndolo, por muy bonachones y populares que aparezcan en las noticias del corazón, en las películas de los telediarios y en los actos públicos ante el pueblo, al que siempre, por mucho que el guión les haga fingir lo contrario, consideraron y considerarán, vulgar populacho, perfectamente prescindible salvo para llenar sus cuentas bancarias y sostener su ostentoso nivel de vida.

Una frase, para terminar, define el discurso de nochebuena del tercer rey de la dinastia franquista, despues de Francisco y Juan Carlos: "caben las distintas formas de sentirse español" pero sin vulnerar "el orden constitucional", El resto de formas de sentirse español, no cabe, pues, porque el rey lo ordena. Y si no, le faltó decir, ya sabéis como se las gastaba mi abuelo político.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que piensas de esto:

https://diario-octubre.com/?p=31830

No lo he encontrado en otra parte, pero en caso de ser verdad me parece bastante surrealista y aterrador.

Piedra dijo...

Pues si esto del discursito es una tradición, recuperemos otra mucho más práctica: ¡Guillotina!.

Saludos.

Marlowe dijo...

Si quereis conocer el pensamiento de esta monarquia extranjera buscad el mensaje del rey en la pascua militar de 1981

Jose Luis Forneo dijo...

Anonimo, pues ¿qué nos va a parecer? Que se edite Mein Kampt, pase. Pero que se utilize como libro de texto, pues no solo es surrealista, sino también un símbolo de que el virus no se eliminó del todo y está contagiando cada vez más a la población, especialmente en Alemania.
Saludos

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