26 de diciembre de 2015

Una visión marxista de la historia de Ceilán. Capítulo V: La era Bandaranayake

La Red de Blogs Comunistas está traduciendo el libro Una visión marxista de la historia de Ceilán, de N. Shanmutathasan, por su gran importancia para dar a conocer la historia de la lucha de clases en Sri Lanka y entender su situación en la actualidad.

El autor se lo dedicó a su nieto, "con la esperanza de que algún día se adentre por el sendero de la revolución, pero evitando los errores que yo cometí en mi juventud por falta de una orientación correcta".

Así que el libro es también un repaso a los errores del movimiento comunista de aquel país, enmarcados en la historia y por los conflictos del movimiento comunista internacional y, por supuesto, en el contexto asiático y del desarrollo, fortalecimiento y extensión del marxismo-leninismo y las aportaciones esenciales del camarada Mao Tse Tung.

El libro está editado por el Partido Comunista de Sri Lanka, cuyos camaradas fueron los que nos lo dieron a conocer y nos aconsejaron su traducción.

Tras la publicación de los capítulos I, IIIII y IV, compartimos en esta entrada el Capítulo V: La era Bandaranayake.

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CÁPITULO V: LA ERA BANDARANAYAKE


No obstante, antes de que la avalancha de acontecimientos le superara, Sir John contribuyó decisivamente a enredar la polémica que había surgido en relación con la cuestión lingüística. Abrumado, al parecer, por la acogida que le dispensaron en una de las islas próximas a Jaffna, donde le adornaron con una corona, Sir John prometió el mismo estatus para el cingalés y el tamil. El resultado fue una violenta reacción de los cingaleses en el sur. Estupefacto por la tormenta que había provocado, Sir John trató de apaciguar los ánimos de los cingaleses celebrando en Kelaniya una reunión del Partido Nacional Unido [UNP, en sus siglas en inglés], en la que éste modificó su posición, defendiendo ahora que la lengua oficial de Ceilán fuera sólo el cingalés.
Primer Gobierno Bandaranayake  

La patente falta de sinceridad de este cambio súbito de opinión fue tan obvia que no engañó a nadie: con dicha decisión, Sir John perdió todo el apoyo tamil y no embaucó a los cingaleses. No es de extrañar que S. W. R. D. Bandaranayake respondiera con la promesa de que convertiría en veinticuatro horas el cingalés en la lengua estatal única. De ese modo, en las elecciones de abril de 1956, la cuestión que se planteó entre los dos principales partidos cingaleses no fue si “Sólo el cingalés” sería o no la única lengua del Estado, sino en quién se podía confiar para que así fuera. En esta disputa, Sir John estaba destinado a perder. Sir John representaba para los cingaleses todo lo antinacional y prooccidental que había en sus vidas. Además, en Bandaranayake tenía por oponente a un orador inteligente y a un hábil agitador.

Sería erróneo, sin embargo, suponer que el tema lingüístico fue la única cuestión que afectó a los resultados de las elecciones de 1956. Sin duda, dicho asunto proyectó su alargada sombra sobre todo el proceso electoral, pero hubo también otras cuestiones: el deshilvanado frente unido que Bandaranayake había improvisado alrededor de su Partido de la Libertad de Sri Lanka [SLFP], llamado entonces Mahajana Eksath Perumuna o Frente Unido del Pueblo [MEP, en sus siglas en sinhala], contaba entre sus integrantes con una organización de monjes budistas jóvenes y radicales, llamada Eksath Bhikkhu Perumuna o Frente Unido de los Monjes [EBP]. Sus miembros pusieron todo su esfuerzo y usaron la influencia de la sangha sobre el pueblo, en especial en las áreas rurales, para inclinar la balanza a favor del MEP. Nunca antes ni después en la historia reciente de la isla desempeñaron los sacerdotes budistas un papel tan decisivo en la política cingalesa. Una de las figuras clave de esta organización de sacerdotes, Buddharakitta, fue, posteriormente, declarado culpable y encarcelado (murió en prisión) por complicidad en el asesinato de Bandaranayake.

Bandaranayake, además de aprender de los errores del UNP y largar sus velas a favor del viento del sentir popular, se apoderó también de una serie de consignas radicales que había popularizado el movimiento de izquierdas. Hasta la radicalísima exigencia de nacionalización de las plantaciones extranjeras tuvo su lugar en el programa electoral del MEP. Ni que decir tiene que jamás se llevó a cabo. Desde el principio mismo de su mandato, Bandaranayake renunció en la práctica a esta medida, al anunciar su aplazamiento por diez años. Quizás el MEP nunca tuvo la intención de ponerla en práctica, pero el hecho es que tal promesa no volvió a reaparecer en ningún programa electoral posterior, ¡ni siquiera en el Programa Común redactado por el SLFP y acordado con el Partido de la Sociedad Igualitaria de Ceilán [LSSP] y la camarilla revisionista de Keuneman!

Bandaranayake acentuó aún más su giro a la izquierda al incluir en su frente unido a un grupo escindido del LSSP que estaba encabezado por Philip Gunawardena, uno de los miembros fundadores de dicho partido. También llegó a acuerdos de entendimiento con el LSSP y el Partido Comunista. El resultado fue que, por primera vez, el UNP hubo de enfrentarse a una oposición casi unida que lo derrotó de manera aplastante. De los 54 escaños que tenía en el Parlamento pasó a 8, mientras que el MEP consiguió 51 diputados y el 40,7% de los votos. Fue una victoria arrolladora.

Se ha afirmado que la victoria del MEP en 1956 fue una especie de revolución popular pacífica. Tal afirmación no es sólo una exageración, es falsa. Se produjo indudablemente un cambio de poder de la burguesía compradora, de los sectores proimperialistas de la burguesía, de costumbres occidentales y habla inglesa, a la burguesía nacional. Pero no fue una revolución en el sentido de que la estructura de clase de la sociedad resultase alterada. Tampoco la victoria electoral de 1956 afectó en modo alguno al dominio del imperialismo extranjero sobre la economía del país. La explotación continuó siendo la misma de siempre.

Frente de Liberación Nacional de Ceylan, 1965
Es cierto que se llevaron a cabo algunas medidas radicales durante el régimen del MEP. El servicio de autobuses y el puerto de Colombo fueron nacionalizados, se aprobó el proyecto de Ley de Arrozales, que era una reforma agraria moderada, se evacuaron las bases británicas de Trincomalee y Katunayake, se concedió más libertad de huelga a los trabajadores, el proyecto de Ley sobre el Fondo de Previsión para los Trabajadores se convirtió en ley, el idioma cingalés y la religión budista fueron objeto de mayor atención, y se establecieron relaciones diplomáticas, por primera vez, con algunos países socialistas. En política exterior, Ceilán empezó a desempeñar el papel de lo que se llamaba “no alineación”, lo que suponía que no siempre nos plegábamos a los imperialistas como antaño. Sin embargo, esto no significaba que se tratara de una revolución pacífica o de otro tipo. En realidad, lo que hizo Bandaranayake fue refrenar con lo que él llamaba sus “políticas intermedias”, la potencialmente peligrosa corriente opuesta al UNP, mellando su filo revolucionario y desviándolo por el inofensivo cauce de la democracia parlamentaria burguesa. Quizá su mayor influencia se produjo sobre la dirección del movimiento de izquierdas. El deseo de emular la victoria electoral del MEP de 1956 despojó a los dirigentes del LSSP y del PC de cualesquiera pretensiones revolucionarias hubieran podido tener, convirtiéndolos en fieles del templo de la democracia parlamentaria burguesa. La posterior domesticación de los otrora revolucionarios le tocó realizarla a la viuda de Bandaranayake.

Desde este punto de vista, la afirmación de algunos analistas de que Bandaranayake contribuyó a evitar una revolución violenta no es exagerada.

Pero la mejor prueba de que la victoria electoral de 1956 no resolvió ningún problema económico fue que el MEP y sus seguidores tuvieron que excitar los sentimientos nacionalistas y lingüísticos entre los cingaleses para conservar su apoyo. Durante el régimen del MEP se produjo la peor matanza étnica jamás acaecida en Ceilán. A pesar de que estos acontecimientos merecen un estudio detallado, conviene, en este punto, estudiar el problema étnico tal como surgió en ese momento.

El rechazo a una representación étnica o a cualquier forma de representación especial de las minorías por parte de las Comisiones Donoughmore y Soulbury había dejado a aquéllas en una situación de inferioridad permanente en los órganos legislativos del país. La formación de un consejo de ministros pancingalés en 1936, la aprobación de las Leyes de Ciudadanía, que discriminaban notablemente a los trabajadores de las plantaciones tamiles de origen indio, privándoles de nacionalidad y del derecho al voto, así como la actitud carente de imaginación y casi irresponsable de los dirigentes de la minoría tamil en cuestiones nacionales (por ejemplo, su oposición a la evacuación de las bases británicas o el izado de banderas negras el día de la Fiesta Nacional), habían contribuido a agudizar el resentimiento entre las comunidades nacionales.

El cáncer étnico que lo iba envenenando todo silenciosamente estalló de repente en 1955, en forma de polémica sobre el idioma. Desde los tiempos de la resolución de reformas propuesta por Bandaranayake en el segundo Consejo de Estado e incluso antes, todos los partidos políticos habían aceptado que tanto el cingalés como el tamil (llamado swabhasha) reemplazarían al inglés como lengua oficial. De pronto, en 1955, se desencadenaron las protestas entre los cingaleses para que “Sólo el cingalés” fuese el idioma estatal.

Hay un rasgo peculiar de estas protestas que se advierte al instante. En la mayoría de los países, el problema nacional adopta la forma de protesta de una minoría para impedir que sus derechos lingüísticos o cualesquiera otros sean pisoteados por una mayoría. Sin embargo, en Ceilán fue la mayoría quien encabezó las manifestaciones en defensa de su lengua contra lo que era su temor: que fuera suplantada por el idioma de la minoría. Los singulares motivos que llevaron a la mayoría cingalesa a comportarse como si fuera una minoría deben ser objeto de nuestro análisis y reflexión, si queremos llegar a comprender mínimamente este complicado problema.

Son muchas las razones que hacen que los cingaleses se comporten como una minoría en un país donde realmente son la mayoría. La primera es el recuerdo de las antiguas invasiones tamiles procedentes del sur de la India. Jamás se ha permitido a los cingaleses olvidarlas. ¿Qué escolar no ha leído algo sobre la épica batalla entre Duttugemunu y Elara? Siempre que alguien visita las ruinas de Anuradhpura o Polonnaruwa, se le recuerda que la destrucción de todas estas antiguas glorias de las civilizaciones cingalesas fue provocada por las sucesivas invasiones tamiles.

En segundo lugar, los imperialistas británicos, en los últimos cien años, desplazaron a casi un millón de trabajadores tamiles del sur de la India para que trabajaran en sus plantaciones, arrojándolos en medio del territorio de Kandy. De este modo, crearon el problema indo-cingalés, motivo añadido de enfrentamiento entre las dos comunidades.

En tercer lugar, el aumento de los centros educativos de que disponían los tamiles en el norte a consecuencia de la actividad misionera y la política imperialista del “divide y vencerás” dio como resultado que los tamiles obtuvieran un porcentaje mayor de puestos de trabajo en el sector público y en profesiones liberales que el que les hubiera correspondido por su población. Cuando, después de la crisis económica mundial de 1929-1931, el desempleo se convirtió en un problema grave para la clase media cingalesa y comenzó ésta a buscar empleo en la Administración, se encontró con que los tamiles ya estaban afianzados en ella.

Llegados a este punto debe señalarse que las cuestiones económicas estaban en el fondo de la crisis de las lenguas. Antes de 1956, el conocimiento del inglés había sido una garantía de acceso a la administración pública. Como resultado de ello, los tamiles pudieron competir en idénticas o incluso en mejores condiciones con los cingaleses. Impelidos por la presión del desempleo, los cingaleses querían que “Sólo el cingalés” fuera la lengua oficial para contar con más posibilidades de trabajar en la Administración. En Ceilán, al igual que en los países no industrializados, el gobierno no sólo es el único y mayor empleador, sino que el trabajo en el sector público es el mejor remunerado. Así, la batalla de las lenguas fue, en realidad, una batalla para repartirse los empleos públicos entre las respectivas clases medias. Y ésta es también otra de las razones por las que no habrá solución duradera si no es de carácter económico.

En cuarto lugar, sucede que el tamil es un idioma hablado por más de cuarenta millones de personas en una y otra orilla del Estrecho de Palk, lo que provoca el temor a una agresión cultural desde la India.

Y en quinto lugar, da la casualidad también de que el tamil es una lengua más antigua y desarrollada que la cingalesa, lo que produce un sentimiento de inferioridad entre los cingaleses.

Si no se comprenden estas realidades históricas, es imposible entender el desarrollo de la cuestión lingüística en Ceilán. Después de la victoria del MEP, Bandaranayake intentó seriamente resolver dicha cuestión en negociaciones con Chelvanayagam, líder del Partido Federal [FP, en sus siglas en inglés]; el resultado de estas negociaciones fue el famoso pacto Bandaranayake-Chelvanayagam en el que se establecían una serie de garantías para el idioma tamil en las zonas septentrional y oriental de la isla, en el marco general de aceptación del cingalés como lengua oficial de todo Ceilán. El pacto también selló ciertos compromisos sobre el controvertido asunto de la colonización de áreas tamiles.

Es necesario hacer aquí alguna referencia a la relación entre el problema étnico y la colonización. Cuando, tras el informe de la Comisión de Tierras de 1935, D. S. Senanayake comenzó sus planes de colonización, la mayoría de éstos se proyectó para lo que se llama la “zona seca”. Al principio, la mayor parte de esos planes se ubicó en la provincia centro-septentrional, si bien algunos se pusieron en marcha en las provincias del norte y este, que los tamiles reivindican como sus territorios tradicionales. Ni que decir tiene que la isla entera perteneció en otro tiempo a los cingaleses. No obstante, si nos referimos a los cuatro últimos siglos más o menos, el argumento tamil de que han habitado las provincias septentrional y oriental no es descabellado.

En cualquier caso, los dirigentes tamiles se opusieron a la colonización de zonas tamiles por colonos cingaleses, lo que contaminó la cuestión de la tierra con el problema étnico. En este punto cabe plantear la pregunta de si los tamiles se han convertido en una nación y, por lo tanto, tienen derecho a considerar una parte de Ceilán como suya. Por ahora, a esa pregunta se debe responder en un sentido negativo, pues no poseen uno de los atributos fundamentales mencionados por Stalin en su famosa definición de las condiciones que debe reunir un pueblo para que se le pueda reconocer como nación, a saber, no comparten una ligazón económica, una comunidad de vida económica.

Los tamiles habitan algunas de las zonas más áridas e improductivas de Ceilán. No hay ni una montaña ni un río en la zona septentrional de la isla. Como consecuencia de ello, los tamiles tuvieron que emigrar a Malasia o al sur en busca de trabajo. El hecho de hablar el mismo idioma que los trabajadores traídos por los británicos para sus plantaciones, les permitió a muchos de ellos encontrar empleo como capataces o auxiliares en ellas. Otros muchos se incorporaron a la administración pública. Eran numerosas las familias que se jactaban de tener al menos un funcionario en la Administración.

Es ésta, pues, la contradicción en que se encuentran los tamiles: viven en una parte de Ceilán y se ganan la vida sobre todo en otra. La reivindicación tamil de una cierta autonomía habría sido ineludible, y también más factible, si los tamiles hubieran estado concentrados en una zona. Del mismo modo, la oposición a los colonos cingaleses asentados en tierras tamiles habría sido válida si los tamiles hubieran renunciado a sus derechos a la propiedad de la tierra y al trabajo en cualquier otra parte de Ceilán. La situación cambió ligeramente a partir de la prohibición de importar productos alimenticios que no fueran de primera necesidad, debido a la escasez de divisas. Los laboriosos granjeros de Jaffna aprovecharon la oportunidad para cultivar este tipo de productos, causa evidente del surgimiento de una clase campesina rica.

No obstante, no cabe ninguna duda de que el motivo oculto detrás de la colonización de áreas tamiles con cingaleses era transformar definitivamente una provincia de mayoría tamil en una de mayoría cingalesa. D. S. Senanayake fue un astuto dirigente cingalés que nunca se declaró abiertamente nacionalista, pero que en ningún momento cejó en su empeño de imponer una mayoría cingalesa en las zonas tamiles. Tras la muerte de D. S. Senanayake, uno de sus colaboradores, V. Ratnayake, confirmó claramente dicho extremo.

Sri Lanka 1956
En tales circunstancias, el pacto Bandaranayake-Chelvanayagam era probablemente el mejor compromiso posible, aunque, finalmente, quedó reducido a papel mojado. El UNP trató de pescar en río revuelto y organizó una marcha de protesta en Kandy para galvanizar la oposición al pacto. Fue en su defensa de éste cuando Bandaranayake alcanzó quizá el cenit de su carrera de estadista. Su famoso discurso –seguramente el mejor– pronunciado en el estadio de Bogambara, en Kandy, se recordará siempre por condensar lo mejor que en aquel hombre había. Sin embargo, los elementos chovinistas de su bando también se rebelaron. En lugar de acudir en su ayuda, los dirigentes del Partido Federal eligieron ese preciso momento para lanzar su absurda campaña anti-Sri1. El pacto se resquebrajó. A dicha campaña del Partido Federal sucedió en el sur la campaña, encabezada por el “guerrero” cingalés K. M. P. Rajaratna, de borrado de todas las palabras tamiles escritas en lugares públicos.

La tensión creció por ambos lados y terminó sumiendo a Ceilán en el peor baño de sangre por motivos étnicos de toda su historia. A todos los cingaleses de bien se les debería caer la cara de vergüenza por tales hechos, que constituyen un borrón permanente en la historia de nuestro país. De la noche a la mañana, los hombres se convirtieron en bestias, hasta el punto de rociar con gasolina y prender fuego a personas con las que no tenían diferencias, salvo el hablar una lengua diferente.

La responsabilidad inmediata de este terrible estallido de violencia ha de atribuirse a los dirigentes extremistas del Partido Federal, que pusieron en marcha la campaña anti-Sri, a los fanáticos nacionalistas cingaleses, que respondieron borrando las palabras tamiles de los lugares públicos, y a la incapacidad e indecisión mostradas por el gobierno de Bandaranayake, que dieron alas a los desórdenes. Sólo la declaración del estado de emergencia permitió reconducir la situación. El traslado al norte por barco de los tamiles que se vieron atrapados en el sur marcó el punto más bajo de las relaciones entre cingaleses y tamiles de los últimos tiempos.

Los disturbios fueron también un reflejo de la bancarrota política del Partido Federal, cuyos dirigentes fueron detenidos durante los primeros días del estado de emergencia. El Partido Federal se mostró impotente para velar por los intereses de los tamiles, que decía representar. No obstante, fiel a su estéril trayectoria, siguió predicando el nacionalismo en el norte e incluso consiguió enajenarse el apoyo de los progresistas cingaleses, al oponerse a todas y cada una de las medidas radicales presentadas por los dos gobiernos de Bandaranayake, como, por ejemplo, el proyecto de Ley de Arrozales, de nacionalización de la enseñanza, etc., con la esperanza de que podría actuar como árbitro entre los dos grupos rivales de la política cingalesa y, de ese modo, lograr un acuerdo oportunista para los tamiles. Fue, lisa y llanamente, un intento de mercadear con los derechos de los tamiles en la mesa de uno u otro de los dos principales partidos cingaleses. Tal oportunidad se le presentó al Partido Federal en 1965. Trataremos sobre ello más adelante.

Movido quizá por la convicción de que la aprobación del proyecto de Ley del Cingalés como Lengua Única había enajenado irremediablemente el apoyo tamil al gobierno del MEP –los tamiles asentados en zonas cingalesas habían apoyado mayoritariamente a dicho grupo contra el UNP en las elecciones de 1956–, Bandaranayake defendió en el parlamento un proyecto sobre el “uso razonable de la lengua tamil” que quedó, sin embargo, en letra muerta, ya que no fue objeto de legislación ulterior alguna. Cuando, más tarde, un gobierno del UNP trató de hacerlo, se encontró con la violenta oposición del SLFP. En cualquier caso, dicha iniciativa tampoco dio satisfacción a los tamiles.

Queda por señalar que el LSSP y el PC eran en este periodo los únicos partidos nacionales que, con una militancia mayoritariamente cingalesa, seguían empeñados en pedir la paridad entre el cingalés y el tamil. Tales puntos de vista, sin embargo, no duraron mucho, pues bajo la doble presión del oportunismo parlamentario y el nacionalismo, ambos partidos terminaron alineándose con los planteamientos del SLFP en esta cuestión.

De nada sirve a día de hoy discutir sobre los méritos o deméritos del proyecto que convirtió al cingalés en la lengua única del Estado. En toda circunstancia, un progresista, a la hora de valorar la justeza o lo correcto de cualquier propuesta, debe guiarse por un criterio solamente: “¿Une o separa a las fuerzas antiimperialistas?” Con arreglo a dicho criterio, el proyecto de declaración del cingalés como única lengua oficial debe considerarse como retrógrado. Sin duda alguna, sirvió para profundizar una contradicción secundaria (la que existe entre cingaleses y tamiles) y relegó a un segundo plano la contradicción principal (la que se da entre el imperialismo y los pueblos tamil y cingalés). Hizo de un amigo un oponente y dio aliento al enemigo. Fue asimismo la causa principal de los disturbios raciales de 1958.

El MEP de Bandaranayake fue, en el mejor de los casos, un matrimonio de conveniencia entre fuerzas con puntos de vista divergentes, unidas, no obstante, por la personalidad de éste y por su común oposición al UNP. La presión de mantener juntas a fuerzas con planteamientos tan opuestos terminó siendo, sin embargo, excesiva. La división llegó a principios de 1959 por dos cuestiones: el Banco Cooperativo Agrícola y la subida del precio garantizado del arroz. Philip Gunawardena y su compañero William Silva abandonaron el MEP. En la reunión que celebró el SLFP en Kurunegala, que tuvo lugar por esas mismas fechas, Bandaranayake se vio obligado a realizar su primer discurso anticomunista.

La salida de los elementos radicales de su gabinete dejó a Bandaranayake prisionero de los sectores reaccionarios, algunos de cuyos miembros tramaron con éxito su asesinato el 25 de septiembre de 1959. Mientras se inclinaba para presentar sus respetos a un monje budista que estaba sentado en su terraza, éste sacó una pistola de entre sus hábitos y vació el cargador sobre la frágil figura del primer ministro. Era la víspera de su viaje a las Naciones Unidas. Al día siguiente, el primer ministro falleció a causa de las heridas.

Las circunstancias de su muerte y el temple con que se enfrentó a ella, así como la indulgencia que mostró hacia su atacante, han rodeado su nombre de una aureola. Se produjo hasta un intento de divinizarlo. En tales condiciones, no se ha podido realizar una valoración serena del lugar que le corresponde en la política de Ceilán. Se ha forjado una leyenda sobre las llamadas “políticas de Bandaranayake” que, supuestamente, llevó a cabo. Sin embargo, cuando se trata de precisar en qué consistieron tales políticas, no hay respuesta. Tal vez la propia vaguedad del concepto permita a cada cual interpretarlo a su manera y actuar a su gusto, declarándose a un tiempo devoto seguidor de las “políticas de Bandaranayake”, que es lo que sucede actualmente.

Pero, aun cuando no sea posible reconocer ningún elemento distintivo en las políticas que puso en práctica Bandaranayake, cabría decir que él creyó que era una especie de puente entre dos mundos, uno que aún no había muerto y otro que estaba todavía por nacer. Por eso le gustaba referirse al periodo que entonces vivía Ceilán como una época de transición. Trató de esbozar lo que él llamó la “vía intermedia”, con la que pretendió evitar los dos extremos del capitalismo y el comunismo. Ni que decir tiene que se trataba de una concepción ilógica y acientífica. La alternativa para Ceilán no era entre capitalismo y comunismo, entre los que, dicho sea de paso, no hay “vía intermedia” alguna. La alternativa era entre la esclavitud del neocolonialismo y una auténtica independencia nacional. Cuando murió, las cadenas del neocolonialismo estaban incluso más sólidamente remachadas alrededor de Ceilán que cuando llegó al poder. La explotación a que estaba sometida la gran masa del pueblo seguía siendo igual de dura. Ni un solo problema económico se había resuelto. La concepción de la “vía intermedia” era en realidad un intento de embellecer la continuación del status quo y una justificación para postergar un cambio radical.

En el ámbito de las relaciones exteriores, al menos, la política de no alineación de Bandaranayake supuso para Ceilán abandonar su papel de mero acólito de las potencias imperialistas. El no alineamiento, sin embargo, no era una política dinámica. En gran medida significaba sacar el mejor partido de ambos mundos, enfrentando a uno con otro. Con todo y con ello, hasta cierto punto daba sus frutos, si bien en último extremo cada país tenía que elegir un bando. Algunos de los más ruidosamente no alineados, como la India, han terminado de hecho entre los más alineados. En cualquier caso, con las políticas de no alineación de Bandaranayake, Ceilán consiguió más amigos que nunca en el plano internacional.

Pasó casi un año hasta que apareció un sucesor de Bandaranayake y se alcanzó una cierta estabilidad política. Cuando Bandaranayake murió, la alternativa política más obvia era el presidente del parlamento, C. P. de Silva, quien, no obstante, pertenecía a la casta equivocada. Afortunadamente para el feudalismo en Ceilán, C. P. de Silva estaba enfermo y se encontraba recibiendo tratamiento en Londres en el momento de la muerte de Bandaranayake. El gobierno eligió a W. Dahanayake para ocupar el puesto vacante de primer ministro. Fue una decisión absolutamente insensata que nadie, hasta la fecha, ha explicado cómo llegó a producirse. Por suerte, no duró mucho tiempo en el cargo: Dahanayake destituyó a casi la mitad de su gabinete y nombró a sus candidatos; sin embargo, antes de ser cuestionado en el Parlamento, ordenó su disolución y nuevas elecciones. Creó un nuevo partido con el que concurrió a los comicios, si bien todos sus candidatos, incluido él mismo, fueron derrotados y la mayoría de ellos perdió sus depósitos2.

Las elecciones de marzo de 1960 no resultaron decisivas, pues ningún partido obtuvo la mayoría en el parlamento. El UNP se convirtió en el partido mayoritario, seguido por el SLFP. A los partidos de izquierda les fue bastante mal: cada uno de esos tres partidos se presentó por separado y sufrió una severa derrota. Dichas elecciones se recordarán por las vanas tentativas de N. M. Perera y Philip Gunawardena por convertirse en primer ministro con el exclusivo apoyo de sus respectivos partidos. No cabe imaginar mayor sectarismo y divorcio de la realidad. A día de hoy, resulta difícil de creer que el LSSP concurriera a aquellas elecciones con el lema “Haz Primer Ministro a N. M”.

Dudley Senanayake trató de formar un gobierno del UNP, pero cayó derrotado en la primera moción de censura. El Partido Federal, en esta ocasión, rehusó apoyar al UNP y se convocaron nuevas elecciones para julio de 1960, en las que se impuso un mayor sentido común y de la realidad entre las fuerzas opuestas al UNP. Por su parte, la Sra. Bandaranayake había aceptado ya la dirección del SLFP. Tras haber mordido el polvo, el LSSP estaba dispuesto ahora a un pacto con el SLFP, aunque aún no lo estaba para dialogar con el PC, que en marzo y julio había abogado por un frente común anti-UNP.

Los acuerdos finales entre el SLFP, el LSSP y el PC dieron una clara victoria a las fuerzas opuestas al UNP. Sin embargo, de manera inesperada, el SLFP obtuvo escaños suficientes (75) para formar un gobierno propio sin la ayuda de los partidos de izquierda, lo que constituyó una gran decepción, en especial para el LSSP, que esperaba una situación en la que fuera necesario su apoyo para formar gobierno. El nuevo gobierno fue, por lo tanto, monocolor del SLFP, aunque con el respaldo de los partidos de izquierda. Era un segundo gobierno Bandaranayake, aunque esta vez presidido por la Sra. Bandaranayake quien, sin embargo, no se había presentado como candidata. Se soslayaron todas las normas, se le encontró acomodo en el senado y, de esta forma, se convirtió en la primera mujer del mundo nombrada primer ministro.

La Sra. Bandaranayake iba a encontrase, no obstante, con un duro camino por delante. La primera parte de su mandato fue agitada y su recuerdo está ligado a la agudización de la crisis económica, el movimiento satyagraha3 del Partido Federal, el intento de golpe de Estado llevado a cabo por altos mandos militares y policiales, el ascenso y caída del Frente Unido de Izquierdas [ULF] y el Comité Sindical Conjunto, la formación del gobierno de coalición, la firma del Pacto Sirimavo-Shastri, las sucesivas escisiones en la izquierda y la caída del gobierno por el controvertido proyecto de Ley de Prensa.

Al poco de iniciada la andadura del nuevo gobierno, el ministro de Finanzas, Felix Dias Bandaranayake, se vio obligado a tratar de encontrar una salida a la crisis económica con una propuesta que suprimía una parte de la subvención del arroz. Sin embargo, el propio partido del gobierno le forzó en el parlamento a retirar dicha propuesta, lo que provocó su dimisión con arreglo a los hábitos tradicionales de las democracias parlamentarias burguesas. El hecho de que el gobierno de SLFP tuviera que reemplazar en cinco ocasiones a su ministro de Finanzas en otros tantos años indica la extrema gravedad de la crisis económica que padecía Ceilán. Nadie dio con la solución y la que se presentó como definitiva (que no fue una solución) era política. Nos referiremos a ella más adelante.

Consciente de que el apoyo de que gozaba entre la población tamil se estaba erosionado debido a la derrota sufrida en la cuestión lingüística y a su impotencia durante los disturbios étnicos, la dirección del Partido Federal se sintió en la obligación de hacer algo llamativo para recuperar el prestigio en el imaginario colectivo tamil y conservar su apoyo. Así pues, decidió organizar un movimiento satyagraha en Jaffna. Como era de esperar, la respuesta fue importante. El Partido Federal organizó una gran movilización y numerosos grupos de satyagrahis consiguieron levantar barricadas ante las puertas de la delegación del gobierno o kachcheri. El éxito del movimiento se les subió a la cabeza a los dirigentes del Partido Federal, quienes comenzaron a adoptar medidas que preludiaban una rebelión y el propósito de declarar un Estado independiente. Empezaron a emitir sus propios sellos.

El gobierno decidió actuar y ordenó a sus tropas disolver a los satyagrahis, lo que sucedió sin oposición alguna. El Partido Federal no había previsto ningún plan ante tal eventualidad y el movimiento se desinfló. De nuevo, el motivo por el que los tamiles, a pesar de su abrumadora unidad, no pudieron organizar algo siquiera remotamente parecido a la rebelión de Irlanda del Norte, residía en el hecho de que los intereses económicos de muchísimos de ellos están en el sur de Ceilán.

En 1962 aconteció también el intento de golpe de Estado llevado a cabo por altos mandos de la policía y del ejército. Los principales implicados en el golpe fueron el capitán de la Fuerza de Voluntarios de Ceilán, el jefe del Estado Mayor de la Armada, el subinspector general de la policía, así como varios altos funcionarios policiales y de la Administración y algunos empresarios prominentes. Si contaban con cómplices políticos, nunca se les consiguió descubrir. El golpe estaba bien planificado y fracasó sólo porque un funcionario de policía (su actual inspector general, Stanley Senanayake) tuvo miedo y desveló la conspiración a su esposa que, a su vez, se la contó a su padre, P. de S. Kularatne. A través de éste las noticias llegaron justo a tiempo a la Inspección General de la policía.

Uno o dos golpistas se suicidaron. Los demás fueron juzgados, declarados culpables y condenados por la Corte Suprema, aunque quedaron en libertad tras el recurso de casación resuelto por el Consejo Privado. El intento de golpe y los nombres de los involucrados dieron mucho que hablar. Era la primera vez que se producía un golpe de Estado en Ceilán. Por ciertas sospechas que fueron surgiendo en el curso de la investigación de la intentona, el gobierno obligó a dimitir al gobernador general, Sir Oliver Goonatiieke. Teóricamente, el gobernador general era el representante de la reina y la autorización de ésta era indispensable para poder destituirlo. Dicha autorización se obtuvo tras delicadas negociaciones, pero bajo ciertas condiciones. Fue un final humillante para quien, apodado por algunos como “Nuestro Genio Malvado”4, había sido el consejero en la sombra de todos y cada uno de los primeros ministros. William Gopallawa, pariente de la Sra. Bandaranayake, le sustituyó. El golpe de Estado provocó igualmente una oleada de simpatía hacia el gobierno, pues todos los golpistas eran conocidos reaccionarios que carecían del menor apoyo o afecto popular.

Entretanto, la crisis económica comenzó a agravarse. Las huelgas se sucedían y algunas de las más largas de nuestra historia, como la huelga de los trabajadores portuarios, la de la banca o la de las fábricas de Wellawatte, tuvieron lugar en este periodo. El gobierno anunció la congelación de los salarios y adoptó una política de “aguantar” las huelgas hasta el final, recurriendo al ejército para romperlas cuando se producían en los servicios esenciales. Todo ello obligó a un profundo replanteamiento en los círculos sindicales. En la primera mitad de 1963, la Federación Sindical de Ceilán [CTUF] propuso que, en vista de que las huelgas aisladas de la clase obrera se saldaban una tras otra sin éxito, todo el movimiento sindical, tanto en el sector público como en el privado, se uniera entorno a un conjunto de reivindicaciones comunes en aras de la acción sindical colectiva. En ese sentido, en abril de 1963, el CTUF convocó en su sede la primera conferencia de los principales sindicatos del país, de la que nació el Comité Sindical Conjunto [JCTU], que, a su vez, redactó sus famosos veintiún puntos en nombre de todo el movimiento sindical. Fue éste el nivel más alto de unidad sindical alcanzado nunca en Ceilán. Por vez primera, los empleados del sector privado y los funcionarios del público, las distintas categorías de empleados administrativos y no administrativos, los trabajadores de las plantaciones y los obreros urbanos, los maestros y los técnicos, se integraron todos en un único frente común. La primera conferencia nacional del JCTU se celebró en el Hotel Ceylinco en septiembre de 1963.

Simultáneamente, comenzaron las iniciativas para la unificación del movimiento de izquierdas. Con excepción de sus primeros cuatro años de existencia, la maldición de la izquierda había sido su desunión. El LSSP se había escindido y vuelto a escindir. La formación del PC fue el resultado de una de esas fracturas y el grupo disidente de Philip Gunawardena la consecuencia de otra. El pueblo, que naturalmente deseaba ver a todas las fuerzas de izquierdas unidas para poder así combatir eficazmente a la reacción y lograr el tan anhelado fin de la explotación, apenas si entendía las diferencias ideológicas que dividían a estos partidos.

Poco después de la escisión en 1951 de Philip Gunawardena del LSSP, su partido entabló negociaciones para la formación de un frente con el PC, al que se denominó Frente Unido LSSP-PC. Fue en ese momento cuando al LSSP, que dirigía N. M. Perera, se le dio el nombre de “nuevo LSSP” [NLSSP]. El Frente Unido LSSP-PC emprendió una activa campaña por la unidad de la izquierda que provocó una nueva escisión en el LSSP. En protesta por la oposición de la dirección del NLSSP a dicha unidad, un sector influyente del partido, del que formaban parte T. B. Subasinghe, William Silva y Stanley Tillekeratne, abandonó el NLSSP. En un principio, este grupo se unió al de Philip Gunawardena. Sin embargo, al cabo de un año, todos sus integrantes salvo unos pocos, como Subasinghe y William Silva, se incorporaron al PC. En vísperas de las elecciones de 1956, Philip Gunawardena dejó el Frente Unido LSSP-PC y se unió a Bandaranayake y su MEP.

Ya en 1963, el movimiento por la unidad de la izquierda cobró fuerza, debido, especialmente, a la mala actuación del SLFP y al temor al regreso de la reacción, que ésta andaba ya organizando. Antes del 1 de mayo de 1963 se había avanzado tanto, que los tres partidos de izquierdas convocaron una manifestación unitaria para el 1 de mayo. El entusiasmo de las gentes por la unidad de la izquierda se pudo apreciar en la gigantesca manifestación y concentración que tuvo lugar ese día. Ceilán nunca había visto nada igual hasta entonces ni tampoco después. No fue sólo que miles y miles de personas se sumaran, en un hecho sin precedentes, a la manifestación; es que muchos miles más atestaban el recorrido, formando una nutrida barrera todo a lo largo de él y ocupando todos los puntos desde donde pudiera dominarse este espectáculo único, que para muchos fue el cumplimiento de sus más ansiadas esperanzas. Galle Face Green rebosaba de humanidad. En comparación, las manifestaciones convocadas por el SLFP y el UNP palidecieron en la más absoluta insignificancia. Escenas como ésas sólo se habían visto en los países socialistas en ocasiones como los desfiles del 1 de mayo o las celebraciones del Día Nacional. Deben tenerse bien presentes las posibilidades que representaba aquella extraordinaria movilización de las fuerzas de izquierda de aquel 1 de mayo de 1963 para poder valorar en toda su amplitud el calibre de la traición cometida al año siguiente con la formación de la coalición de gobierno. Porque, mientras los tres dirigentes iban en un jeep al frente de la manifestación de aquel 1 de mayo, albergaban ya otras ideas respecto al modo en que iban a emplear la confianza que el pueblo había depositado en ellos.

El acuerdo formal que creó el Frente Unido de Izquierdas se firmó en una ceremonia en la Plaza de la Independencia el 12 de agosto, día conmemorativo del hartal, de 1963. Sin embargo, el espíritu del 1 de mayo de ese año ya había desaparecido. Habían empezado a surgir las dudas sobre la sinceridad de los dirigentes. Hete aquí tres partidos, que se habían estado peleando unos con otros –¡y cómo!– durante buena parte de un cuarto de siglo, cuyos máximos dirigentes, de repente, anunciaban su decisión de unir sus fuerzas. No hubo ninguna declaración autocrítica sobre los errores previos de unos u otros, o sobre los motivos de tales errores. En otras palabras, al pueblo no se le confiaron las razones de tantos años de desunión de la izquierda. Era difícil no llegar a la conclusión de que el acuerdo de unidad, negociado con tanta premura, era un gesto oportunista para lograr la mayor cantidad posible de escaños en el parlamento, y que carecía de principios.

Que este análisis era correcto lo confirmó el hecho de que la ULF no duró ni un año.

En el año 1963 se asistió también a la polarización dentro del PC de las fuerzas que representaban al marxismo-leninismo, por un lado, y al revisionismo moderno, por otro. Como se ha señalado anteriormente, la dirección del PC había sido siempre, por lo general, revisionista, debido a la influencia ideológica de los Partidos Comunistas de Gran Bretaña y la India. Es menester indicar en este punto que, al contrario de lo que se suele creer, el PC de Ceilán no mantuvo contactos con el PC soviético hasta después de 1956. La razón de ello fue que el PC de Ceilán se formó tras la disolución de la III Internacional Comunista. El primer contacto tuvo lugar en el VIII Congreso del PC chino, celebrado en 1956, cuando los delegados del PC de Ceilán se reunieron con los del PC soviético que asistían también a dicho congreso.

No obstante, después de usurpar el poder por medio de un golpe palaciego y emprender el camino de la traición revisionista moderna, abandonando los principios revolucionarios del marxismo-leninismo, Kruschev trató de atraer a todos los partidos comunistas a la órbita del revisionismo. Desde el XXI congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética, el PC de Ceilán recibió invitaciones regulares para todos los congresos del partido soviético. Pieter Keuneman, Secretario General del PC, volvió del XXII congreso, celebrado en 1962, con la “orden” de que el Comité Central del PC aprobara a toda prisa una resolución de apoyo a las tesis contrarrevolucionarias de los XX y XXII congresos del partido soviético. En ese congreso, ya se había sometido obedientemente a la batuta soviética y, sin autorización alguna del Comité Central, atacó a Albania por desafiar a Kruschev y su revisionismo.

Pero Keuneman se encontró con una ardua tarea por delante. Hay que recordar que el PC de Ceilán no había abordado nunca de manera oficial las conclusiones del XX congreso del partido soviético, en el que Kruschev presentó su informe secreto contra Stalin, lo cual se debía a que el partido, que había nacido con el nombre de Stalin en sus labios, por así decirlo, en el transcurso de la lucha contra el trotskismo, era un bloque absolutamente pro Stalin. La dirección lo sabía y no se había atrevido a abrir una discusión que, no obstante, no se podía posponer más.

Por entones, ya habían salido a la luz las diferencias entre la línea marxista-leninista del Partido Comunista de China y la línea del revisionismo moderno del partido soviético. El debate en el seno del Comité Central del PC de Ceilán reflejó estas diferencias de líneas del movimiento comunista internacional. La mayoría siguió el camino del revisionismo moderno, dándose inicio a una caza de brujas contra los marxistas-leninistas. Estos últimos convocaron el VII congreso del partido, que la dirección, vulnerando los estatutos, había pospuesto en reiteradas ocasiones, y se reconstituyeron en el Partido Comunista Marxista-Leninista de Ceilán, declarando su fidelidad al marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-Tung. Una de las primeras demostraciones de fuerza entre ambas facciones tuvo lugar en diciembre de 1963 en el XIII congreso de la Federación Sindical de Ceilán, la mayor organización de masas que dirigía el PC. Los revisionistas modernos fueron derrotados de modo decisivo y la dirección de la CTUF se mantuvo en manos marxistas-leninistas.

En 1964 el gobierno se enfrentaba a problemas económicos cada vez mayores. La ola ascendente de descontento entre la clase obrera se reflejaba en el crecimiento tanto del ULF como del JCTU. La Sra. Bandaranayake se asustó: el 21 de marzo de 1964, mientras el JCTU celebraba una inmensa manifestación en Galle Face en apoyo de sus 21 reivindicaciones, la Sra. Bandaranayake canceló su participación en un mitin en las afueras de Colombo y no se movió de Temple Trees, al ser informada de la llegada de miles de trabajadores provenientes de todos los puntos del país.

Decidió actuar con rapidez. Como la represión pura y dura no era posible, optó por la conocida táctica de asaltar la fortaleza enemiga desde su interior y, así, mostró su disposición para entablar conversaciones con los dirigentes del LSSP. Antes incluso de que el dedo de la Sra. Bandaranayake hubiera terminado de señalar a sus interlocutores, N. M. Perera y Philip Gunawardena ya andaban tropezando uno con otro por las puertas de Temple Trees, mientras al pobre Keuneman le dieron con la cancela en las narices, a pesar de lo mucho que suplicó que le dejaran entrar. Al ULF lo destruyeron finalmente los mismos hombres que lo habían creado meses antes. Fue una sagaz maniobra táctica de la Sra. Bandaranayake. De un golpe obtuvo la sumisión de los dirigentes de la izquierda que no había conseguido su marido. Los mismos hombres que se habían negado a ser los lugartenientes de aquél, mucho más capaz que ella, aparecían ahora prácticamente postrados a sus pies. La clase trabajadora y el movimiento de izquierdas habían sido penosamente traicionados. A N. M. Perera y a dos de sus conmilitones de partido les recompensaron con las correspondientes carteras ministeriales. El gobierno de coalición acababa de nacer. Cabe recordar la famosa definición que Lenin dio de un gobierno de coalición como el gabinete conjunto de la burguesía con los renegados del socialismo. Debía de tener en mente el Ceilán de 1964 cuando dijo esa frase.

Una consecuencia de la decisión del LSSP de unirse a la coalición de gobierno con el SLFP fue una nueva escisión en el partido. Una facción encabezada por Samarakkody, Merryl Fernando y Bala Tampoe se separó para formar el LSSP(R), con “R” de revolucionario. A su vez, este grupo también se dividió, al crear Samarakkody el (R)LSSP, con la “R” delante. Ambos grupos siguen aún riñendo sobre quiénes son los auténticos trotskistas.

Con unas elecciones a la vuelta de la esquina, la Sra. Bandaranayake viajó a la India para entablar negociaciones sobre el problema indo-cingalés. Se firmó el Pacto Sirimavo-Shastri. Ceilán acordó otorgar la ciudadanía a 303.000 personas de origen indio, y la India, por su parte, aceptó repatriar a 545.000. La suerte de lo pactado se decidiría más tarde. El hecho de que Ceilán aceptara esas cifras constituía en sí mismo un reconocimiento tácito de lo injusto de las leyes anteriores. Pero el principal inconveniente de dicho pacto era que no mencionaba ni una sola palabra de lo que sucedería si no se alcanzaban tales cifras de forma voluntaria. Si esas 545.000 personas no solicitaban la ciudadanía india, ¿se usaría la fuerza? La cuestión quedó en la más completa imprecisión. Aunque en las siguientes elecciones el pacto constituyó uno de los grandes asuntos debatidos, apenas nada se ha hecho desde entonces y hasta la fecha (1974) para ponerlo en marcha.

La principal controversia política mientras duró dicho gobierno de coalición fue el proyecto de Ley de Prensa. Para poder entender este asunto, es esencial conocer la situación de la prensa en la isla. Debido al elevado nivel de alfabetización en Ceilán, logrado gracias a la educación gratuita implantada desde 1945, los periódicos desempeñaban un papel importante en la formación ideológica de la gente. La posición predominante en el sector mediático por aquel entonces la ostentaba la Asociación de Periódicos de Ceilán o “Lake House”, como se la solía llamar, que editaba varios diarios en las tres lenguas. Su fundador, D. R. Wijeyawardena, colega y amigo de D. S. Senanayake, había comprado una serie de periódicos que ya existían, convirtiendo a su grupo de prensa en un monopolio en la práctica. La única oposición estaba representada por el Times of Ceylon, en su origen de propiedad británica, y el diario tamil Virakesari.

A menudo se ensalza a D. R. Wijeyawardena como adalid de las reformas, así como por su contribución al movimiento por la independencia, que apoyó desde sus periódicos. No obstante, si se le ha de juzgar por sus actos en el ámbito periodístico, en su haber consta la creación de la mayor fábrica de mentiras de Ceilán y mayor bastión de la reacción. “Lake House” simbolizó todo lo reaccionario que había Ceilán. Se opuso a todas y cada una de las medidas progresistas propuestas por cualquier gobierno. El reciente informe de una comisión de investigación sobre las actividades corruptas de tres directores de “Lake House”, quienes infringieron a sabiendas la normativa en materia de control de cambios y depositaron casi dos millones de rupias en cuentas privadas en bancos extranjeros, aunque posterior a la muerte de Wijeyawardena, es, sin duda, el mejor epitafio que podría colocarse sobre la tumba de “Lake House”, cuando por fin descanse en paz, como todo el mundo espera.

“Lake House” combatió al movimiento de izquierdas desde el principio y no se anduvo con remilgos a la hora de emplear todo tipo de armas, tales como la calumnia, las insinuaciones, las medias verdades, las mentiras completas, etc. Nada era lo bastante malo si se podía usar para golpear a la izquierda. También Bandaranayake hubo de imponerse a la total oposición de “Lake House”. Como buen orador que era, Bandaranayake optó por la radio pública y la empleó contra la prensa burguesa. Sus sucesores, sin embargo, incapaces de algo semejante, decidieron poner coto a “Lake House”. Existía ya un clamor público que pedía tomar el control de “Lake House”. De ese modo, el gobierno de coalición presentó un proyecto de ley para su nacionalización. Aquí es donde se equivocó, pues debería haber utilizado sus poderes –incluso haber declarado una situación de crisis, si hubiera sido necesario– para hacerse primero con el control de “Lake House” y hablar más tarde. El error se demostró fatal.

“Lake House” movilizó a su artillería pesada. El informe de la comisión de investigación detalla cómo procedió para hacer frente a esta amenaza a su existencia. Varios cientos de miles de rupias fueron puestos a la disposición absolutamente discrecional de uno o dos de sus directores. Más tarde, en el parlamento, se formuló la acusación de que a los diputados de la mayoría que votaron el 4 de diciembre de 1964 con la oposición y en contra del gobierno, los había sobornado “Lake House”. La comisión de investigación indagó el asunto y declaró que no disponía de pruebas que corroboraran tales acusaciones. Pero, al mismo tiempo, afirmaba que los directores de “Lake House” no habían dado explicaciones convincentes sobre el modo en que habían gastado la enorme cantidad de dinero que se les había confiado en ese periodo. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

La campaña contra “Lake House” fue una de las mayores vistas hasta entonces en Ceilán, si bien es cierto que “Lake House” se terminó llevando el gato al agua ante la debilidad táctica del gobierno. Los “brillantes cerebros” del LSSP se encargaron de la redacción y presentación del proyecto de Ley de Prensa en el parlamento. El periodo de sesiones parlamentarias se prorrogó con el único propósito de debatir el proyecto de ley que permitiera controlar “Lake House”. El día de las votaciones, el del Mensaje Inaugural de 4 de diciembre de 1964, un número suficiente de diputados del SLFP se sumó a la oposición, provocando la derrota del gobierno por un voto. Los dos diputados del LSSP(R), Samarakkody y Merryl Fernando, votaron con el UNP y el resto de los reaccionarios, allanando el regreso al poder de dicho partido en 1965.

Debe señalarse, sin embargo, que durante el primer gobierno de la Sra. Bandaranayake se adoptaron diversas medidas progresistas, como la nacionalización de la enseñanza, la del Banco de Ceilán y de los seguros, así como la de todas las compañías petroleras extranjeras. En relación con estas últimas, se planteó el contencioso del monto de las indemnizaciones, lo que motivó que el gobierno de Estados Unidos suspendiera sus programas de ayuda. El gobierno cingalés finalmente acordó pagar una cantidad que los norteamericanos dieron por buena. También debe indicarse que durante este gobierno, llegó a Ceilán el primer grupo de personal de mantenimiento de la paz de los Estados Unidos.

Las elecciones de 1965 no dieron la victoria absoluta a ningún partido. En ellas el UNP volvió a ser el grupo más votado. Al Partido Federal le cortejaron ambos bandos, porque su apoyo habría permitido a cualquiera de los dos partidos formar gobierno. Aunque más tarde fue terriblemente crítico con la alianza del UNP con el Partido Federal, no cabe duda de que el SLFP hizo todo lo posible para llegar a un acuerdo con éste y trató de lograrlo a cualquier precio. No obstante, sobre la base de un pacto secreto entre Dudley Senanayake y Chelvanayagam, pacto reconocido, pero nunca hecho público, el UNP formó el llamado “Gobierno Nacional”, en el que se integraron Philip Gunarwardena y W. Dahanayake. El UNP también fichó a Thondaman, adinerado latifundista que, irónicamente, también era el máximo dirigente del mayor sindicato de los trabajadores de las plantaciones. Fueron los intereses de su clase, y no los de los trabajadores de origen indio de las plantaciones, los que determinaron a Thondaman –aconsejado posiblemente también por la embajada india en Ceilán– a lamer la misma bota que en 1948 había pateado a los trabajadores de las plantaciones de origen indio.

Los partidos de la frustrada coalición respondieron con una de las más ruidosas campañas chovinistas jamás desencadenadas, en la que ni siquiera faltaron comentarios despectivos sobre los hábitos alimenticios de los tamiles. ¡Fue la época de la línea “masala vadai”! El LSSP y la camarilla revisionista de Keuneman no le fueron a la zaga al SLFP en su burda campaña chovinista.

El 8 de enero de 1966, cuando Dudley Senanayake trató de aprobar ciertas disposiciones que pretendía incluir en el proyecto de Ley de Uso Razonable de la Lengua Tamil, la oposición llamó a una huelga de carácter étnico y convocó una manifestación en la que resultó muerto por disparos un monje budista. Todo ello desembocó en la declaración del estado de emergencia. Los miles de trabajadores que, engañados, habían participado en la huelga aquel día, fueron el objeto de las represalias del gobierno y de las empresas estatales; a su vez, el Partido Federal pronto iba a darse cuenta de que su oportunismo tampoco recibiría compensación alguna. A instancias del Partido Federal, Dudley Senanayake presentó un proyecto de Ley sobre los Consejos de Distrito que les concedía un cierto grado de autonomía: los partidos de la coalición consiguieron organizar tales protestas a lo largo y ancho del país, incluso en las propias filas del UNP, que Dudley tuvo que renunciar al proyecto. Poco después, dimitió el representante del Partido Federal en el gabinete y la ilusión de un “Gobierno Nacional” se desvaneció.
Calle de Colombo, 1960

Por lo demás, el gobierno de 1965 de Dudley Senanayake se caracterizó por empeorar aún más la crisis económica. Como consecuencia de la devaluación de la libra esterlina, y ante la insistencia del Banco Mundial, la rupia se devaluó un 20%. Como el Banco Mundial no quedó satisfecho con esa tasa, impuso una nueva devaluación bajo la forma de Proyecto de Certificados de Títulos Cambiarios. La ración de arroz se redujo a la mitad, si bien una parte se entregaba ahora gratuitamente. El coste de la vida se disparó y creció el desempleo. Se produjeron huelgas generales en el sector privado y en el público en 1967 y 1968 respectivamente. La única solución del gobierno ante los crecientes males económicos que padecía Ceilán fue pedir prestado a instituciones imperialistas, como el Banco Mundial. Pidió más que cualquier otro gobierno. De ese modo, ciñó aún más la correa que ataban a Ceilán al imperialismo extranjero.

Políticamente, el SLFP, el LSSP y la camarilla revisionista de Keuneman formaron un Frente Unido a partir de un programa común que era mucho más inconsistente que el manifiesto electoral original del MEP de 1956 de S. W. R. D. Bandaranayake.

Durante este periodo salió a la luz igualmente la opresión social que sufrían las castas deprimidas e intocables en Jaffna. Bajo la dirección del Movimiento de Masas por la Erradicación de la Intocabilidad y del Sistema de Castas, los desfavorecidos se enfrentaron a sus opresores por la cuestión de la entrada a los templos. El gobierno se puso de parte de la casta de los hindúes y dio rienda suelta a la represión contra las llamadas “castas deprimidas”. Sólo el Partido Comunista Marxista-Leninista las apoyó abiertamente y les dio una dirección. Éste luchó con valentía y varios camaradas cayeron en la lucha. La cuestión, no obstante, sigue sin estar totalmente resuelta a día de hoy. Pero, al menos, dicho movimiento sirvió para poner al descubierto la existencia de tan inhumano sistema, así como la hipocresía del Partido Federal, que pedía la igualdad de derechos con los cingaleses, pero no estaba dispuesto a tratar como iguales a personas que hablaban su mismo idioma, porque pertenecían a una casta inferior.

Las elecciones generales de 1970 se convirtieron en una confrontación directa entre el Frente Unido y el UNP. Sólo el Partido Comunista Marxista-Leninista previno contra cualquier tipo de fe en el fraude de la democracia parlamentaria burguesa e hizo un llamamiento al pueblo a desentenderse de las elecciones. Aunque, en aquel momento, fueron relativamente pocos los que secundaron dicho llamamiento, en menos de un año la mayoría hubo de admitir lo acertado de tal análisis. A pesar de que el gobierno del Frente Unido regresó al poder con una abrumadora mayoría parlamentaria de más de dos tercios, se reveló incapaz de resolver cualquiera de los problemas fundamentales del pueblo. Antes al contrario, el coste de la vida siguió subiendo aún más si cabe y la tasa de desempleo empeoró.

La amplitud misma de su mayoría parlamentaria portaba en sí las semillas de su propia destrucción. Al concederle tan abrumadora mayoría, el pueblo avisaba que no aceptaría excusas. La desilusión con el gobierno no tardó en hacerse patente. Tras haber prometido hasta la luna, el nuevo gobierno siguió los mismos pasos que antes diera el UNP. Tras haber criticado ferozmente a éste por su servilismo para con el Banco Mundial, el primer acto del nuevo ministro de Finanzas, el trotskista N. M. Perera, fue acudir en misión mendicante a su sede. En menos de un año, el gobierno cumplía ya todas las condiciones que le imponía el Banco Mundial y hacía recaer la carga de la crisis económica sobre los hombros de las masas. La explosión no tardó en llegar.

1 Dicha campaña se inició a finales de marzo de 1958 con la sustitución de la letra sri del alfabeto cingalés por la shri del tamil en todas las matrículas de cuarenta autobuses públicos que operaban en zonas tamiles del norte de la isla. [N. de los t.]
2 Alude a la cantidad de dinero que en el sistema electoral cingalés debe pagar todo candidato por presentarse a unas elecciones. [N. de los t.]
3 Tipo de lucha política –literalmente significa en hindi “insistencia en la verdad”– basada en la resistencia y la desobediencia civil sistemáticas. [N. de los t.]
4 “Our Evil Genius” (OEG), en inglés. [N. de los t.]
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