
Por eso el carnaval, el circo, la fiesta, en su origen, tienen un sentido catártico, como forma de expresión de la resistencia popular, y lo que hace la chirigota ganadora este año es encarnar al muñeco que hay que quemar en la plaza del pueblo, la figura del circo de la que hay que reirse, al falso rey por un dia al que hay que castigar al siguiente, en la cada vez más dominada y controlada sociedad española. A pesar de que el capitalismo y el formalismo de la sociedad totalitaria en que vivimos lo acaba controlando todo (o al menos lo intenta), como explica Bajtin como conclusión de su análisis, no es tan fácil controlar el torrente vital de los pueblos:
“La cosmovisión carnavalesca típica, con su universalismo, sus osadias, su carácter utópico y su ordenación al porvenir, comienza a transformarse en simple humor festivo. La fiesta casi deja de ser la segunda vida del pueblo, su renacimiento y renovación temporal. Hemos destacado el adverbio “casi” porque en realidad el principio festivo popular carnavalesco e indestructible. Reducido y debilitado, sigue no obstante fecundando los diversos dominios de la vida y la cultura”
Y por eso, en pocas ocasiones como la del Carnaval de Cádiz, incluso en ambientes diseñados para la moderación, en instituciones transformadas por la cultura hegemónica como elitistas, en fiestas programadas transformadas en programas electorales, la resistencia del pueblo se desborda con la chirigota, con el chiste, con la burla; y ante las cámaras de la televisión, transmisoras donde los haya de la cultura oficial, el pueblo dice y grita lo que piensa de la panda de ladrones, "hijos de puta" y degenerados que nos gobierna.
Por último, y antes de dejar paso a la chirigota que transforma al Consejo de Ministros del gobierno de Rajoy en protagonistas de una "quema del diablo" (festival que se celebra en muchos lugares que consiste en quemar un muñeco que representa el mal, los problemas, a los enemigos del pueblo), terminamos con las palabras de otro culturologo que ha alizado la importancia del torrente de la cultura popular frente a la cultura oficial, J.C. Scott, en su estudio Los dominados y el arte de la resistencia, en la que recuerda, entre otras cosas, que “la no declarada guerra de guerrillas ideológica que tiene lugar en el espacio político exige que nos introduzcamos en el mundo del rumor, el chisme, los disfraces, los juegos de palabras, las metáforas, los eufemismos, los cuentos populares, los gestos rituales, la anonimia”
1 comentario:
Todo lo que cantan estos terroristas es vox populi y a los que representan en la vida real deberían estar, no entre rejas, sino igual que a los que ellos han condenado a la miseria, al hambre, al suicido.
Saludos.
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