28 de marzo de 2014

Fuera, fuera, ladrones de naciones, guardianes de la cúpula banquera, cluecas del capital y sus doblones: ¡fuera, fuera! (Miguel Hernández)

Miguel Hernández no murió, como suele decir los medios de propaganda del capital, sino que fue asesinado por aquellos que todavía continuan pisoteando y explotando al pueblo del que el poeta comunista siempre se sintió parte. Fue castigado por ponerse de su lado, con todas sus fuerzas y en todos los frentes, con sus poesías y arma en mano junto a los que defendían su país de los agresores extranjeros, el fascismo aleman e italiano, y sus títeres locales, los grandes empresarios y terratenientes y los mercenarios a las órdenes del general Franco.

Un 28 de marzo de  1942 moriría encerrado en la carcel de Alicante, y, como los de tantos otros (fusilados, torturados o encerrados) que lucharon por la justicia y el socialismo, por un mundo sin explotadores, sus asesinos siguen sentándose en los tronos, los escaños y los despachos de las grandes empresas.

Miguel Hernández sí que fue un defensor de la democracia, de la única posible, aquella en la que no hay privilegios y en la que nadie puede vivir a costa de explotar a otros, no como todos los fascistas homenajeados por el régimen actual español, Manuel Fraga, Adolfo Suarez, Felipe González, y tanto canalla como elllos, continuadores de aquellos asesinos que eliminaron a media España, la mejor, la que creía en la verdadera libertad, la que no puede existir si no va de la mano de la la igualdad economica y la solidaridad, y con ellos al poeta de los trabajadores.

Como él, y ahora que vivimos una nueva ola vertíginosa del fascismo criminal en toda Europa, y en especial en España, aunque lo intenten maquillar de estado de derecho o pantomima democratica, hacemos nuestro el deseo del poeta de la clase trabajadora de que, en "una tormenta de martillos y hoces" echemos "fuera a los ladrones de naciones, a los guardianes de la cúpula banquera", para erradicar definitivamente la barbarie del sistema capitalista y a sus verdugos.

Jornaleros que habéis cobrado en plomo
sufrimientos, trabajos y dineros.
Cuerpos de sometido y alto lomo:
jornaleros.

Españoles que España habéis ganado
labrándola entre lluvias y entre soles.
Rabadanes del hambre y el arado:
españoles.

Esta España que, nunca satisfecha
de malograr la flor de la cizaña,
de una cosecha pasa a otra cosecha:
esta España.

Poderoso homenaje a las encinas,
homenaje del toro y el coloso,
homenaje de páramos y minas,
poderoso.

Esta España que habéis amamantado
con sudores y empujes de montaña,
codician los que nunca han cultivado,
esta España.

¿Dejaremos llevar cobardemente
riquezas que han forjado nuestros remos?
¿Campos que ha humedecido nuestra frente,
dejaremos?

Adelanta, español, una tormenta
de martillos y hoces: ruge y canta.
Tu porvenir, tu orgullo, tu herramienta,
adelanta.

Los verdugos, ejemplo de tiranos,
Hitler y Mussolini labran yugos.
Sumid en un retrete de gusanos,
los verdugos.

Ellos, ellos nos traen una cadena
de cárceles, miserias y atropellos.
¿Quién España destruye y desordena?:
¡Ellos!¡Ellos!

Fuera, fuera, ladrones de naciones,
guardianes de la cúpula banquera,
cluecas del capital y sus doblones:
¡fuera, fuera!

Arrojados seréis como basura
de todas partes y de todos lados.
No habrá para vosotros sepultura,
arrojados.

La saliva será vuestra mortaja,
vuestro final la bota vengativa,
y sólo os dará sombra, paz y caja:
la saliva.

Jornaleros: España, loma a loma,
es de gañanes, pobres y braceros.
¡No permitáis que el rico se la coma,
jornaleros!

Miguel Hernández
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