30 de marzo de 2013

Miguel Hernandez no murió, fue asesinado por los mismos que hoy nos siguen pisoteando

Miguel Hernandez no murio, como se suele decir, sino que fue asesinado por aquellos que todavia siguen pisoteando y explotando al pueblo del que el poeta comunista siempre se sintió parte. Fue castigado por ponerse de su lado, con todas sus fuerzas y en todos los frentes, con sus poesias y en la batalla junto a los que defendian su pais de los agresores extranjeros, el fascismo aleman e italiano, y sus títeres locales, los grandes empresarios y terratenientes y los mercenarios a las ordenes del general Franco.

El 28 de marzo pasado se cumplió el aniversario de su asesinato encerrado en la carcel de Alicante, y, como el de tantos otros (fusilados, torturados, o encerrados) que lucharon por la justicia y la democracia (la verdadera, la de la mayoria), los asesinos siguen sentándose en los tronos, los escaños y los despachos de las grandes empresas.

Pero como escribió el poeta de la dignidad del trabajador y del orgullo del pueblo en el fragmento de su poema "La herida", titulado "Para la libertad",...

"Porque donde unas cuencas vacías amanezcan, ella pondrá dos piedras de futura mirada y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan en la carne talada".

..por mucho que los parásitos y las bestias insistan en cortar las alas a los que luchan por la justicia y la libertad, esta hará que rebroten sus puños y sus  brazos, y que jamás sus enemigos puedan descansar tranquilos hasta la emancipación definitiva de los hombres y las mujeres de la clase trabajadora y campesina.

En el siguiente video podemos escuchar el fragmento citado, "Para la libertad". Una pena que esté interpretado por Joan Manuel Serrat, que aunque un dia estuvo del mismo lado en el que siempre estará Miguel Hernandez,  hace tiempo se pasó a las filas de los mismos que asesinaron hace ya  setenta y un años al poeta que dió su vida luchando por una libertad por la que todavia nos queda mucho que combatir.



"Para la libertad", Miguel Hernández

EL HERIDO

I
(...)

II Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.
Para la libertad siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.
Para la libertad me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.
Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.
Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

MIGUEL HERNÁNDEZ, El hombre acecha, (1938-39)
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