11 de marzo de 2013

Maduro, el obrero

Nicolás Maduro es la cara visible del nuevo tiempo en Venezuela. Tras la muerte del presidente Hugo Chavez, el era el mejor colocado y el que más apoyo tenía en todo el movimiento bolivariano, y el propio Chavez ya le recomendó como su sucesor antes de morir.

Su nombramiento como presidente interino hasta la próxima celebración de elecciones el 14 de abril ha encendido el ventilador de infamias de la oligarquia y la lluvia de odio de los privilegiados contra el que, como principal argumento de las críticas, es, nada mas y nada menos, que un obrero.

El odio y el desprecio de la clase parasitaria hacia los que trabajan ha justificado su dominación sobre los que producen a lo largo de la historia en la supuesta superioridad intelectual de los que tienen una preparación técnica o universitaria, especialmente en los centros educativos que solo algunos se pueden pagar, y , por lo tanto, la mejor preparación y adecuación de los miembros de la clase capitalista para gobernar un pais.

Así, las primeros insultos y desdenes hacia Maduro se basan, como si eso tuviera algun valor a la hora de decidir si la persona en cuestión va a gobernar o no en beneficio de su pueblo, en que en su origen era un chofer de metro, un trabajador, y que se tuviera que ganar la vida, al contrario de los que se erigen en propietarios del derecho a controlar y, por supuesto, repartir, la riqueza de todos, currando.

Cuando se le cuestiona a Nicolás su origen y su profesión, se está ofendiendo el derecho de la clase trabajadora, de la que crea la riqueza, de ser conductora de los destinos de un país. Claro que para los bandidos que a lo largo de generaciones se han apropiado, o mejor dicho, han robado, la riqueza del pueblo y de la clase obrera, el derecho a beneficiarse de los recursos, el trabajo y el bienestar de un pais es suyo por la gracia de dios, de ese dios que tambien utilizan para someter y resignar a los que esclavizan a cambio o no de un salario miserable.

Los fascistas (o como se suelen llamar para aparentar humanidad, capitalistas) consideran que nadie, salvo ellos o, como poco, los que se someten a su supuesta pero incuestionable superioridad inveterada y sagrada, pueden dirigir sus asuntos (los del pais que consideran suyo, y los de los trabajadores que deben sostener sus privilegios), y por lo tanto, alguien de clase obrera solo puede llegar a dirigir el gobierno de la nación si, como ha sucedido en otras ocasiones, se pone al servicio de los de arriba y no intenta ni osa beneficiar y gobernar al servicio de la mayoria (el caso, por ejemplo, de Lula, en Brasil, o del infame Lech Waleza, lider del sindicato fascista Solidaridad que tanto colaboró al retorno al poder de los mafiosos de la oligarquia en Polonia).

No se pone en la balanza en ningún momento que Nicolás Maduro sea o no el mas indicado para gobernar Venezuela por su gran formación política, su demostrada capacidad como sindicalista, dirigente social, parlamentario, constituyente, canciller y Vicepresidente Ejecutivo, o por las convicciones propias de un revolucionario que cree al cien por cien en el proyecto iniciado por los gobiernos de Chavez (mas allá de las críticas que se puedan hacer a este).

Para los parásitos que viven de chupar la sangre a los obreros que crean la riqueza estos se tienen que limitar a trabajar para ellos, dejando el control de la riqueza producida en sus manos de ocioso holgazan y de ambicioso criminal, y en ningun caso organizarse para construir la unica democracia posible, la de la mayoria (es decir, la de los que trabajan y producen lo que en una dictadura capitalista pasa a manos de las sanguijuelas que han vivido a costa de su pueblo durante siglos).

Más allá de las posibles críticas a la velocidad de la revolución bolivariana, a veces demasiado ralentificada en los últimos años, y de lo mejor o peor que lo pueda hacer Maduro (desde aquí esperemos que, como miembro de la clase trabajadora, acelere el proceso revolucionario para llevarlo a la altura que se merecen los que sostienen cualquier pais, sus obreros y campesinos), ¿quíen hay mas adecuado para dirigir un estado, especialmente uno que pretende construir el Socialismo, que un obrero?

Además, otro mito de los tan al gusto de los oligarcas y grandes criminales y tan beneficioso para sus intereses es el de la personalización de la responsabilidad de los gobiernos revolucionarios o que, al menos, tienden hacia el Socialismo. Mientras los presidentes de las dictaduras del capital, a los que llaman "democracias",  gobiernan colegiadamente, de forma teóricamente asamblearia (aunque los parlamentos estén controlados y al servicio de los grandes delincuentes económicos), los de los paises socialistas se identifican con dictadores, que gobiernan a capricho, aunque en realidad lo hagan, en este caso sí, aunque sea convenientemente ocultado por los medios de propaganda también en manos del capital, de forma colegiada e, incluso, con la participación del pueblo y los trabajadores a través de comunas, asambleas locales o soviets.

Así pasaba por ejemplo con otro obrero que estuvo a la cabeza del único estado proletario de la historia, convertido en su epoca en la primera potencia militar, social, y económica del mundo: Stalin. Entonces, a pesar de la dirección colectiva, el poder de los soviets, y de la eficacia de la economia y de la organización social, se le acusaba, y se sigue haciendolo, de ser un dictador. Claro que en caso contrario, cuando los dictadores económicos, escondidos tras los rostros del politico mercenario de turno, hacen y deshacen a su antojo, manejando como marionetas a los parlamentos, jueces y gobiernos, la propaganda vende que se trata de democracias libres por el mero hecho de que los subditos votan cada cierto tiempo entre las opciones que los que controlan el chiringuito les presentan.

Solo cuando el plan sale mal, cuando el diseño realizado en los despachos de las corporaciones y grandes parásitos mundiales choca contra, por ejemplo, la resistencia obrera, como sucedió con el plan imperialista-fascista encabezado por la Alemania nazi contra la URSS, apoyado por todas las potencias capitalistas hasta que la derrota era evidente, se toma un cabeza de turco y se le acusa de ser un dictador, como si la responsabilidad hubiera sido solo suya, de su locura, de su ambición, de su maldad.

Por eso, y dejando bien claro que el camino se hace caminando, y que no podemos juzgar cómo va a evolucionar Venezuela con Maduro, queremos dejar aquí constancia que, lo que está mas que claro es que el hecho de que este tenga origen obrero, no es una carta de presentación ni mucho menos negativa, sino, aunque no sea condición suficiente, pues lamentablemente en la actualidad el ser trabajador y el tener dignidad y conciencia de serlo no es algo tan habitual como la lógica y el sentido común exigen, es un importante punto a favor pues ¿qué más democrático y racional que el que presidente de todos sea un miembro de su clase más importante, la mayoritaria, la que produce la riqueza y el bienestar?

Solamente un miembro de la clase que produce y, a la vez, es saqueada y explotada por las garrapatas de la minoria capitalista, puede, al fin, acabar con el mal y extirpar de Venezuela los vendepatrias cuyo único amor e interés en la vida es el de enriquecerse y aumentar sus privilegios a costa del sufrimiento de su pueblo.

No decimos que Maduro lo vaya a hacer, pues el futuro siempre es una incógnita, aunque aquí por supuesto lo deseemos; no se trata de un artículo para defender al nuevo presidente de Venezuela, ni mucho menos. Solamente queremos recordar a los chupasangres capitalistas y, especialmente, a los obreros aborregados que siguen pensando que, como decia aquel gran mercenario socialdemocrata, Felipe Gonzalez, el capitalismo es el sistema menos malo, que nadie mejor que un obrero para devolver a sus camaradas de clase lo que siempre fue suyo, y para avanzar hacia una sociedad donde ningún hombre pueda vivir de exprimir a otro.

No obstante, Maduro ha empezado bien, y el recién designado presidente interino, ha declarado este domingo en la Conferencia del Partido Comunista de Venezuela, que ha respaldado su investidurauna gran verdad: que decirle comunista a alguien es como un halago y que cualquiera debe sentirse orgulloso de ello.

“Decirle a alguien comunista tendría que ser algo que lo llenará de orgullo porque es decirle honesto, humilde, transparente, es así, así creemos, así ha sido en la historia de la patria venezolana (...) El comunismo nació como una fuerza que nadie podrá detener”.
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