En la noche del 21 al 22 de abril de 1945, las primeras tropas del Ejército Rojo llegaron a los límites de la ciudad de Berlín. La Segunda Guerra Mundial terminó 17 días después. Una casa en Landsberger Allee 563, en el distirito de Marzahn, conmemora el evento histórico.
El monumento fue inaugurado en 1985, cuando Berlín era la capital de la República Democrática Alemana, la Alemania antifascista.
En la fachada de color rojo están escritas con letras cirílicas blancas las palabras "Pobjeda" ("Victoria") y "Na Berlin" ("a Berlín"). Sobre la fecha "21. Abril de 1945" blasona una estrella soviética.
En la siguiente inscripción aparece el texto: "En el camino para liberar a Berlín del fascismo de Hitler, los soldados soviéticos izaron la bandera roja de la victoria en Berlín Marzahn".
Se cree que el edificio donde se homenajea al Ejército Rojo libertador y vencedor del fascismo fue en realidad la primera casa en Berlín en ser tomada por los soviéticos, lo que es bastante probable porque está justo en lo que eran los límites de la ciudad en aquel momento.
23 de abril de 2020
18 de abril de 2020
El 75% de los supuestos "disidentes" detenidos por el comunismo eran legionarios fascistas (según la Academia Rumana)
Uno de los habituales mitos vendidos por los medios de propaganda desde la reinstauración de la dictadura del capital tras el golpe de estado de diciembre de 1989 en Rumania, como también sucede en otros antiguos países del este, es que las autoridades comunistas llevaron a cabo una campaña constante de represión contra "inocentes" por el mero hecho de no ser comunistas o no aceptar el nuevo sistema.
![]() |
| Progrom del Matadero de Bucarest, ejecutada por legionarios fascistas rumanos en 1941 |
Sin embargo, la propia Academia Rumana, máxima institución cultural del país, lo desmiente involuntariamente en un informe (publicado por Activenews.ro) sobre el Movimiento Legionario, el movimiento paramilitar fascista creado por Corneliu Codreanu en 1927, teniendo como modelo a las SA nazis, a los falangistas españoles y a los Camisas Negras italianos, con el objetivo de, mediante el terrorismo, evitar la emancipación de la clase obrera y, envueltos en un fanático y falso espíritu religioso, conseguir de paso la pureza racial de la "raza" rumana (eso sí, como súbditos y al servicio de la raza aria superior alemana).
La intención de la Academia es, no obstante, no acusar a los disidentes, sino "limpiar la imagen" del Movimiento Legionario, también conocido como Guardia de Hierro, al que ha absuelto en el informe citado de la culpa de ser fascistas (obviando, por supuesto, las travesuras de los jóvenes legionarios de asesinar a políticos y escritores antifascistas, o de llevar a cabo progromos contra judios, como la matanza de cientos de ellos en un matadero de Bucarest, donde los asesinos colgaron los cuerpos de los ganchos y los mutilaron.
Horia Sima, el sucesor de Codreanu, fue vicepresidente del gobierno del Mariscal Antonescu en 1940, creándose, a instancias de Hitler, el Estado Nacional Legionario, bajo el reinado de Carlos II, aunque como pasara con José Antonio en España, o las SA en Alemania, el movimiento se convirtió en incómodo para fuhrer, caudillo y duce y el propio Antonescu lo desarticuló. Horia Sima, por cierto, huyó a España tras la proclamación de la R.P.R en 1948, donde colaboró con la dictadura franquista y publicó varios libros. Moriría en Madrid en 1993.
En fin que, con la intención de limpiar la ingente sangre que derramaron del recuerdo de los legionarios, la Academia Rumana concluyó en el informe citado que los legionarios no eran fascistas, entre otras razones, porque considerarlos como tal haría que el 75% de los detenidos por el comunismo entre 1945-1964 tuvieran que ser considerados también como fascistas, en vez de como "pobres inocentes" que no merecían estar en las cárceles o ser deportados, tal y como bombardea cada día la propaganda mediática de las corporaciones capitalistas.
Horia Sima y el general Antonescu haciendo el saludo fascista (aunque
"sin serlo", según la Academia Rumana)
|
En resumen, la propia Academia desmonta otro mito anticomunista impuesto como verdad indubitable a golpe de talonario y publicidad en la Rumania heredera de aquella en la que los Legionarios iban por las calles de las ciudades del país golpeando, matando e imponiendo el terror:
En primer lugar, los disidentes que los comunistas detenían, deportaban y condenaban aparentemente de forma injusta no eran apolíticos o personas que no cometieron delitos, sino que eran, en su mayoría (73%) legionarios, es decir, organizados en grupos para boicotear, atentar o asesinar a los trabajadores rumanos y envitar, como fuera, que construyeran el Socialismo en Rumania (es decir, fascistas de libro, aunque el régimen actual, heredero del fascismo pero con toneladas de maquillaje democrático, los etiquete como "luchadores por la libertad"). Para la Academia, pues, hacer progromos a judios, recorrer las calles apaleando, destrozando tiendas de judios o de antifascistas y asesinando al que se pasaba de la raya, no es, ser fascista, sino "luchar por la libertad"
Y, por último, que curiosamente la Academia piensa igual que los servicios secretos norteamericanos, franceses o ingleses, que por cierto también consideraban intencionadamente que los legionarios no eran fascistas, para bien de Horia Sima, su líder, que vivió a costa del presupuesto público español (es decir, de los trabajadores españoles) a la sombra de otro gran asesino sanguinario, Francisco Franco, y para bien también de la CIA, que pudo pescar en aguas revueltas para continuar la guerra contra la Unión Soviética (aunque „fría”) en el frente de la República Popular Rumana (1948-1965), y luego también contra a la República Socialista de Rumania (1965-1989) usando a los herederos de Hitler y Codreanu. Algo, lo anterior, que, en definitiva, y haciendo honor a la habitual y oportunista práctica política de que las instituciones del estado, en todos los ámbitos, repiten y defienden la ideología del vencedor, demuestra quien manda realmente hoy en Rumania, los vencedores de la Guerra Fria, que no fue más que la continuación de la guerra fascista contra el Socialismo, conocida habitualmente como Segunda Guerra Mundial: es decir, las grandes corporaciones capitalistas norteamericanas, de la Unión Europea (es decir, principalmente alemanas, francesas e inglesas) y, tambíen, lamentablemente, después de la caída de la URSS en 1991 y de que una minoria mafiosa idéntica a la minoría mafiosa que controla la riqueza en otros paises capitalistas occidentales acaparara la riqueza y el poder en el antiguo estado de los trabajadores soviéticos, alguna que otra de Rusia.
De: VKR
15 de abril de 2020
Primera biblioteca comunista de audiolibros y pdfs (del blog Victoria de los Oprimidos y Explotados)
Les presentamos la primera biblioteca de audiolibros comunista, que el blog Victoria de los Oprimidos y Explotados ha ido creando poco a poco y con mucho esfuerzo. Se trata de más de 100 audiolibros, varias presentaciones de imágenes y unos pocos vídeos. Se ha elaborado a partir de artículos y libros encontrados en diferentes blogs y páginas: Cuestionatelotodo, Luminoso Futuro, Bolchetvo, Dazibao Rojo, Cultura Proletaria, de la página de facebook “La lectura es la fábrica de la conciencia revolucionaria” …
En esta pequeña biblioteca encontrarán una gran variedad temática: 15 obras de Stalin, libros clásicos como Estado y revolución de Lenin, resumen del Capital por Gabrielle Deville, Rosa Luxemburgo Reforma o revolución, Historia de las religiones de S.A. Tokarev… temas más actuales como la guerra popular del Perú, el Pensamiento Gonzalo, la traición en el Nepal, un manual de estudio de los naxalitas, una entrevista al camarada Ganapathy, la revolución en Canadá etc.
En el momento de confeccionar los audiolibros hemos tenido que hacer algunas reflexiones respecto la diferencia entre los sentidos de la vista y el oído. Se ha tenido en cuenta que los libros a convertir en audio no tengan tablas, que posean pocos pies de página y no haya ni esquemas ni gráficos por lo que hemos tenido que desechar a bastantes. Aun así puede que en algunos momentos puntuales el lector se desoriente y se pierda al escucharlos, esperamos que no suponga un inconveniente. Tampoco es perfecto el reconocimiento de caracteres, por lo que es posible que alguna palabra puntual no sé pronuncie correctamente.
Todos los audios se pueden descargar por si se prefiere escuchar con más comodidad en el ordenador, en casi todos también hay la opción de descargar el pdf que hemos adjuntado. Por lo que en realidad esta biblioteca no es solo de audiolibros sino también de pdfs. Para hacer la descarga se entra en cualquier audio y se va a la parte inferior derecha de la página donde pone “Options download”, allí puede descargar el pdf clicando encima de “PDF” y para el caso del audio puede clicar en VBR M3U (descarga directa) o VBR MP3 (abre otro reproductor distinto).
Aunque modesta la biblioteca seguro que algo interesante halla, es un mundo para explorar y descubrir. Si observan que algún audio no funciona correctamente háganlo saber.
Se puede acceder pulsando en Biblioteca Comunista.
Como obra rara y poco conocida destaca Her Vogt, una obra en que Carlos Marx se defiende de las calumnias del señor Vogt, que le acusa de ser el líder de la Banda de Azufre, desenmascarando sus intrigas y los intereses imperialistas detrás de él. La gran mayoría de audiolibros son en castellano, pero también hay algunos en otros idiomas: inglés, italiano, portugués y francés. La voz no es humana, pero se ha buscado con afán las mejores voces sintéticas que la tecnología actual permite.
En el momento de confeccionar los audiolibros hemos tenido que hacer algunas reflexiones respecto la diferencia entre los sentidos de la vista y el oído. Se ha tenido en cuenta que los libros a convertir en audio no tengan tablas, que posean pocos pies de página y no haya ni esquemas ni gráficos por lo que hemos tenido que desechar a bastantes. Aun así puede que en algunos momentos puntuales el lector se desoriente y se pierda al escucharlos, esperamos que no suponga un inconveniente. Tampoco es perfecto el reconocimiento de caracteres, por lo que es posible que alguna palabra puntual no sé pronuncie correctamente.Aunque modesta la biblioteca seguro que algo interesante halla, es un mundo para explorar y descubrir. Si observan que algún audio no funciona correctamente háganlo saber.
Con motivo del Día de la República, 14 de abril, Manolo Kabezabolo y los ke no dan pie con bolo han sacado un nuevo tema, adaptación del clásico de Cecilia, "Mi querida España", sobre la España que permanece enterrada en miles de fosas comunes tras la restauración monárquico-franquista. Se trato, en realidad, de la continuidad más o menos encubierta de, una vez muerto Franco, la misma tiranía de unos pocos sobre los trabajadores que había sido impuesta por los mercenarios franquistas con ayuda de Hitler y Mussolini en la Guerra Civil, lo que, en definitiva, no es más, usando la definición del gran José Bergamín, que "franquismo con democrático" (o de fascismo mal disimulado).
Una España enterrada que, sin embargo, no dejará de temblar indignada, generación tras generación, bajo los pies de los tarados, corruptos y vendepatrias que nos han gobernado desde 1939 hasta que casda uno de ellos pague todos sus crímenes ante la justicia y ante la historia.
2 de abril de 2020
Método para lavarse las manos, de la poeta india Usha Akella
En este caso, Usha Akella denuncia a los soldados norteamericanos que torturaban a los detenidos en Irak en la cárcel de Abu Ghraib, algo que, lamentablemente, no es ni mucho menos una excepción en las actuaciones militares de Estados Unidos y sus aliados.
Lavarse las manos es recomendable para evitar contagios de virus y prevenir enfermedades, pero el imperialismo lo hace constantemente para intentar borrar sus crímenes y ocultar que las tienen llenan de sangre (todo ello con el lavado de manos general de sus cómplices medíaticos y sus aliados políticos).
Método Para Lavarse Las Manos
Usa jabón y agua del grifo,
frota tus manos vigorosamente,
lava bien toda sus superficie, incluyendo
![]() |
| Denuncia de las torturas de EE.UU. en Irak, Max Ginsburg |
el dorso,
las muñecas,
entre los dedos,
bajo las uñas.
Enjuagate bien,
secate las manos con un kleenex
con otro cierra el agua,
no con las manos desnudas,
con las que torturas en Abu Ghraib.
no con las manos desnudas,
con las que torturas en Abu Ghraib.
Use soap and running water
Rub your hand vigorously
Wash all surfaces, including
Back of hands
Wrists
Between fingers
Under fingernails
Rinse well
Dry hands with paper towel
Turn off the water using a paper towel,
Instead of bare hands,
shred a man’s soul in Abu Ghraib
18 de marzo de 2020
En memoria de La Comuna: cuando los trabajadores confirmaron a la burguesía que, tarde o temprano, iban a ser sus sepultureros
149 años después del día que los obreros franceses tomaran el cielo por asalto, proclamándo la Comuna de París, siguen siendo válidas las palabras de Lenin, escritas 40 años después en el diario Rabóchaia Gazeta, (núm.4-5, 15 (28) de abril de 1911).en su artículo "En memoria de la Comuna":
"La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal".
La clase trabajadora sigue luchando por los mismos objetivos, consciente o inconscientemente, casi ciento cincuenta años más tarde, y ha tenido siempre a La Comuna como modelo e inspiración de sus grandes victorias contra la barbarie capitalista en el pasado: la Revolución Soviética de 1917 y la construcción del primer estado de los trabajadores y campesinos, la URSS, la proclamación de la República Popular China en 1949 y, a partir de ahí, en las múltiples revoluciones, revueltas y guerras, exitosas o temporalmente fracasadas, en el seno de las potencias capitalistas o en el marco de la lucha anticolonial.
El 18 de marzo de 1871 los obreros franceses rechazaron al ejército prusiano que había vencido a Francia y luego, al gobierno francés que pretendía quitarles las armas. La defensa de las armas, del pueblo armado, se convirtió en una insurrección: los obreros tomaron el control de París y declararon la Comuna.
Con el Poder en sus manos, lo obreros parisinos, entre otras medidas, redujeron la carga laboral, prohibieron el trabajo nocturno, organizaron guarderías para los niños, congelaron el precio de arriendo de la vivienda, abolieron las deudas con los bancos, dieron reconocimiento a los “hijos no legítimos” y los cargos políticos de los dirigentes se declararon derogables en cualquier momento que el pueblo lo estimara.
A pesar que la Comuna de París duró solamente 72 días, y que los trabajadores fueron masacrados en una de las que fueron antes y siguieron siendo hasta hoy habituales masacres de la burguesía contra el proletariado, mostró a los pueblos lo que puede lograr la clase trabajajadora con el poder en sus manos. "La Comuna", dice Lenin, "era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado".
Desde entonces, desde aquel 18 de marzo de 1871, la ningún burgués, en ningún estado del mundo, puede dormir tranquilo, pues sabe que, como habían escrito Marx y Engels un poco antes, en 1848, en El Manifiesto Comunista, "La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables".

Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas...
"La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal".
La clase trabajadora sigue luchando por los mismos objetivos, consciente o inconscientemente, casi ciento cincuenta años más tarde, y ha tenido siempre a La Comuna como modelo e inspiración de sus grandes victorias contra la barbarie capitalista en el pasado: la Revolución Soviética de 1917 y la construcción del primer estado de los trabajadores y campesinos, la URSS, la proclamación de la República Popular China en 1949 y, a partir de ahí, en las múltiples revoluciones, revueltas y guerras, exitosas o temporalmente fracasadas, en el seno de las potencias capitalistas o en el marco de la lucha anticolonial.
El 18 de marzo de 1871 los obreros franceses rechazaron al ejército prusiano que había vencido a Francia y luego, al gobierno francés que pretendía quitarles las armas. La defensa de las armas, del pueblo armado, se convirtió en una insurrección: los obreros tomaron el control de París y declararon la Comuna.
Con el Poder en sus manos, lo obreros parisinos, entre otras medidas, redujeron la carga laboral, prohibieron el trabajo nocturno, organizaron guarderías para los niños, congelaron el precio de arriendo de la vivienda, abolieron las deudas con los bancos, dieron reconocimiento a los “hijos no legítimos” y los cargos políticos de los dirigentes se declararon derogables en cualquier momento que el pueblo lo estimara.
A pesar que la Comuna de París duró solamente 72 días, y que los trabajadores fueron masacrados en una de las que fueron antes y siguieron siendo hasta hoy habituales masacres de la burguesía contra el proletariado, mostró a los pueblos lo que puede lograr la clase trabajajadora con el poder en sus manos. "La Comuna", dice Lenin, "era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado".
Desde entonces, desde aquel 18 de marzo de 1871, la ningún burgués, en ningún estado del mundo, puede dormir tranquilo, pues sabe que, como habían escrito Marx y Engels un poco antes, en 1848, en El Manifiesto Comunista, "La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables".

V. I. Lenin
En memoria de la Comuna
Primera edición: En Rabóchaia Gazeta, núm.4-5, 15 (28) de abril de 1911.
Han pasado cuarenta años desde la proclamación de la Comuna de París. Según la costumbre establecida, el proletariado francés honró con mítines y manifestaciones la memoria de los hombres de la revolución del 18 de marzo de 1871. A finales de mayo volverá a llevar coronas de flores a las tumbas de los communards fusilados, víctimas de la terrible “Semana de Mayo”, y ante ellas volverá a jurar que luchará sin descanso hasta el total triunfo de sus ideas, hasta dar cabal cumplimiento a la obra que ellos le legaron.
¿Por qué el proletariado, no sólo francés, sino el de todo el mundo, honra a los hombres de la Comuna de París como a sus predecesores? ¿Cuál es la herencia de la Comuna?
La Comuna surgió espontáneamente, nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La desgraciada guerra con Alemania, las privaciones durante el sitio, la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía, la indignación de las masas contra las clases superiores y las autoridades, que habían demostrado una incapacidad absoluta, la sorda efervescencia en la clase obrera, descontenta de su situación y ansiosa de un nuevo régimen social; la composición reaccionaria de la Asamblea Nacional, que hacía temer por el destino de la República, todo ello y otras muchas causas se combinaron para impulsar a la población de París a la revolución del 18 de marzo, que puso inesperadamente el poder en manos de la Guardia Nacional, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella.


Fue un acontecimiento histórico sin precedentes. Hasta entonces, el poder había estado, por regla general, en manos de los terratenientes y de los capitalistas, es decir, de sus apoderados, que constituían el llamado gobierno. Después de la revolución del 18 de marzo, cuando el gobierno del señor Thiers huyó de París con sus tropas, su policía y sus funcionarios, el pueblo quedó dueño de la situación y el poder pasó a manos del proletariado. Pero en la sociedad moderna, el proletariado, avasallado en lo económico por el capital, no puede dominar políticamente si no rompe las cadenas que lo atan al capital. De ahí que el movimiento de la Comuna debiera adquirir inevitablemente un tinte socialista, es decir, debiera tender al derrocamiento del dominio de la burguesía, de la dominación del capital, a la destrucción de las bases mismas del régimen social contemporáneo.
Al principio se trató de un movimiento muy heterogéneo y confuso. Se adhirieron a él los patriotas, con la esperanza de que la Comuna reanudaría la guerra contra los alemanes, llevándola a un venturoso desenlace. Los apoyaron asimismo los pequeños tenderos, en peligro de ruina si no se aplazaba el pago de las deudas vencidas de los alquileres (aplazamiento que les negaba el gobierno, pero que la Comuna les concedió). Por último, en un comienzo también simpatizaron en cierto grado con él los republicanos burgueses, temerosos de que la reaccionaria Asamblea Nacional (los “rurales”, los salvajes terratenientes) restablecieran la monarquía. Pero el papel fundamental en este movimiento fue desempeñado, naturalmente, por los obreros (sobre todo, los artesanos de París), entre los cuales se había realizado en los últimos años del Segundo Imperio una intensa propaganda socialista, y que inclusive muchos de ellos estaban afiliados a la Internacional.
Sólo los obreros permanecieron fieles a la Comuna hasta el fin. Los burgueses republicanos y la pequeña burguesía se apartaron bien pronto de ella: unos se asustaron por el carácter socialista revolucionario del movimiento, por su carácter proletario; otros se apartaron de ella al ver que estaba condenada a una derrota inevitable. Sólo los proletarios franceses apoyaron a su gobierno, sin temor ni desmayos, sólo ellos lucharon y murieron por él, es decir, por la emancipación de la clase obrera, por un futuro mejor para los trabajadores.
Abandonada por sus aliados de ayer y sin contar con ningún apoyo, la Comuna tenía que ser derrotada inevitablemente. Toda la burguesía de Francia, todos los terratenientes, corredores de bolsa y fabricantes, todos los grandes y pequeños ladrones, todos los explotadores, se unieron contra ella. Con la ayuda de Bismarck (que dejó en libertad a 100.000 soldados franceses prisioneros de los alemanes para aplastar al París revolucionario), esta coalición burguesa logró enfrentar con el proletariado parisiense a los campesinos ignorantes y a la pequeña burguesía de provincias, y rodear la mitad de París con un círculo de hierro (la otra mitad había sido cercada por el ejército alemán). En algunas grandes ciudades de Francia (Marsella, Lyon, Saint-Etienne, Dijon y otras) los obreros también intentaron tomar el poder, proclamar la Comuna y acudir en auxilio de París, pero estos intentos fracasaron rápidamente. Y París, que había sido la primera en enarbolar la bandera de la insurrección proletaria, quedó abandonada a sus propias fuerzas y condenada una muerte cierta.
Para que una revolución social pueda triunfar, necesita por lo menos dos condiciones: un alto desarrollo de las fuerzas productivas y un proletariado preparado para ella. Pero en 1871 se carecía de ambas condiciones. El capitalismo francés se hallaba aún poco desarrollado, y Francia era entonces, en lo fundamental, un país de pequeña burguesía (artesanos, campesinos, tenderos, etc.). Por otra parte, no existía un partido obrero, y la clase obrera no estaba preparada ni había tenido un largo adiestramiento, y en su mayoría ni siquiera comprendía con claridad cuáles eran sus fines ni cómo podía alcanzarlos. No había una organización política seria del proletariado, ni fuertes sindicatos, ni sociedades cooperativas...
Pero lo que le faltó a la Comuna fue, principalmente tiempo, posibilidad de darse cuenta de la situación y emprender la realización de su programa. No había tenido tiempo de iniciar la tarea cuando el gobierno, atrincherado en Versalles y apoyado por toda la burguesía, inició las operaciones militares contra París. La Comuna tuvo que pensar ante todo en su propia defensa. Y hasta el final mismo, que sobrevino en la semana del 21 al 28 de mayo, no pudo pensar con seriedad en otra cosa.
Sin embargo, pese a esas condiciones tan desfavorables y a la brevedad de su existencia, la Comuna adoptó algunas medidas que caracterizan suficientemente su verdadero sentido y sus objetivos. La Comuna sustituyó el ejército regular, instrumento ciego en manos de las clases dominantes, y armó a todo el pueblo; proclamó la separación de la Iglesia del Estado; suprimió la subvención del culto (es decir, el sueldo que el Estado pagaba al clero) y dio un carácter estrictamente laico a la instrucción pública, con lo que asestó un fuerte golpe a los gendarmes de sotana. Poco fue lo que pudo hacer en el terreno puramente social, pero ese poco muestra con suficiente claridad su carácter de gobierno popular, de gobierno obrero: se prohibió el trabajo nocturno en las panaderías; fue abolido el sistema de multas, esa expoliación consagrada por ley de que se hacía víctima a los obreros; por último, se promulgó el famoso decreto en virtud del cual todas las fábricas y todos los talleres abandonados o paralizados por sus dueños eran entregados a las cooperativas obreras, con el fin de reanudar la producción. Y para subrayar, como si dijéramos, su carácter de gobierno auténticamente democrático y proletario, la Comuna dispuso que la remuneración de todos los funcionarios administrativos y del gobierno no fuera superior al salario normal de un obrero, ni pasara en ningún caso de los 6.000 francos al año (menos de 200 rublos mensuales).
Todas estas medidas mostraban elocuentemente que la Comuna era una amenaza mortal para el viejo mundo, basado en la opresión y la explotación. Esa era la razón de que la sociedad burguesa no pudiera dormir tranquila mientras en el ayuntamiento de París ondeara la bandera roja del proletariado. Y cuando la fuerza organizada del gobierno pudo, por fin, dominar a la fuerza mal organizada de la revolución, los generales bonapartistas, esos generales batidos por los alemanes y valientes ante sus compatriotas vencidos, esos Rénnenkampf y Meller-Zakomielski franceses, hicieron una matanza como París jamás había visto. Cerca de 30.000 parisienses fueron muertos por la soldadesca desenfrenada; unos 45.000 fueron detenidos y muchos de ellos ejecutados posteriormente; miles fueron los desterrados o condenados a trabajar forzados. En total, París perdió cerca de 100.000 de sus hijos, entre ellos a los mejores obreros de todos los oficios.
La burguesía estaba contenta. “¡Ahora se ha acabado con el socialismo para mucho tiempo!”, decía su jefe, el sanguinario enano Thiers, cuando él y sus generales ahogaron en sangre la sublevación del proletariado de París. Pero esos cuervos burgueses graznaron en vano. Después de seis años de haber sido aplastada la Comuna, cuando muchos de sus luchadores se hallaban aún en presidio o en el exilio, se iniciaba en Francia un nuevo movimiento obrero. La nueva generación socialista, enriquecida con la experiencia de sus predecesores, cuya derrota no la había desanimado en absoluto, recogió la bandera que había caído de las manos de los luchadores de la Comuna y la llevó adelante con firmeza y audacia, al grito de “¡Viva la revolución social, viva la Comuna!” Y tres o cuatro años más tarde, un nuevo partido obrero y la agitación levantada por éste en el país obligaron a las clases dominantes a poner en libertad a los communards que el gobierno aún mantenía presos.
La memoria de los luchadores de la Comuna es honrada no sólo por los obreros franceses, sino también por el proletariado de todo el mundo, pues aquella no luchó por un objetivo local o estrechamente nacional, sino por la emancipación de toda la humanidad trabajadora, de todos los humillados y ofendidos. Como combatiente de vanguardia de la revolución social, la Comuna se ha ganado la simpatía en todos los lugares donde sufre y lucha el proletariado. La epopeya de su vida y de su muerte, el ejemplo de un gobierno obrero que conquistó y retuvo en sus manos durante más de dos meses la Capital del mundo, el espectáculo de la heroica lucha del proletariado y de sus sufrimientos después de la derrota, todo esto ha levantado la moral de millones de obreros, alentado sus esperanzas y ganado sus simpatías para el socialismo. El tronar de los cañones de París ha despertado de su sueño profundo a las capas más atrasadas del proletariado y ha dado en todas partes un impulso a la propaganda socialista revolucionaria. Por eso no ha muerto la causa de la Comuna, por eso sigue viviendo hasta hoy día en cada uno de nosotros.
La causa de la Comuna es la causa de la revolución social, es la causa de la completa emancipación política y económica de los trabajadores, es la causa del proletariado mundial. Y en este sentido es inmortal.
17 de marzo de 2020
¡Qué ningún trabajador pierda su empleo! (Federación Sindical Mundial)
Declaración de la FSM sobre la pandemia del coronavirus
¡QUE NINGÚN TRABAJADOR PIERDA SU EMPLEO!
La Federación Sindical Mundial, en nombre de sus 100 millones de miembros en todo el mundo, expresa su apoyo a los-las trabajadores-as del todo el mundo, que enfrentan consecuencias en su salud y riesgo contra sus derechos laborales, debido al brote de Coronavirus que ahora registra una gran cantidad de casos y muertes.
Instamos a los gobiernos a que tomen de inmediato todas las medidas necesarias para garantizar la vida y la salud de los trabajadores, así como la protección de sus derechos laborales.
Nuestra gran familia sindical de clase destaca la contribución heroica de los trabajadores y científicos de la salud, en los hospitales y otros servicios, que se esfuerzan para proteger la vida de los trabajadores y del todo el mundo en condiciones agotadoras y en sistemas de salud pobres e inadecuados.
Vemos las grandes lagunas en los sistemas de salud, como resultado de las políticas de subfinanciación y comercialización por los estados, que no consideran la atención médica y la prevención como un derecho global sino como una mercancía generando enormes ganancias para las industrias farmacéuticas y de salud. Las estructuras de salud miserables e incluso inexistentes en los países africanos, asiáticos y latinoamericanos exponen a los trabajadores a una grave amenaza debido a la pandemia.
Reivindicamos:Los trabajadores no deben pagar los efectos del brote de Coronavirus en la economía global, con medidas como despidos en sectores como el turismo, el trabajo desde casa e incluso horarios de trabajo aún más flexibles.
- Contratación de personal médico y de enfermería permanente, así como la creación de nuevas estructuras de salud públicas.
- Todos los servicios públicos deben estar totalmente equipados con el material necesario de desinfección y protección, proporcionado por el estado gratuitamente a la población.
- Días libres adicionales con remuneración total y seguro se deben asegurar para:
- Trabajadores enfermos.
- Trabajadores que se ven obligados a abstenerse de trabajar debido a medidas preventivas de emergencia.
- Quienes deben cuidar a un niño enfermo o un miembro anciano de su familia.
- Quienes se deben quedar con sus hijos en casa, debido al cierre preventivo de escuelas y guarderías.
- Medidas de protección sustanciales y adecuadas en todos los lugares de trabajo.
- La especulación de las multinacionales y los monopolios contra los estratos populares se debe aplastar.
En la era del rápido desarrollo y avance tecnológico, existen todas las posibilidades científicas y productivas para la lucha eficaz y la protección de los pueblos contra las epidemias. En cambio, los trabajadores y los estratos populares sufren las consecuencias del sistema capitalista bárbaro y están expuestos a riesgos contra sus propias vidas y la sobrevivencia de sus familias.
Exigimos que todos los estados, gobiernos y organizaciones internacionales asuman sin demora medidas completas y sustanciales para la prevención contra la epidemia y la protección de la salud y la vida de los trabajadores y los pueblos, así como para la protección de sus derechos laborales contra el efecto de las medidas anunciadas.
EL SECRETARIADO
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







