24 de marzo de 2009

Prohibir la Coca: otra imposicion colonial

La hoja de Coca es un cultivo tradicional incaico, que los colonialistas europeos usaron para fabricar la cocaina. Al igual que el vino, otra droga, se produce a partir de la uva, o el ron de la caña de azucar, es impensable (salvo para los tarugos occidentales) prohibir el cultivo de las plantas para evitar el consumo de alcohol.

Evo Morales defendio ante la ONU el uso tradicional y popular de la hoja de Coca, y la mastico ante los 53 miembros. Su discurso era tan evidente que su auditorio debio sentirse como niños de escuela.

La prohibicion de la coca es nada mas que una accion colonial, una imposicion de aquellos que se creen superiores e intentan hacer y deshacer a su antojo sin razonamiento alguno. Los mismos que han inventado la cocaina acusan de drogadictos a los indigenas que durante miles de años han usado la coca sin necesidad de enriquecerse traficando con ella.

Los representantes de los traficantes acusan a los productores de la planta tradicional de ser los culpables. Es para morirse de risa o de indignacion. Personalmente, despues de probar la hoja de coca en mis viajes a Chile no puedo decir que sea una droga. En todo caso, lo es en menor medida que el vino, el ron, o la Coca Cola que, por otro lado, tiene entre sus componentes derivados quimicos de la hoja de Coca.

El periodista chileno Hernan Uribe describe en un articulo esta delirante paradoja.

Prohibición de la coca: Una acción colonialista
Hernán Uribe

La escena del presidente boliviano Evo Morales quien mascó coca el 11 de marzo frente a numerosos ministros de 53 países reunidos en Viena fue tanto una difundida noticia como una explicación clara de porqué ese vegetal es consumido por diez millones de personas en los países andinos.

En su discurso ante la Comisión de Estupefacientes de Naciones Unidas el jefe de Estado pidió que se derogue la penalización que afecta a esa planta desde 1961 y sugirió que se trata de una medida de tónica colonialista que se opone a la Convención sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas aprobada por la propia ONU en 2008.

Un alimento muy completo, la coca (del aimara kkoka) es cultivada desde hace unos tres mil años, aunque fue conocida por los europeos sólo en el siglo XVI cuando los españoles se apoderan de Perú que entonces abarcaba a Bolivia y Ecuador actuales. Garcilaso Inca de la Vega (1) escribe en sus "Comentarios Reales" (1609) que "La coca es la principal riqueza del Perú" y cita al efecto al sacerdote Blas Valera:

"Es tan agradable la coca a los indios que por ella posponen el oro y la plata y las piedras preciosas. Los indios que la comen se muestran más fuertes y dispuestos para el trabajo y, muchas veces, contentos con ella, trabajan todo el día sin comer". Por su cuenta, el historiador anota: "La coca preserva el cuerpo de muchas enfermedades y nuestros médicos usan della hecha polvos, para atajar y aplacar la hinchazón de las llagas, para fortalecer los huesos quebrados, para sacar el frío del cuerpo, para sanar las llagas podridas, llenas de gusanos".
Puesto que los habitantes autóctonos consideraban al arbusto como algo sagrado, los hispanos, fanáticos como eran, pensaron eliminar su sembradío, pero se impuso la realidad de los méritos del producto. Nos informa Inca de la Vega: "Tiene (la coca) también gran provecho y es que la mayor parte de la renta del obispo y de los canónigos y de los demás ministros de la Iglesia Catedral del Cuzco es de los diezmos de las hojas de coca, y muchos españoles se han enriquecido y enriquecen con el trato y contrato de esta yerba."

En los tiempos contemporáneos, la presión de Estados Unidos, el país que es de lejos el que posee la mayor cantidad de drogadictos del mundo, logró que se prohibiera el cultivo de la coca (1961, antes mencionado). En febrero pasado (2009) la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) acusó a Bolivia de incumplimiento de aquella resolución y además, agregó que en la nación altiplánica se consume coca con el sistema de masticarla. El mastique público de Evo Morales fue entonces también una respuesta al disparate.

Alfredo Rada, ministro de Gobierno (Interior) de Bolivia refutó aquella postura de la JIFE en declaraciones formuladas al diario chileno "La Nación" (Santiago, 23/2/09). "Respetamos el trabajo de los organismos internacionales, pero respaldamos asimismo nuestra propia soberanía nacional, nuestras tradiciones y costumbres", acotó.

Puntualizó luego: "Bolivia no permite el libre cultivo el cual debe hacerse en zonas determinadas. El problema es mucho más complejo que las meras plantaciones, ya que en la conversión de una hoja de coca natural en cocaína existen elementos que escapan al control de Bolivia". Y aclaró: "En realidad los países que producen esas sustancias químicas son naciones industrializadas. Por otra parte, los mayores mercados de consumo de cocaína están ubicados en Estados Unidos y en la Unión Europea. En esos países circula un mercado de capitales que motoriza el negocio ilegal del narcotráfico".

Apuntemos aquí otra realidad. Los órganos de información de Estados Unidos y Europa, así como los de Latinoamérica, tienen como tema favorito el de los cárteles (en mal castellano, carteles...) de narcotraficantes, pero ¿ha leído o escuchado usted algo sobre las organizaciones mafiosas de la misma naturaleza que operan en EE.UU. y la UE?. Es imposible pues esa información no existe o, más precisamente, es ocultada.

Regresemos a la vapuleada coca que deliberadamente se insiste en confundirla con la cocaína en circunstancias de que esta última es sólo uno de los catorce alcaloides que posee la primera. En el artículo "La irracional batalla de la Hoja de Coca", su autor, Guillermo Giacosa, escribe: "Estudios científicos de la Universidad de Harvard señalan que la hoja de coca tiene un valor nutritivo superior a la kiwicha, la quina, el trigo, el maíz, etc. El trabajo ‘Nutritional value of Coca' indica que la coca posee más calcio que la leche, tanto fósforo como el pescado y más hierro que la espinaca".

Remacha: "La convención de la ONU sobre estupefacientes prohibió estúpidamente No la cocaína, sino la hoja de coca, que es como prohibir la caña de azúcar, las uvas, las papas o la cebada para evitar el alcoholismo por ron, vino, vodka o cerveza" ( 2)

Son tales los valores alimenticios de la coca que puede afirmarse que grandes plantaciones de ella, marginadas por supuesto del negocio sucio de las drogas, podrían contribuir la desnutrición que afecta a 150 millones de latinoamericanos.

Notas:
1. Garcilaso Inca de la Vega "Comentarios Reales", Buenos Aires, Editorial Atlántida, 1975.
2. Guillermo Giacosa; "La irracional batalla de la Hoja de Coca", Lima, revista ´Mariátegui´, julio/ 06"

http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2009031808

¡Hay que ser hijo de puta¡

El ejercito israeli aparte de sanguinario y genocida, riendose de las leyes internacionales (sin las cuales nunca hubiera existido, por cierto), ademas se jacta de ello. Parece ser que entre sus mercenarios se ha puesto de moda portar unas camisetas personalizadas con mensajes en los que se enorgullecen de sus asesinatos y delitos contra Palestina.

Por ejemplo, imagenes de una mujer embarazada con una diana sobre su tripa, de una mezquita bombardeada, de un niño palestino muerto, o de una palestina violada. Los mensajes son obvios, y no ocultan para nada su intencion: un dibujo de un soldado junto a una joven con magulladuras, y el texto: “¡Apuesto que te violaron!”, una mujer palestina embarazada con un objetivo superpuesto sobre su vientre, con la consigna, en inglés: “1 tiro, 2 muertos.”, o un “Más vale que uses Durex,” junto a la foto de un bebé palestino muerto, con su madre en llanto y un osito de peluche a su lado.

Aunque estas camisetas son encargadas por iniciativa propia de estos piojos vivientes que se dicen soldados, sus responsables militares las conocen y las autorizan en la mayoria de los casos. ¿Que calificativo pueden tener unos bestias que, aparte de asesinos metodicos escusados bajo la tapadera de un ejercito, se jactan de sus crimenes de esta manera?

Protege mi vida

Los hipocritas que se llaman a si mismos catolicos, representantes del materialismo y de la riqueza sobre la tierra han comenzado una campaña contra el aborto, en la que dicen que algunos animales, como el lince iberico, tienen mas proteccion legal que un "no nacido". Aunque ya de por si es ridiculo pedir proteccion contra algo que no ha nacido, es decir, que no vive, ellos se empeñan en defender los absurdos en los que basan su saqueo cotidiano de las finanzas de los estados y de los pueblos, con el unico fin de mantener a ciertos parasitos dandose la vida padre (nunca mejor dicho) sobre el sufrimiento y la pobreza de la mayoria de la poblacion mundial.

La oposicion de estos funcionarios del engaño ante medidas de salud publica como el uso de preservativo recuerda a la de otros enfermos similares como los testigos de Jehova y su prohibicion de transpantar la sangre. En un mundo donde el SIDA es una epidemia incontrolable los buitres del vaticano favorecen la muerte de miles de niños y adultos en vez de apoyar las campañas sanitarias y preventivas.

Lo mismo sucede con respecto al aborto. Incluso se oponen a este cuando hay causas evidentes de que el niño no es deseado, como una violacion. Incluso se oponen cuando hay peligro para la vida de la nacida madre, favoreciendo al no nacido embrion.

Cuando alguien vive a costa del erario publico y del engaño a los fieles, como ejemplifica mas que ninguna otra secta la iglesia catolica, es logico que se digan estas tonterias: aunque a veces las tonterias pueden ser delito cuando se favorece la muerte de millones de personas sobre las que, lamentablemente, las iglesias tienen una perniciosa influencia.

Quizas sea logico: su enfermiza autoprohibicion de la sexualidad es posible que se les suba a la cabeza, y que su unica salida sea su tristemente habitual pederastia y abuso de menores o la venganza contra el mundo empujando a sus fieles hacia el sufrimiento y la muerte.

Una aspirina del tamaño del sol

Ahora que El Salvador se ha despertado, podra comenzar a medicarse contra los dolores de cabeza que causa el mundo: antes el unico remedio era la decapitacion. Asi escribio ya el poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton. El comunismo para el es "una aspirina del tamaño del sol". No para erradicar el dolor, lo que es algo mas que imposible, sino para intentar poner remedio a la injusticia del mundo.



SOBRE DOLORES DE CABEZA


Es bello ser comunista,

aunque cause muchos dolores de cabeza.


Y es que el dolor de cabeza de los comunistas

es histórico, es decir

que no cede ante las tabletas analgésicas

sino sólo ante la realización del Paraíso en la tierra.

Así es la cosa.


Bajo el capitalismo nos duele la cabeza

y nos arrancan la cabeza.

En la lucha por la Revolución la cabeza es una bomba de retardo.


En la construcción socialista

planificamos el dolor de cabeza

lo cual no lo hace escasear, sino todo lo contrario.

El comunismo será entre otras cosas,

una aspirina del tamaño del sol.

18 de marzo de 2009

18 de marzo de 1871: La Comuna de Paris



Un dia como hoy hace 138 años tuvo lugar la primera revolucion obrera de la historia: el pueblo de Paris se alzo contra los privilegiados y creo, durante dos meses, una comuna en que la propiedad de clase desaparecio, La Comuna de París estalló espontáneamente el 18 de marzo de 1871; nadie la preparó de modo consciente y sistemático. La revolución puso inesperadamente el poder en manos de las milicias, en manos de la clase obrera y de la pequeña burguesía, que se había unido a ella.

La Comuna puso en jaque al Estado burgues que demostro que tambien es internacionalista, porque la guerra prusiano-francesa paso a ser, por el peligro de la unidad obrera, una alianza franco-prusiana contra la revolucion (lo mismo que sucedio despues con la Revolucion Sovietica: cuando los obreros reclaman sus derechos y toman el poder no hay Estado, ni Dios, ni ley que separe a los burgueses, les une por encima de sus amores patrioticos y religiosos su interes por conservar el estado de sus finanzas).

Fue la primera demostracion de que los burgueses no son necesarios, y que los obreros y campesinos, mujeres y hombres, tienen la fuerza suficiente como para ser libres de dirigir su pais y sus intereses (sin tener que vender su fuerza de trabajo, su cuerpo, o su tiempo para que otros vivan a su costa).

Asi, su mayor legado es que fue el primer ejemplo que mostro que los obreros y ciudadanos que no tienen propiedad de clase, pueden tomar el control de su destino, ejercer una democracia directa, decidir por si misma el destino de su vida individual y colectiva. La Comuna hizo temblar de miedo a los capitalistas y aristocratas, con el mismo temblor que aun sienten bajo su disfraz de "democratas". Todo lo que suena a comunismo, a control obrero, pone en alerta el bolsillo de los saqueaores que solo tienen un dios, aunque simulen rezar al dios de una religion, la riqueza, que solo tienen una patria, aunque besen babeando su bandera, su bolsillo, que solo tienen una ideologia, aunque firmen constituciones y cartas de derechos humanos, la del egoismo.

La comuna fue criticada por Bakunin y Kropotkin, por no dar el paso definitivo de la erradicacion del Estado. En parte tenian razon, pero su organizacion tendia a dar pasos hacia ese destino final. Marx y Engels la describen con admiracion, pero constatan que no habia el llegado el momento de la madurez obrera (aunque yo sin embargo pienso que el momento siempre es ahora). Y, por supuesto, fue criticada por los que vieron entonces peligrar su bienestar impuesto sobre las espaldas y el dolor de los mas debiles, y por los que ahora siguen acumulando bienes y beneficios sobre el hambre, el trabajo, y la desigualdad.

Sin embargo, los privilegiados, los capitalistas, siguen temblando ante la simple mencion de la palabra comunismo, o toma de fabricas, o revolucion social. De hecho la U.E. esta debatiendo la llamada Declaracion de Praga para que la institucion europea condene el comunismo... Saben que la lucha de las clases desfavorecidas siempre prevalecera, porque la lucha por la igualdad, por los derechos humanos, y contra la explotacion de unos sobre muchos, es algo inmanente a la Razon y al Hombre.

La Comuna siempre estara presente, y puede estallar cuando la historia doble cualquier esquina. La Comuna de Paris, por cierto, eligio una bandera que desde entonces paso a simbolizar la lucha de los oprimidos contra los saqueadores y privilegiados: la bandera roja.

DESCRIPCION DE LOS HECHOS: LA COMUNA DE PARIS (Segun Carlos Marx)

Cuando las tropas francesas de Luis Bonaparte, que tras 1851 , luego de un golpe de Estado se proclamó "emperador", gobierna Francia, son derrotadas por las tropas alemanas de Bismarck, los prusianos invaden Francia. Pero cuando los invasores prusianos intentan ocupar París no pueden hacerlo porque los obreros se han organizado, armado y se asumen como los defensores de su país.

El 4 de septiembre de 1870 proclaman la República, es decir, la soberanía popular y la muerte del imperio. Al mismo tiempo, un sector de la burguesía francesa encabezada por el ex diputado Adolfo Thiers se asume como el nuevo gobierno y se instala en Versalles, a las afueras de París. Se autonombra Gobierno de Defensa Nacional pero, como escribió Carlos Marx, "no vaciló un instante en convertirse en un gobierno de traición nacional." (eso es tipico en los politicos liberales que aman, mas que a su pais, a sus privilegios economicos).

El 26 de febrero de 1871 Thiers y Bismarck firmaron un tratado preliminar de paz absolutamente desfavorable para Francia y que incluía, como ya hemos dicho, el pago de 5 mil millones de francos. La burguesía francesa prefiere aliarse con sus agresores prusianos en contra de los obreros de París. Los propietarios franceses saben que un triunfo de los obreros armados contra los ocupantes alemanes les sería sumamente perjudicial y pondría en peligro mortal sus intereses. Se inicia así una nueva guerra, civil, de la burguesía francesa junto a los prusianos invasores en contra del proletariado.




Mientras tanto, los obreros parisinos proclaman, el 18 de marzo de 1871, la Comuna de París, e instauran el primer gobierno obrero de la historia, mientras Paris es asediado por los franceses derrotados y por Prusia.

Según escribieron los mismos obreros, en un manifiesto del 18 de marzo de 1871:

"Los proletarios de París, en medio de los fracasos y las traiciones de las clases dominantes, se han dado cuenta de que ha llegado la hora de salvar la situación tomando en sus manos la dirección de los asuntos públicos… Han comprendido que es su deber imperioso y su derecho indiscutible hacerse dueños de sus propios destinos, tomando el Poder."

¿COMO SE ORGANIZO LA COMUNA?

La Comuna proclamo la igualdad de derechos y el sufragio universal. Se eligio un consejo comunal, con cargos revocables, con 92 miembros, que incluían habilidosos trabajadores, algunos «profesionales» (tales como doctores y periodistas), y un gran número de activistas políticos, desde reformistas republicanos, además de varios tipos de socialistas. El carismático socialista Blanqui fue elegido presidente del Concilio, pero esto ocurrió en su ausencia ya que había sido arrestado el 17 de marzo y estuvo retenido en una prisión secreta durante la vida de la Comuna. La Comuna de París fue proclamada el 18de marzo, aunque los distritos locales con frecuencia retuvieron las organizaciones por el asedio.



A pesar de las diferencias internas, el Concilio tuvo un buen comienzo al mantener los servicios públicos esenciales para una ciudad de dos millones de habitantes. Debido a la falta de tiempo (la Comuna pudo reunirse menos de 60 días en total) sólo unos pocos decretos fueron implementados. Éstos incluían: remisión de las rentas, que habían sido aumentadas considerablemente por caseros, hasta que se terminase el asedio; la abolición del trabajo nocturno en los cientos de panaderías de París; la abolición de la guillotina; la concesión de pensiones para las viudas de los miembros de la milicia nacional muertos en servicio, así también como para sus hijos; la devolución gratuita de todas las herramientas de los trabajadores, a través de las casas de empeño estatales; se pospusieron las obligaciones de deudas y se abolieron los intereses en las deudas; y, el derecho de los empleados a tomar el control de una empresa si fuese abandonada por su dueño.

DECISIONES DE LA COMUNA

Este acontecimiento de radical importancia en la lucha por la emancipacion obrera es descrito por Marx en su obra "La guerra civil en Francia". A traves de el veremos como fue la gloriosa e inolvidable comuna de Paris.

El ejercito fue suprimido y sustituido y por el pueblo armado.

"Y si París pudo resistir fue únicamente porque, a consecuencia del asedio, se había deshecho del ejército, substituyéndolo por una Guardia Nacional, cuyo principal contingente lo formaban los obreros. Ahora se trata de convertir este hecho en una institución duradera. Por eso, el primer decreto de la Comuna fue para suprimir el ejército permanente y sustituirlo por el pueblo armado."

En cuanto a la policía, "en vez de continuar siendo un instrumento del Gobierno central, fue despojada inmediatamente de sus atributos políticos y convertida en instrumento de la Comuna, responsable ante ella y revocable en todo momento. Lo mismo se hizo con los funcionarios de las demás ramas de la administración."

Consejeros municipales elegidos por sufragio universal

"La Comuna estaba formada por los consejeros municipales elegidos por sufragio universal en los diversos distritos de la ciudad. Eran responsables y revocables en todo momento. La mayoría de sus miembros eran, naturalmente, obreros o representantes reconocidos de la clase obrera. La Comuna no había de ser un organismo parlamentario, sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa al mismo tiempo."


Funcionarios que cobraban salarios de obreros

"Desde los miembros de la Comuna para abajo, todos los servidores públicos debían devengar salarios de obreros. Los intereses creados y los gastos de representación de los altos dignatarios del Estado desaparecieron con los altos dignatarios mismos. Los cargos públicos dejaron de ser propiedad privada de los testaferros del Gobierno central. En manos de la Comuna se pusieron no solamente la administración municipal, sino toda la iniciativa ejercida hasta entonces por el Estado."

Separación de la iglesia y el Estado

"Una vez suprimidos el ejército permanente y la policía, que eran los elementos de la fuerza física del antiguo Gobierno, la Comuna tomó medidas inmediatamente para destruir la fuerza espiritual de represión, el "poder de los curas", decretando la separación de la Iglesia y el Estado y la expropiación de todas las iglesias como corporaciones poseedoras. Los curas fueron devueltos al retiro de la vida privada, a vivir de las limosnas de los fieles, como sus antecesores, los apóstoles."


Educación laica y gratuita



Todas las instituciones de enseñanza fueron abiertas gratuitamente al pueblo y al mismo tiempo emancipadas de toda intromisión de la Iglesia y del Estado. Así, no sólo se ponía la enseñanza al alcance de todos, sino que la propia ciencia se redimía de las trabas a que la tenían sujeta los prejuicios de clase y el poder del Gobierno."

-Jueces elegidos y revocables

"Los funcionarios judiciales debían perder aquella fingida independencia que sólo había servido para disfrazar su abyecta sumisión a los sucesivos gobiernos, ante los cuales iban prestando y violando, sucesivamente, el juramento de fidelidad. Igual que los demás funcionarios públicos, los magistrados y los jueces habían de ser funcionarios electivos, responsables y revocables."

Construccion de un Estado comunal

"Como es lógico, la Comuna de París había de servir de modelo a todos los grandes centros industriales de Francia. Una vez establecido en París y en los centros secundarios el régime comunal, el antiguo Gobierno centralizado tendría que dejar paso también en las provincias a la autoadministración de los productores. En el breve esbozo de organización nacional que la Comuna no tuvo tiempo de desarrollar, se dice claramente que la Comuna habría de ser la forma política que revistiese hasta la aldea más pequeña del país y que en los distritos rurales el ejército permanente habría de ser reemplazado por una milicia popular, con un período de servicio extraordinariamente corto. Las comunas rurales de cada distrito administrarían sus asuntos colectivos por medio de una asamblea de delegados en la capital del distrito correspondiente y estas asambleas, a su vez, enviarían diputados a la Asamblea Nacional de Delegados de París, entendiéndose que todos los delegados serían revocables en todo momento y se hallarían obligados por el mandato imperativo (instrucciones formales) de sus electores. Las pocas, pero importantes funciones que aún quedarían para un gobierno central, no se suprimirían, como se ha dicho, falseando intencionadamente la verdad, sino que serían desempeñadas por agentes comunales que, gracias a esta condición, serían estrictamente responsables. No se trataba de destruir la unidad de la nación, sino por el contrario, de organizarla mediante un régimen comunal, convirtiéndola en una realidad al destruir el Poder del Estado, que pretendía ser la encarnación de aquella unidad, independiente y situado por encima de la nación misma, de la cual no era más que una excrescencia parasitaria. Mientras que los órganos puramente represivos del viejo Poder estatal habían de ser amputados, sus funciones legitimas serían arrancadas a una autoridad que usurpaba una posición preeminente sobre la sociedad misma, para restituirlas a los servidores responsables de esta sociedad. En vez de decidir una vez cada tres o seis años qué miembros de la clase dominante habían de "representar" al pueblo en el parlamento, el sufragio universal habría de servir al pueblo organizado en comunas, como el sufragio individual sirve a los patronos que buscan obreros y administradores para sus negocios. Y es bien sabido que lo mismo las compañías que los particulares, cuando se trata de negocios saben generalmente colocar a cada hombre en el puesto que le corresponde y, si alguna vez se equivocan, reparan su error con presteza. Por otra parte, nada podía ser más ajeno al espíritu de la Comuna que sustituir el sufragio universal por una investidura jerárquica."



El gobierno que no roba

Ese tópico de todas las revoluciones burguesas, "un gobierno barato", la Comuna lo convirtió en realidad al destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado. Su sola existencia presuponía la no existencia de la monarquía que, en Europa al menos, es el lastre normal y el disfraz indispensable de la dominación de clase. La Comuna dotó a la República de una base de instituciones realmente democráticas. Pero, ni el gobierno barato, ni la "verdadera República" constituían su meta final, no eran más que fenómenos concomitantes."He aquí su verdadero secreto: la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta que permitía realizar la emancipación económica del trabajo."

La expropiación de los expropiadores

"¡La Comuna, exclaman, pretende abolir la propiedad, base de toda civilización! Sí, caballeros, la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores. Quería convertir la propiedad individual en una realidad, transformando los medios de producción -la tierra y el capital- que hoy son fundamentalmente medios de esclavización y de explotación del trabajo, en simples instrumentos de trabajo libre y asociado. ¡Pero eso es el comunismo, el "irrealizable" comunismo! Sin embargo, los individuos de las clases dominantes que son lo bastante inteligentes para darse cuenta de la imposibilidad de que el actual sistema continúe -y no son pocos- se han erigido en los apóstoles molestos y chillones de la producción cooperativa. Ahora bien, si la producción cooperativa ha de ser algo más que una impostura y un engaño; si ha de sustituir al sistema capitalista; si las sociedades cooperativas unidas han de regular la producción nacional con arreglo a un plan común, tomándola bajo su control y poniendo fin a la constante anarquía y a las convulsiones periódicas, consecuencias inevitables de la producción capitalista, ¿qué será eso entonces, caballeros, sino comunismo, comunismo "realizable"?"

Apoyo de la clase media

"Fue esta la primera revolución en que la clase obrera fue abiertamente reconocida como la única clase capaz de iniciativa social incluso por la gran masa de la clase media parisina -tenderos, artesanos, comerciantes, con la sola excepción de los capitalistas ricos. La Comuna los salvó, mediante una sagaz solución de la constante fuente de discordias dentro de la misma clase media: el conflicto entre acreedores y deudores. Estos mismos elementos de la clase media, después de haber colaborado en el aplastamiento de la insurrección obrera de junio de 1848, habían sido sacrificados sin miramiento a sus acreedores por la Asamblea Constituyente de entonces. Pero no fue éste el único motivo que les llevó a apretar sus filas en torno a la clase obrera. Sentían que había que escoger entre la Comuna y el Imperio, cualquiera que fuese el rótulo bajo el que éste resucitase. El Imperio los había arruinado económicamente con su dilapidación de la riqueza pública, con las grandes estafas financieras que fomentó y con el apoyo prestado a la concentración artificialmente acelerada del capital, que suponía la expropiación de muchos de sus componentes. Los había oprimido políticamente, y los había irritado moralmente con sus orgías; había herido su volterianismo al confiar la educación de sus hijos a los frailes ignorantes, y había sublevado su sentimiento nacional de franceses al lanzarlos precipitadamente a una guerra que sólo ofreció una compensación para todos los desastres que había causado: la caída del Imperio. En efecto, tan pronto huyó de París la alta bohème bonapartista y capitalista, el auténtico Partido del Orden de la clase media surgió bajo la forma de "Unión Republicana", se colocó bajo la bandera de la Comuna y se puso a defenderla contra las malévolas desfiguraciones de Thiers."

Solidaria con los campesinos

"La Comuna tenía toda la razón cuando decía a los campesinos: 'Nuestro triunfo es vuestra única esperanza'. Mientras la burguesía "fomentaba una guerra civil en contra de la revolución, para echar sobre las espaldas de los campesinos la carga principal de los cinco mil millones de indemnización que había que pagar a los prusianos. La Comuna por el contrario, declaraba en una de sus primeras proclamas que las costas de la guerra tenían que ser pagadas por los verdaderos causantes de ella. La Comuna habría redimido al campesino de la contribución de sangre, le habría dado un gobierno barato, habría convertido a los que hoy son sus vampiros -el notario, el abogado, el agente ejecutivo y otros chupa sangre de juzgados- en empleados comunales asalariados, elegidos por él y responsables ante él mismo. Le habría librado de la tiranía del alguacil rural, el gendarme y el prefecto; la ilustración en manos del maestro de escuela habría ocupado el lugar del embrutecimiento por parte del cura. Y el campesino francés es, ante todo y sobre todo, un hombre calculador. Le habría parecido extremadamente razonable que la paga del cura, en vez de serle arrancada a él por el recaudador de contribuciones, dependiese de la espontánea manifestación de los sentimientos religiosos de los feligreses. Tales eran los grandes beneficios que el régimen de la Comuna -y sólo él- brindaba como cosa inmediata a los campesinos franceses. Huelga, por tanto, detenerse a examinar los problemas más complicados, pero vitales, que sólo la Comuna era capaz de resolver -y que al mismo tiempo estaba obligada a resolver-, en favor de los campesinos, a saber: la deuda hipotecaria, que pesaba como una pesadilla sobre su parcela; el proletariado rural, que crecía constantemente, y el proceso de su expropiación de dicha parcela, proceso cada vez más acelerado en virtud del desarrollo de la agricultura moderna y la competencia de la producción agrícola capitalista."

Un gobierno internacionalista

"La Comuna era, pues, la verdadera representación de todos los elementos sanos de la sociedad francesa, y por consiguiente, el auténtico gobierno nacional. Pero, al mismo tiempo, como gobierno obrero y como campeón intrépido de la emancipación del trabajo, era un gobierno internacional en el pleno sentido de la palabra. A los ojos del ejército prusiano, que había anexado a Alemania dos provincias francesas, la Comuna anexaba a Francia los obreros del mundo entero. "La Comuna concedió a todos los extranjeros el honor de morir por una causa inmortal. Entre la guerra exterior, perdida por su traición, y la guerra civil, fomentada por su conspiración con el invasor extranjero, la burguesía encontraba tiempo para dar pruebas de patriotismo, organizando batidas policíacas contra los alemanes residentes en Francia. La Comuna nombró a un obrero alemán su ministro del Trabajo. Thiers, la burguesía, el Segundo Imperio, habían engañado constantemente a Polonia con ostentosas manifestaciones de simpatía, mientras en realidad la traicionaban por los intereses de Rusia, a la que prestaban los más sucios servicios. La Comuna honró a los heroicos hijos de Polonia, colocándolos a la cabeza de los defensores de París. Y, para marcar nítidamente la nueva era histórica que conscientemente inauguraba, la Comuna, ante los ojos de los vencedores prusianos, de una parte, y del ejército bonapartista mandado por generales bonapartistas de otra, echó abajo aquel símbolo gigantesco de la gloria guerrera que era la Columna de Vendôme." [Esta columna había sido fundida con el bronce de los cañones tomados por Napoleón después de la guerra de 1809 y era un símbolo de patrioterismo y de incitación al odio entre las naciones].También quemó públicamente la guillotina, en medio del júbilo popular.

Avances sociales

"La gran medida social de la Comuna fue su propia existencia, su labor. Sus medidas concretas no podían menos de expresar la línea de conducta de un gobierno del pueblo por el pueblo. Entre ellas se cuentan la abolición del trabajo nocturno para los obreros panaderos, y la prohibición, bajo penas, de la práctica corriente entre los patronos de mermar los salarios imponiendo a sus obreros multas bajo los más diversos pretextos, proceso éste en el que el patrono se adjudica las funciones de legislador, juez y agente ejecutivo, y, además, se embolsa el dinero. Otra medida de este género fue la entrega a las asociaciones obreras, bajo reserva de indemnización, de todos los talleres y fábricas cerrados, lo mismo si sus respectivos patronos habían huido que si habían optado por parar el trabajo.

"Apenas comienza la Comuna a actuar, y la burguesía la denuncia frenéticamente "como a una banda de criminales evadidos y amotinados abiertamente contra la familia, la religión, el orden y la propiedad", según Jules Favre, miembro del Gobierno de Defensa Nacional, que le declara una guerra implacable.

La Libertad

Una de las principales característica de la Comuna fue la Libertad. De ésta se podían beneficiar todos, incluso los partidarios del gobierno de Versalles. Había libertad de prensa, de reunión y asociación.Se decretó que las detenciones deberían ser por orden judicial, y los prisioneros tenían todos sus derechos garantizados, incluso el castigo era fuerte para los casos de detenciones injustas. La libertad de asociación hizo aparecer a muchos grupos y “clubs” de todas las ideologías, las cuales se podían expresar libremente.

Esta libertad hizo que los reaccionarios se movieran libremente por la ciudad, provocando muchas veces actos de sabotaje. Solamente al final, cuando la situación se hizo difícil, se empezó a detener a los saboteadores y todo aquel que se resistiera por la fuerza, aún así durante toda la comuna no murieron más de cien personas a manos de la Comuna (saboteadores, espías y un Obispo), datos totalmente insignificantes comparados con la represión posterior.

EL FINAL DE LA COMUNA

Ante el temor del propio Bismark a que el fenómeno de la Comuna se contagiara al resto de Europa, le devuelve a Thiers todas las tropas que todavía mantenía retenidas, para la eliminación de los comuneros. Así el 21 de Mayo de 1871 un ejército de 180.000 hombres se lanzan a la conquista de París calle por calle. La defensa se organizó en barricadas, en las que luchaban tanto hombres como mujeres. La lucha fue desigual ante el poderío militar del ejército regular, sin embargo los comuneros lucharon hasta muerte.

La batalla duró una semana, hasta el 28 de Mayo, cuando cae la última barricada defendida por un solo comunero por la muerte de sus compañeros.

Como cuenta Federico Engels: "Y entonces llegó a su apogeo aquella matanza de hombres desarmados, mujeres y niños… Ya los fusiles de retrocarga no mataban bastante de prisa, y entraron en juego las ametralladoras para abatir por centenares a los vencidos. El Muro de los Federados del cementerio de Pere Luchaise, donde se consumó el último asesinato en masa, queda todavía en pie, testimonio mudo pero elocuente del frenesí a que es capaz de llegar la clase dominante cuando el proletariado se atreve a reclamar sus derechos¨.

Como era de esperar la represión fue brutal. Desde los primeros días los fusilamientos eran cotidianos (incluidos mujeres y niños), una simple denuncia infundada valía para ser mandado al paredón. No sólo lo sufrieron los communards, sino que muchos burgueses huidos aprovecharon para denunciar a sus rivales y acreedores.

Se estima que unos 30.000 obreros y simpatizantes de la Comuna fueron fusilados, a los que habría que sumar unas 40.000 personas enviadas a las colonias, con trabajos forzosos, en donde gran parte murió de enfermedades.

Esta represión casi consiguió eliminar el movimiento obrero en Francia, hasta el mismo Thiers, disfrutando de su victoria llegó a afirmar que: “ El socialismo ha sido eliminado por un largo tiempo”.

¿COMO ERA EL PARIS DE LA COMUNA?

Bastan para describirlo las palabras de Carlos Marx. Los dos meses de Comuna supusieron un cambio historico que marco para siempre las aspiraciones de los explotados del mundo. Y aunque los privilegiados usen cualquier metodo para hacernos olvidar, la lucha continuara siempre con esa bandera roja de los comuneros enarbolada, y pasando de mano en mano hasta que el objetivo de la igualdad universal y los derechos humanos se logren.

Cuando los capitalistas masacraron a los comuneros, su herencia se sumo a la que dejo antes la Revolucion francesa, y sus ideales humanistas (que es el fondo que subyace a toda aspiracion comunista: el respeto a los derechos humanos de todos). Cuando la Comuna termino, volvieron a dominar Paris los mismos saqueadores de siempre, los mismos de ahora..., se volvio a convertir en la ciudad de los gorrones, de los rentistas, de los que siempre construyeron su riqueza y poder sobre el sudor y la sangre de los obreros y campesionos del primero y del tercer mundo.

Pero las palabras de Marx pueden aplicarse una y otra vez a las constantes revoluciones que surgen y surgiran una y otra vez hasta que todos los hombres y mujeres puedan al fin considerarse y ser considerados por todos seres libres, seres humanos (con iguales derechos sociales y economicos, lo que viene a ser lo mismo).

Hoy los canibales tienen mas poder que nunca, viviendo a costa de los seres humanos que ellos consideran como mercancia util, o inutil. Pero en cualquier momento la bandera roja de la libertad puede ondear de nuevo en el Ayuntamiento de Paris (o en cualquier otro). Y podamos recitar de nuevo las palabras de Marx:

" Maravilloso en verdad fue el cambio operado por la Comuna en París. De aquel París prostituido del Segundo Imperio no quedaba ni rastro. París ya no era el lugar de cita de terratenientes ingleses, absentistas [latifundistas] irlandeses, ex esclavistas y rastacueros norteamericanos, ex propietarios rusos de siervos y boyardos de Valaquia. Ya no había cadáveres en la morgue, ni asaltos nocturnos, y apenas uno que otro robo; por primera vez desde los días de febrero de 1848, se podía transitar seguro por las calles de París, y eso que no había policía de ninguna clase. "Ya no se oye hablar - decía un miembro de la Comuna - de asesinatos, robos y atracos; diríase que la policía se ha llevado consigo a Versalles a todos sus amigos conservadores". Las cocottes [damiselas caras] habían reencontrado el rastro de sus protectores, fugitivos hombres de la familia, de la religión y, sobre todo, de la propiedad. En su lugar, volvían a salir a la superficie las auténticas mujeres de París, heroicas, nobles y abnegadas como las mujeres de la antigüedad. París trabajaba y pensaba, luchaba y daba su sangre; radiante en el entusiasmo de su iniciativa histórica, dedicado a forjar una sociedad nueva, casi se olvidaba de los caníbales que tenía a las puertas."

Las citas de Marx son de su libro "La guerra civil en Francia"
Las citas de Engels fueron tomadas de su "Introducción"

Franco tuvo su ley de Memoria Historica

Parece ser que los que tanto atacan la ley de memoria historica (a todas luces limitada) olvidan que Franco ya planifico su propia ley poco despues del golpe de Estado que el y otros traidores dieron contra el gobierno democratico de España.

Claro que era una ley en la que solo se respetaban los derechos de las victimas de su bando, de los traidores y golpistas, y no de los que defendieron al gobierno legitimo del estado.
Asi que los que siguen rabiando y clamando contra el intento de los que quieren que se trate a los dos bandos por igual se han quedado sin escusa: Franco cometio genocidio no solo por acabar con la vida de miles de personas enterradas en fosas comunes, sino tambien por evitar que los cuerpos se recuperaran y se identificaran, con lo que condeno a las familias a la constante duda del destino que sufrieron sus padres, madres, hermanos o hijos.

Como se ve Franco no dio un golpe de Estado sin mas, tambien planificio la masacre que es digna, sino mayor, que la de otros de los asesinos de su calaña como Pinochet o como Hitler.

Veamos el articulo de El Pais donde se explica como era la ley de la memoria historica del criminal Franco.



El País/NATALIA JUNQUERA 01/03/2009

La Ley de Memoria Histórica la inventó un dictador, Francisco Franco, cuando sólo era un general golpista. No la llamó así, pero no hay, en el texto arrancado con esfuerzo a las fuerzas democráticas en 2007, nada que el Caudillo no hubiera hecho 70años antes. Fue Franco el primero en pedir un censo de desaparecidos de la guerra; el primero en encargar a un grupo de expertos un protocolo de exhumación, y el único en preservar por ley las fosas comunes para que no se construyera sobre ellas. Todo únicamente para las víctimas de su bando.

Así se lee en la fuente más fiable posible, al menos, la más oficial. Múltiples leyes, decretos y órdenes publicadas en el Boletín Oficial del Estado dan cuenta, desde casi el principio de la contienda, en 1936, de la preocupación de Franco no ya por ganar la guerra, sino por honrar a sus víctimas. Así lo han constatado cuatro investigadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) tras dedicar más de 400 horas a bucear en una fuente tan generosa como inabarcable. "Sólo hemos podido arañar el BOE analizando algo más de 3.000 páginas", reconoce Carlos Agüero, coordinador de la investigación.

Franco vigiló que todas sus víctimas fueran inscritas en un censo de desaparecidos o fallecidos acompañando las palabras "muerto gloriosamente por Dios y por España". Y quiso atender "tan justas aspiraciones de los familiares de aquellos que gloriosamente cayeron víctimas de la barbarie roja"; esto es, recuperar los cuerpos de las fosas comunes donde yacían.

Para llevar a cabo la "piadosa finalidad" de devolver a las familias los cadáveres de sus seres queridos, una ley de mayo de 1939 facultó a los Ayuntamientos para no exigir los impuestos que "gravan las inhumaciones, exhumaciones y traslados de cadáveres víctimas de la barbarie roja", obedeciendo a "la verdadera necesidad de rendir el postrero homenaje de respeto a los restos queridos de personas asesinadas en circunstancias trágicas o muertas en el frente y cuyo enterramiento se ha verificado muchas veces en lugares inadecuados". Otra orden de 1940 publicaba el "modelo de acta de exhumación" que había elaborado su comité de expertos, en este caso, el Consejo General de los Colegios Oficiales de Médicos. El protocolo de exhumación incluía la expropiación temporal de un terreno cuando los restos se hallaran en fincas privadas y la declaración del lugar de "tierra sagrada".

Además, en abril de 1940, el Ministerio de la Gobernación ordenó a todos los Ayuntamientos que adoptaran "medidas que garanticen el respeto a los lugares donde yacen enterradas las víctimas de la revolución marxista". Y explicaba: "Con el fin de evitar posibles profanaciones y guardar el respeto debido a los restos sagrados de los mártires de nuestra Cruzada, los Ayuntamientos acotarán y cerrarán, de modo provisional, pero que reúna las precisas garantías de seguridad, aquellos lugares en donde conste de manera cierta que yacen restos de (...) asesinados por los rojos".


Y para los casos en que nada de lo anterior fuera suficiente, Franco estableció medidas drásticas: "Para defender este camposanto (Paracuellos)", recordaba un decreto de marzo de 1951, "fue desviado en 1941 el torrente de San Miguel, afluente del río Jarama, y se llevó a cabo una variante de la carretera provincial de Barajas a Fuente el Saz".

Quiso preservar (y lo logró) los lugares donde yacían sus muertos para que pudieran ser devueltos a sus familias. Mientras, muchas de las fosas de republicanos eran sepultadas para siempre por autovías y edificios. Y concedió, desde 1936, generosas pensiones vitalicias a sus viudas, algo que las esposas del bando enemigo no lograron hasta 1979. "Hemos encontrado pensiones de más de 1.200 pesetas, un fortunón para la época, y eso, en la España de la posguerra, generó unas élites de vencedores, poderosas y ricas", afirma Agüero.

Para Emilio Silva, presidente de la ARMH, esta investigación derriba la tesis de que Franco diera un "golpe espontáneo" porque "comienza a legislar desde el primer momento" y demuestra lo "absurdo" del debate sobre la ley de memoria: "quienes decían que habría que reparar a los dos bandos deberían haber sabido que uno de ellos se autorreparó durante años". Silva lamenta no haber podido investigar más. "Hemos gastado más de 1.000 euros en las consultas al BOE. Prefiero usar ese dinero para ayudar a familiares a recuperar a los suyos".

La factura de la guerra

Franco fue tan generoso con las víctimas de su bando como cruel con las del contrario. Mientras concedía "medallas al sufrimiento por la patria" y pensiones vitalicias a unos, vaciaba por completo las casas de otros. Primero, de gente, llevándose a padres y maridos republicanos a cárceles o fosas comunes. Y después, de todo lo que les quedaba, arrebatando a los supervivientes su profesión y sus bienes. De hecho, lo uno hubiese sido imposible sin lo otro.

Franco empezó a conceder ayudas y pensiones a sus víctimas en 1936. ¿De dónde salía el dinero? En 1937, Franco estableció por ley el procedimiento para la incautación de "bienes pertenecientes a las entidades de carácter político", esto es, todos los partidos e instituciones democráticas. Después lo hizo familia a familia. "Se juzgó incluso a personas ya muertas para poder requisar sus bienes y pagar la factura de la guerra", asegura Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Todo eso está también en la investigación sobre el BOE: "Las comisiones depuradoras", las "incautaciones", las "requisitorias" convocando a cientos de personas ante el juzgado más cercano; las partidas para mantener los abarrotados "campos de concentración"... "Por eso le enviamos el informe a Garzón", afirma Carlos Agüero, coordinador de la investigación. "Era la prueba más contundente e inapelable de la feroz represión de Franco". -

Pero ¿Que Marx?

Articulo publicado por Rossana Rossanda en Il Manifesto en el que se señala como se suele hablar de Marx ante la crisis actual: se le reclama como un amuleto o como a una palabra magica, pero en el fondo nadie actua siguiendo los principios del marxismo, ni los gobernantes cuando hacen que intervenga el estado para salvar a los saqueadores, ni la izquierda en sus demandas, ni los propios trabajadores que renunciaron hace tiempo (quiza porque no hay nadie que les señale el camino) a su liberacion... La frase final es bastante ilustrativa, pero os dejo tambien el resto del articulo..

"Ahora el capital ha ganado no sólo en las relaciones de fuerza, que desde siempre han sido desiguales, sino también en la cabeza, en la idea que tiene de sí el que trabaja, ya sin esperanza de lograr su propia emancipación, sino únicamente de salvar su puesto de trabajo, es decir, el salario, identificado con la salvación de la empresa que se lo da".



"Pero ¿qué Marx?

Rossana Rossanda
Il Manifesto
Traducido para Rebelión por Liliana Piastra
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=82414

Con esta crisis tan profunda que estamos padeciendo se vuelve a hablar de Marx, pero muchos se van por las ramas, olvidándose de que su análisis denunciaba al capitalismo por negar de manera estructural la igualdad de los derechos humanos, afirmada por la Revolución francesa.

El pánico que ha seguido al crac de las finanzas ha sido breve: ¡cielos, vuelve Marx! ¿Y por qué? Porque los gobiernos han corrido a ayudar a los bancos, refinanciándolos. La intervención fatal del Estado, es decir, la reaparición de Marx... ¡Qué tontería! Después de todo, el susto no ha durado mucho. Los estados, o mejor dicho, los gobiernos, no parecen pedir nada a cambio. Se limitan a decir que no se puede dejar que quiebre un banco porque eso arrastraría también a los ahorradores y a las empresas. Dejar que quebrara Lehman Brothers ha sido un error; salvar a un banco es una acción de salud pública, como hacer frente a una inundación. Así pues, otras empresas piden ayuda, en primer lugar, los grandes fabricantes de automóviles, porque un porcentaje muy importante de su clientela ha dejado de cambiar de coche, con el consiguiente riesgo de despido para cientos de miles de trabajadores, que, estando en paro, le cuestan al Estado y causan tensiones sociales. Ya sólo en Europa se multiplica el número de parados a corto plazo, por no hablar del este que, habiéndose lanzado alegremente al libre mercado, está aún peor. Hasta los oligarcas que habían acumulado riquezas malvendiendo la propiedad pública están perdiendo parte de ellas.

Así es que los mismos que durante veinte años han gritado «menos estado y más mercado» ahora piden la intervención estatal. ¿Qué pinta en ello Marx? Nada. Ante todo, jamás fue partidario del estado, es más, pronosticaba su extinción a plazo fijo; en todo caso fue Lenin quien pensó que la propiedad estatal, pero de un estado proletario, era la última fase antes de la socialización de la propiedad. Ni a los gobiernos ni a las oposiciones actuales se les ha pasado por la cabeza nada parecido. Los primeros hasta tienen reticencias a la hora de definir la naturaleza de ese reparto de caudales. ¿Se trata de un préstamo, o bien de la compra de una parte de los bancos y empresas, cuya propiedad adquirirían en un porcentaje considerable? Sarkozy ha afirmado en fechas recientes, en cuanto a una operación de ese tipo, que se trata de un préstamo a un tipo de interés más bien alto, el 8 por ciento; en fin, que se trataría de una inversión un poco arriesgada. Si no he entendido mal, tan sólo Gordon Brown ha declarado en el Reino Unido que se trata de una participación en el capital accionario de los bancos rescatados, y alguien ha añadido «pro tempore», pero el Estado no meterá baza, no votará en función de las acciones que detente, sino que interviene como caja de emergencia, sin más.

Silencio sepulcral sobre los interrogantes que se plantea el ciudadano de a pie: ¿de dónde saca el Estado esos caudales que reparte en concepto de “ayudas”? ¿De la hacienda pública, es decir, de nosotros? ¿Mediante impuestos? ¿Cuáles y cuándo? Sólo Obama declara que subirá los impuestos a las rentas altas, pero con vistas a pagar la cobertura sanitaria para toda la ciudadanía. Los EE.UU. pueden acuñar moneda, aumentando así un déficit público que es cinco veces mayor que el nuestro; pero los estados europeos no pueden hacerlo, sólo podría hacerlo el Banco Central, que no parece tener ninguna intención. Y hasta ayer mismo declaraban estar tan mal de fondos que se veían obligados a hacer recortes drásticos en el gasto público – colegios, hospitales, corporaciones locales. En Francia hasta los tribunales.

Finalmente, ¿cómo quedarán reflejadas en los presupuestos del Estado las cantidades concedidas para las ayudas, si es que constan?

Las izquierdas, si es que se las puede llamar así, que representarían a los trabajadores, y los propios trabajadores que se echan a la calle gritan: los que han roto el juguete de las finanzas son los dueños de los bancos, ¡que paguen ellos! Onda* ha utilizado el mismo eslogan: no seremos nosotros los que paguemos vuestra crisis. Pero dudo mucho que unos y otros crean en ello. Las izquierdas no están yendo al asalto del crédito, ni siquiera reclaman que, habiéndolo salvado, se convierta en una participación de propiedad pública – lo cual no sería de ninguna forma socialismo sino en cierto modo una medida keynesiana – y que su uso se debata públicamente en los parlamentos y entre las partes sociales. Hasta hace poco pedían a gritos la privatización de todo lo público. ¿No hemos gritado también nosotros, desde Il Manifesto, contra la propiedad estatal y los boyardos del Estado? ¿No hemos escrito que es el ojo del amo el que engorda el caballo, mientras que las burocracias estatales son inertes y corrompidas? Por otro lado, no teníamos fuerza para proponer que la propiedad pública pasara a la autogestión, entre otras cosas por la duda (no expresada) sobre cómo funcionaría una autogestión como tal en un mundo globalizado. Faltó poco para que beneficiáramos a las privatizaciones de la sanidad y de la educación, en cuyo sentido se han movido alegremente los gobiernos de centroizquierda.

Así es que por nuestros pagos, por así decirlo, lo que hay es silencio o solicitud a los gobiernos para que salven a las empresas para que a su vez salven a los trabajadores, en primer lugar a los del sector del automóvil. De «nacionalización» se habla a tontas y a locas, quizás como propiedad estatal transeúnte, desde luego no sometida al control público, a su vez incontrolado (salvo quizás por el Tribunal de Cuentas). Pero nadie hace una reflexión autocrítica sobre el eslogan «menos estado y más mercado». ¿O se me ha pasado?

Tampoco se piden condenas para los responsables de la ruina. Ninguno de los que han dejado que su entidad se estampara está acusado de nada. Por lo general, se les ha confirmado en sus puestos. Tengo a la vista, es un decir, al consejero delegado de Fortis, al que han quitado de la dirección, sí, pero con un paracaídas de oro y con un cargo bien retribuido de asesor especial del mismo banco. Para que se trate de una estafa es realmente necesario que gente como Madoff o Stanford hayan engañado a todas luces al prójimo, ofreciendo, por depósitos realizados en bancos de su confianza, casi siempre en paraísos fiscales, intereses fabulosos pagados con los fondos de los nuevos incautos que iban cayendo. Pero hacer que nazcan nuevos títulos unos de otros, «derivarlos» con la esperanza de que el mercado especulativo los compre y revenda antes de que aterricen sobre un trozo de lo que se da en llamar «economía real»¿es o no es una estafa? Cuando los títulos emitidos por una empresa triplicaban su valor con respecto a la base productiva que respaldaba su emisión, en la bolsa explotaba la clásica burbuja. Esta vez no. Los famosos derivados se derivan de otros títulos, basándose en el principio de que, una vez colocado en el mercado, el dinero produce por sí mismo más dinero. ¿Es eso una estafa o hay que llamarlo cariñosamente «ingeniería fiscal», y funciona hasta que se descubre estrepitosamente que el título es incobrable?

Al ciudadano de a pie este tipo de operaciones le recuerda el timo aquel del listillo romano que, viendo cómo un campesino admiraba estupefacto el Coliseo, se lo ofrece en venta, el pobre simplón apoquina y el listo se larga con los cuartos. Los bancos han podido vender y revender un virtual, un derivado, un futuro - según Tremonti, los derivados equivalen a doce veces y media el producto industrial bruto ¡de todo el mundo! – sin que esto represente un delito. ¿Fue acaso delito que los holandeses, extasiados con los tulipanes, se disputaran, como si fuera oro, el bulbo de una flor hasta entonces desconocida? Esa fue la primera especulación, lo cuenta Galbraith, y duró hasta que, de repente, se dieron cuenta de que podían conseguir aquel rizoma por dos céntimos.

El verano pasado un trader de la Société Générale dejó encendido su ordenador un viernes, un colega le echó el ojo, se dio cuenta de que estaba realizando una concatenación de compras y de ventas de forma temeraria, y avisó a la dirección; ante todo, esta, por si acaso, le encasquetó a otros bancos los títulos jugados y luego lo denunció. Pero ¿de qué se le puede acusar? Ha obrado por amor al arte, no se ha echado nada al bolsillo, ningún superior podía ni debía controlarle, si no le hubiesen parado, el banco habría obtenido grandes ganancias. La Ingeniería financiera trabaja en el ámbito de lo virtual. Calcula en función del deseo.

El pobre de Marx no podía ni imaginárselo. Por el contrario, había previsto racionalmente el fin del rentista. Las célebres líneas de los Grundrisse en las que afirma que en un futuro el trabajo se convertiría en una base bien mísera para el incremento de la riqueza, también tomaban en cuenta el enorme cambio de las tecnologías, no el crecimiento parasitario de una especulación (también en cierto modo virtual), que al volverse desmesurada, desemboca en las burbujas y explota destruyendo riqueza, como está sucediendo ahora, tras haberse depositado de paso en este o aquel especulador. Es evidente que lo que hoy en día se llama capital cognitivo no se identifica en la capacidad de George Soros para prever los movimientos de las bolsas.

En realidad quien dice cualquier cosa sobre Marx suele olvidar que todo su análisis se basa en el hecho, intolerable para un nietecillo de la revolución francesa, de que el modo capitalista de producción elude la igualdad de derechos que sería propia de todo ser humano, ya que, por el contrario, se basa en la desigualdad entre quien posee los medios de producción y quien sólo posee su fuerza de trabajo, material o inmaterial. En la producción al primero le corresponden el capital, las máquinas (tecnología) y el producto; el segundo es un mero accesorio vivo (incluso puede que inteligentísimo) de la máquina (tecnología); él también es mercancía, puede que preciada a título individual, que se puede comprar y vender en el mercado de trabajo. En la especulación este molesto elemento desaparece, como tiende a desaparecer, hasta la rendición de cuentas, el molesto producto que produce la cotización en bolsa.

De la misma manera, mientras el trabajador introduce en el proceso una relativa autonomía de negociación del salario y de los derechos, modifica sus equilibrios. De ahí la furia destructiva de toda huella de su organización, incluso la más elemental, como es el sindicato. Sacconi y Marcegaglia son figuras clásicas del siglo XIX. Todo el movimiento obrero se ha basado en esta introducción en el proceso por parte de los trabajadores, con no pocas simplificaciones, pero con la fuerza de un consistente material humano. En el socialista se tuvo durante algún tiempo, y en el comunista se puede decir que siempre – por lo menos como principio – la convicción de que incluso el mejor de los sindicatos mejoraba pero no modificaba la relación de producción, cuya inexorable falta de libertad reside en que se usa al hombre como instrumento. De ahí la necesidad de un paso revolucionario. Las cosas no ha ido así y no hay ningún misterio en entender sus razones.

Ahora el capital ha ganado no sólo en las relaciones de fuerza, que desde siempre han sido desiguales, sino también en la cabeza, en la idea que tiene de sí el que trabaja, ya sin esperanza de lograr su propia emancipación, sino únicamente de salvar su puesto de trabajo, es decir, el salario, identificado con la salvación de la empresa que se lo da.

Esto heredamos del siglo XX. Y merece la pena no olvidarlo, en lugar de divagar sobre innovaciones extraordinarias que harían imposible, es más, inútil, cualquier lucha contra el capital justo en el momento en que se debate en unas tremendas contradicciones internas.

* El movimiento estidiantil italiano organizado en torno a las protestas contra la ley Gelmini: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=75219

http://www.ilmanifesto.it/il-manifesto/ricerca-nel-manifesto/vedi/nocache/1/numero/20090308/pagina/20/pezzo/244202/?tx_manigiornale_pi1[showStringa]=rossana%2Brossanda&cHash=f0e78
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