5 de enero de 2010

No me arrepiento de nada

El diario El Pais, uno de los transmisores oficiales del "pensamiento adecuado" en España, publico ayer una entrevista a Ilich Ramirez, comunista venezolano comprometido con la lucha internacionalista, y que en los años 70 fue el hombre mas buscado del mundo por las agencias de inteligencia (o terroristas, segun se mire) de las grandes potencias capitalistas y que es conocido como Carlos "el chacal" (aunque el detesta ese apodo). La entrevista es titulada con una de las afirmaciones del protagonista: "no me arrepiento de nada".

Desde la carcel sigue defendiendo hoy sus actos y se enorgullece de todas las acciones que ejecuto en la lucha contra el imperialismo. Rehuye la calificación que le hacen de "terrorista", cuando los mismos que le acusan de ello matan miles de inocentes en cada una de sus habituales razzias en busca de mas recursos para saquear. Para el los "terroristas", en todo caso, son ellos.

Ilich Ramirez sigue considerandose comunista, y, como dice en una parte de su entrevista, "no se arrepiente de nada", y sigue fiel a los principios leninistas: "soy un comunista convencido y militante", afirma.

A pesar de haberse convertido al Islam, y aunque la opinion extendida por los medios de comunicacion transmita la imagen de un Islam uniforme y homogeno, el sigue siendo un revolucionario cuyo objetivo claro y contundente es la lucha de clases (que no es para nada contradictoria con ser musulman).

"Yo no digo que nunca haya pecado. Pero en la lucha militante revolucionaria, no", concluye defendiendo sin duda su participacion en la guerra contra el imperialismo.

Una entrevista que indignara a muchos, en una sociedad en la que los que se salgan de la definicion estricta (e interesada) que imponen los medios sobre lo que es "lo bueno" " lo correcto" o de "la guerra justa", no puede mas que ser mas acusado como "criminal", "delincuente" o "terrorista" (aunque los que comentan los crimenes mas salvajes sean los "buenos").

"Su padre, abogado burgués y comunista, lo llamó Ilich Ramírez Sánchez cuando nació en Venezuela hace 59 años. Su madre, católica y conservadora, prefirió bautizarle como Carlos. La policía, inspirándose en una novela de la época, le apodó El Chacal. Así pasó a la historia: Carlos El Chacal. En los años setenta se convirtió en el hombre más buscado del mundo, con más de 52 nombres diferentes repartidos en más de 100 pasaportes. Dejó tras de sí un rastro de 80 muertes, según el Ministerio del Interior francés.

Pasó parte de su adolescencia en Londres, donde simultaneó su adhesión al comunismo con las fiestas a todo trapo pagadas por millonarios jeques árabes. Estudió en la Universidad de la Unión Soviética. Ahí conoció a miembros de la resistencia palestina. Se unió a ellos. Combatió contra el Ejército jordano en el denominado Septiembre Negro. Tenía 21 años. De allí volvió de nuevo a las fiestas de Londres, convertido ya en jefe de terroristas. Se le atribuyen asesinatos a punta de pistola, bombazos en tiendas en el centro de París, en trenes, colocación de coches bomba... En 1975 secuestró, al mando de otros cinco terroristas, una reunión entera en Viena de la OPEP: tomó como rehenes a 60 personas, entre los que se contaban 11 ministros. Uno de éstos le definió como un tipo dotado de una inaudita capacidad mental para actuar bajo presión.

Se dice comunista desde 1964, profesa el islam, pero nunca fue ni espartano ni austero ni pobre: siempre gastó aires de dandi (incluso en la cárcel, donde va con un abrigo de cachemir). "Vestirse decentemente es una cuestión de origen de clase, compañero. No hay que renegar de los orígenes de cada uno", afirma.

Durante más de 20 años de incógnito saltó de país en país, de Yemen a Uganda, de Siria a Argelia, de la Libia de Gaddafi a la Rumania de Ceausescu, hasta que fue detenido una madrugada de agosto de 1994 mientras dormía en una urbanización a las afueras de Jartún (Sudán), vendido por las autoridades sudanesas al famoso superespía francés Philippe Rondot. Desde entonces languidece en una cárcel francesa, donde, dice, "abunda la mediocridad". Está condenado a cadena perpetua por asesinar a sangre fría en un apartamento de París, en agosto de 1974, de tres balazos, tras invitarles a beber, a dos inspectores de policía franceses y a un antiguo compañero terrorista libanés que, según Carlos, le había traicionado. Aceptó hablar con EL PAÍS por teléfono desde la cárcel.

Pregunta. ¿Por qué dice que hay mucha mediocridad en la cárcel?

Respuesta. Porque hay muchos analfabetos. La gente aquí no tiene intereses intelectuales, es difícil sentarse a comentar una noticia. El interés de muchos es simplemente fumar droga y cosas así.

P. ¿Y usted qué hace?

R. Trato de ayudar a mis abogados y sigo las noticias lo mejor que puedo, en los canales de televisión que me llegan. Uno de ellos es español, Telemadrid, que es mala, por cierto: allí vi el otro día a Fernando Silva Sande [ex jefe de los GRAPO], el chivato ese, y me dio tristeza. Y también leo.

P. ¿Es consciente de que puede morir en la cárcel?

R. La condena perpetua no quiere decir nada. Es un problema político.

P. ¿Han cambiado sus ideas políticas?

R. ¡Ah, caballero! Yo a los 14 años, en enero de 1964, entré en las Juventudes Comunistas de Venezuela. Y hasta el día de hoy no he cambiado un pelo. Sigo siendo comunista. No soy un tipo dogmático, he estudiado, he conocido a gente importante en la dirección de países comunistas. Sigo fiel a los principios inmanentes leninistas: soy un comunista convencido y militante.

P. ¿Y sigue defendiendo la utilización de las armas?

R. Según la coyuntura. En situaciones determinadas. Como en Colombia, estos días. O en Afganistán: eso es legítimo.

P. Yo hablaba de terrorismo.

R. ¿Qué pasa con el terrorismo? Yo siempre he estado contra el terrorismo. Cuando se bombardea en Afganistán, eso es terrorismo.

P. Yo me refería a usted: ha sido considerado el terrorista más buscado del mundo.

R. Le voy a decir una cuestión: yo fui condenado por asesinato culposo, no premeditado. No por terrorista. O sea, acusarme de terrorismo es una patraña, como llamarme El Chacal.

P. ¿Qué quiere decir?

R. La policía inglesa encontró esa novela de Frederic Forsyth encima de la chimenea de la casa de una muchacha que decían que era amiga mía y que tenía pistolas y cosas así. Yo tengo el récord de operaciones ejecutadas por la resistencia palestina. No digo dirigidas o planificadas: ejecutadas. En persona. Nadie ejecutó más operaciones que yo. Y estoy orgulloso de ello. Y se me trata como a un chacal.

P. ¿Cuántas son?

R. Yo qué sé: cantidad, chico.

P. Esas operaciones, como las llama usted, acarreaban sangre y víctimas.

R. Sí, cómo no. Pero pocas, pocas víctimas inocentes: el 10% de las bajas. El 10% no es nada, mi hermano. Yasir Arafat habló en la ONU y fue con una rama de olivo en una mano y un fusil en la otra. Yo no tengo nada que añadir a eso.

P. ¿Cuándo una persona decide matar a otra por una idea que considera justa?

R. ¿Cómo justa? ¿Y cuántas personas han matado los españoles en Irak? ¿Cuántos afganos mueren diariamente? ¿Cuántos? ¿Eso no le molesta? Luchar contra eso es glorioso y heroico.

P. ¿Usted no se arrepiente de nada?

R. El arrepentimiento es un concepto religioso. Yo no digo que nunca haya pecado. Pero en la lucha militante revolucionaria, no. Uno es mujeriego, le gusta beber caña, ron, buen vino, y ahora que soy musulmán, no debería hacerlo: de hecho, no lo hago porque estoy preso.

P. ¿Cómo empezó todo? ¿Con el ejemplo de su padre?

R. En Venezuela, yo era el responsable de la juventud comunista con 200 militantes bajo mis órdenes. Mi padre no estaba de acuerdo con la violencia, era abogado, veía la toma del poder de otra manera.

P. ¿Cuándo decidió usted tomar las armas?

R. Uno no decide, mi hermano, son las circunstancias las que deciden. En ese momento, uno se echa para atrás o sigue para adelante. Esos que se sientan en un café y deciden hacer esto o lo otro no tienen porvenir. Las circunstancias históricas son las que deciden.

P. ¿Pero cuál fue ese momento para usted?

R. En 1971, después de los combates del Septiembre Negro contra el Ejército jordano, un general me dijo: "Chico, te necesitamos en el extranjero". Yo ya me había batido con los soldados jordanos, que, óyeme, eran unos tipos valientes, buenos combatientes, con cojones, que creían en su rey, Hussein, que era un tipo no como esos reyecitos de zarzuela, era un rey de armas tomar, no era ningún pendejo. Así que me dijeron que me fuera a Londres y así comenzaron las cuestiones internacionales.

P. ¿Y después?

R. Viajé mucho. Pero eso no era nada nuevo para mí. Conocí prácticamente todos los países comunistas.

P. ¿Qué pensaba cuando leía que era el terrorista más buscado del mundo?

R. Pues a veces me daba la risa. Porque sabía que tenían buenas fotos de mí y ponían fotos chuecas.

P. ¿Nunca dudó al ver que había víctimas inocentes?

R. Cuando hay operaciones con explosiones, bombas, fuego, ese tipo de cosas, a veces hay gente que no tiene nada que ver y pasa por ahí, ya lo dije, es un 10%.

P. En una entrevista en el periódico Al Watan en 1979, usted reconocía un conjunto de atentados...

R. Esa entrevista se hizo de buena fe, pero fue manipulada, llena de errores.

P. No los asume entonces...

R. Mire, hermano, le voy a decir una cuestión: el 90% de las cosas de las que soy responsable ejecutivo no las mencionan nunca.

P. ¿Por qué?

R. Tendrán sus razones. Todo se sabrá en su momento. Cuando publique mis memorias. Todavía es temprano. Las escribí en noviembre de 1992, en Ammán, e hice dos copias dactilografiadas que envié a dos personas que no se conocen. Aún no es el momento. Yo no me voy a meter a sapo, que es como en Venezuela llamamos a los chivatos ahora. Hay jefes de Estado que están implicados, hasta en Francia.

P. ¿En qué participó?

R. Hombre, no voy a hacer de chivato contra mí mismo. Si estuviéramos tomando un café o una guaraquita al borde de la piscina, en Caracas, podríamos hablar de una manera más libre, indudablemente. Pero en estas condiciones, puede comprender...

P. Le acusan de trabajar después de vulgar mercenario, sobre todo en Rumania, con Ceausescu.

R. Yo le tenía cariño y respeto a Ceausescu. Era un poco iluminado, un tipo de la montaña, que venía de una familia muy pobre. Gran patriota, muy solidario. Nos recibió de una manera muy calurosa. Estábamos allí con todos los honores: vivienda, medios para viajar, pero no recibimos ni un centavo de esa gente. Se lo digo: todos los atentados contra exiliados rumanos fueron hechos por la policía, estando todavía vivo Ceausescu. Porque, puestos a ser mercenarios, qué coño trabajar para Rumania, ¡habríamos trabajado para EE UU! ¿Tú crees que yo podía decirles a mis compañeros: "Oye, vamos a matar al profesor tal o al periodista cual" porque nos lo manda Ceausescu? Me habrían escupido en la cara. Nosotros no pedíamos dinero: lo exigíamos. Los Estados pagaban en millones de dólares, y yo estoy orgulloso de haber desempeñado en esa cuestión un papel fundamental. Y no solamente a estados "amigos", entre comillas, sino a estados enemigos: y pagaban. Los franceses nos pagaron cinco millones de dólares, sí, estando yo en Argel, en el año 1976, por un avión de Air France que nos llevamos hasta Entebe, el aeropuerto de Uganda. Todo el mundo paga, hermano.

P. ¿Cómo se hace para secuestrar un avión?

R. Yo nunca he secuestrado personalmente aviones. Soy inocente, mi hermano. En todo caso, no es una cuestión técnica.

P. ¿Cómo le arrestaron?

R. Una noche, después de hacerme una operación en la ingle, en una urbanización cercana al Nilo Azul, a las dos de la madrugada, entró un teniente de la guardia sudanesa histérico acompañado de un grupo de guardias armados llorando. Uno de ellos dijo: "Tenemos órdenes, comandante". No sabían ni cómo maniatarme con esas tiras de plástico que les habían dado los franceses. Se lo expliqué yo. Aun así, hicieron una vaina mal hecha. Me pusieron una capucha y me llevaron al aeropuerto. Allí estaba Rondot.

P. ¿Cómo lo localizó Rondot?

R. A mí no me localizó Rondot. La seguridad sudanesa informó a la CIA. Los tipos de la CIA nos hicieron muchas fotos varias veces. No les echamos plomo porque estábamos en un país amigo. Los saudíes pagaron con sus petrodólares al Gobierno de Jartún.

P. ¿Qué piensa de Bin Laden?

R. Hay muchos hijos de estos árabes que son de lo más corruptos: herederos, ricos que no viven sino en la sinvergonzonería y la droga. Y este muchacho, un hijo de un árabe rico, es un idealista, hizo la yihad. Respeto para esa gente.

P. Ideó e inspiró el 11 de Septiembre y el 11 de Marzo...

R. Son dos cosas distintas.

P. Son dos atentados

R. No mezcle las cosas. A mí lo del 11-M me dio tristeza.

P. ¿Y el 11-S no?

R. En el 11-S yo me caí en el culo, como el que dice.

P. ¿Cómo?

R. Un día prendí la televisión y vi la vaina de la torre, y de pronto el otro avión y la otra torre, y me senté en la cama de la celda y dije Alahu-akbar, fue un golpe extraordinario contra el imperialismo.

P. Esas torres estaban llenas de personas inocentes...

R. ¡Una fracción de las personas que han asesinado los americanos en Medio Oriente!

P. Eso mismo pensaban los que atentaron en los trenes de Madrid.

R. Hay una diferencia: la gente que iba en los trenes no tenía nada que ver con la agresión de los ejércitos. Hay otros sitios donde se podían hacer atentados y eliminar a cierta clase aristocrática, burguesa, sin matar a tanta gente inocente que circulaba por ahí, incluidos varios musulmanes. Me da la sensación de que les faltaba experiencia...

P. En el juicio en París dijo: "Hasta el criminal más abominable puede reconvertirse. Salvo el caso extremo del monstruo, todo el mundo puede corregirse".

R. ¿Yo dije eso?

P. Sí. ¿Se refería a usted mismo?

R. No; yo no soy un monstruo. Yo soy muy humano".


http://www.elpais.com/articulo/reportajes/arrepiento/nada/elpepusocdmg/20100103elpdmgrep_9/Tes

3 comentarios:

Dizdira Zalakain dijo...

Ni siquiera la ramplonería maliciosa del periodista, que en realidad ejercía de fiscal, ha logrado ensombrecer la entrevista. Fantástico personaje con sus claroscuros.
Me mosquea que asuma la versión oficial sobre Bin Laden y el 11-S. Son un personaje y un acontecimiento que parece imposible que no estén conectados con los servicios de inteligencia norteamericanos. Quizá forme parte de las cosas que sabe y que no cuenta. O quizá los años en la cárcel le hayan impedido poseer la información privilegiada de la que gozaba en su época activa.
Saludos.

Jose Luis Forneo dijo...

Ni siquiera, como dices, la tendenciosidad del periodista pudo con la firmeza y coherencia de Ilich. Lo que dice sobre Al Qaeda a mi tambien me sorprende, pero como tambien dices, puede que en la carcel no tenga acceso a la informacion y a las evidencias a las que se puede acceder facilmente hoy.

jozko dijo...

Si, la verdad es que los periodistas de El País consiguen con cada noticia que mi imagen del periodismo sea cada día peor (y eso que yo pensaba que había tocado fondo). El típico personaje de la escuela El País, nulo espíritu periodístico (el que se supone), ingnorancia sobre el tema del que habla, y preguntas que lo primero que demuestran es la soberana estupidez del que las hace...lamentable. Sinceramente, el entrevistado parece una persona inteligente y educada y el entrevistador un zoquete ignorante... qué fuerte. Gracias por el artículo, muy interesante (por cierto, Ilich también pasó por aquí, por Hungría, si no recuerdo mal el que lo recibió fue Eduardo Rózsa Flores, cuando todavía era comunista - ese que murió hace unos meses intentando organizar un levantamiento contra Morales)

Un saludo!

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